Un mes misionero diferente

El despertar de nuestra conciencia misionera debe de ser diario

Caemos otra vez en la cuenta que llega el mes de octubre, el mes llamado “de las misiones” y otra vez nos llegan las frases “hay que rezar por las misiones” “recuerden a los que no conocen a Cristo” nos llegan a la mente “los negritos” del África… Sí, seguro son las primeras imágenes o ideas.

Mensaje del DOMUND 2020

¡Cuánto nos sentimos asombrados por aquellos que no tienen una escuela, una capilla, un sacerdote cerca que les pueda llevar los sacramentos! ¡Y por aquellos que admiramos porque fueron capaces y valientes de dejar su casa, su familia, costumbres, por compartir la fe con los demás que viven tan lejos y en condiciones tan difíciles!

Sí, comienza el mes de las misiones, que nos debe hacer pensar, UNA VEZ MÁS en lo que deberíamos pensar y agradecer todos los días, o más frecuentemente. Este año la pandemia del covid-19 nos ha dejado sin misas, catequesis, reuniones, encuentros, celebraciones… y también con muchos cuidados, con atención a los más vulnerables, miedos y preocupaciones, con… con…

Al inicio, en febrero, me encontraba en Italia cuando el covid llegó allá y se empezaron a cerrar iglesias. Una amiga me decía: “estoy triste porque en el norte italiano la gente no tiene la misa.” Llevaban apenas dos semanas así. Yo le expresé que entendía sus sentimientos, pero a la vez la hice pensar: “¡Ahora imagina cuántos no tienen esa misa en todo un año, o más! ¡Cuántos no la tendrán por las redes sociales porque no tienen los medios mínimos para que eso sea posible!” Para todos ellos, faltos de misa, de sacramentos, de medios para sintonizar, también palpitó el Corazón de Cristo, diría nuestro fundador (EDC 4291) Para ellos nos disponemos también nosotros, un mes más, a tener un corazón más abierto, más para el mundo, más misionero. Y nos proponemos que no sea un mensaje que nos dure solo 31 días.

Este despertar nuestra consciencia misionera debe ser diario. Por eso, como bautizados, comunicamos el regalo de la fe. ¿Quién la merece, por sus propias obras? Ninguno de nosotros. Todo es gracia. Entonces, que la gracia de conocer a Cristo nos impulse a vivirlo, en nuestro ambiente, casa, trabajo, con aquellos que estudio… y que nos vivifique, para compartir la experiencia de ser cristianos, de ser discípulos y misioneros.

P. Juan Diego Calderón, Superior Provincial

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *