El espíritu del evangelizador

Por el P. Damián Bruyel

Misionero Comboniano

Madre Teresa evangelizó más con el amor que con la palabra

Comienzo este tema con un texto de un gran predicador del siglo IV, san Juan Crisóstomo: «Nada puede hacerte tan imitador de Cristo como la preocupación por los demás. Aunque ayunes, aunque duermas en el suelo, aunque, por decir así, te mates, si no te preocupas del prójimo, poca cosa hiciste, aún distas mucho de su Imagen»

Texto bíblico

«Los Once discípulos partieron para Galilea, al monte que Jesús Jes había indicado. Cuando vieron a Jesús, se postraron ante Él, aunque algunos todavía dudaban. Jesús se acercó y les habló así: “Me ha sido dada toda autoridad en el Cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia» (Mateo 28,16-20).

En este texto Jesús utiliza dos verbos que son fundamen­tales para poder entender el mensaje del Evangelio: «Vayan» y «enséñenles». Primero hay que salir, ponerse en camino, ir… Luego:      enseñar, predicar, anunciar el Evangelio. El

evangelizador vendría a ser, pues, un misionero (enviado de Dios) que catequiza (enseña la Palabra de Dios).

Misionero catequista

Al papa Francisco le gusta mucho utilizar la expresión «discípulo misionero», aunque en realidad no es suya, sino del documento de la «Aparecida» (V Conferencia General del CELAM, Brasil 2007). Discípulo es todo aquel que sigue las enseñanzas de un maestro. «Discípulo misionero» es todo aquel que, siguiendo las enseñanzas de su Maestro, Jesús (en eso consiste el discipulado), se siente enviado por Él al mundo y anuncia el Evangelio a todos, especialmente a los que no le conocen.

Mientras que «misionero catequista» es todo aquel que, sintiéndose ya misionero por vocación (la que le viene por el hecho de ser bautizado), enseña la Palabra de Dios. El profeta, el sacerdote, el predicador, el profesor de religión, el apóstol, el misionero, etc., son todos catequistas por vocación. «Misionero», «evangelizador» y «catequista» vienen a ser lo mismo. Utilizo las tres palabras como sinónimas, aunque entre ellas existan algunas pequeñas diferencias.

 Destacando algunos puntos: (Esquema)

Sobre los evangelizadores, su espíritu, etc. se pueden decir muchas cosas. Yo voy a tratar de sintetizar en pocas palabras algunas ideas que pueden ayudar a los predicadores a discernir sobre su ministerio misionero, ya sea el clerical como el laical.

La base del evangelizador: la Biblia

  • Hay que conocerla, b) vivirla, c) proclamarla.
  • Sin la Biblia no podemos levantar el edificio de la fe.
  • El alimento del evangelizador: la Eucaristía
  • Si la Biblia es la base y altar donde descansa la Eucaristía,
  • La Eucaristía es el alimento del misionero, su sangre, su corazón, su cerebro, sus pulmones.

Las armas del evangelizador: la cruz y el rosario

  • El centro de la evangelización es siempre el Misterio Pascual: Muerte y Resurrección del Señor.
  • Llevamos en nuestras carnes este Misterio y lo anunciamos.
  • María es la Estrella de la evangelización, siempre está al lado de Jesús.
  • Resumámoslo todo en dos palabras: cruz y rosario

El espíritu que mueve al evangelizador: la humildad y la oración

  • La obra es de Dios, nosotros somos sus instrumentos.
  • Solo en la oración descubrimos nuestra pobreza.
  • Somos como el burro que condujo al Señor a Jerusalén; los aplausos y las flores no son para el burro… Humildad.

La sal que da gusto a la comida

  • Es el amor, que todo lo envuelve.
  • Un buen carácter, afabilidad, alegría, paciencia, manse­dumbre, comprensión. (frutos del Espíritu, Gálatas 5, 22­-23), atraen más gente a Dios.

La olla de los ingredientes: la Iglesia

  • No se hace una comida en un vaso o en un plato, sino en una olla.
  • Solo en la barca de Pedro (la olla) dirige Cristo su mensaje de salvación a la humanidad.
  • Fidelidad, pues, y obediencia al Magisterio de la Iglesia.
  • Sentirse orgulloso de ser católico.

El fuego que hace todo nuevo: el Espíritu Santo

  • El fuego es luz, calor. Es Amor.
  • Con el Espíritu Santo el misionero se siente fortalecido.
  • Este fuego calienta todo cuanto contiene la olla.

Las siete notas de un buen evangelizador

  • Servidores: no dueños. No buscar ser el centro.
  • Tolerantes: no intransigentes. Se consigue más con amor.
  • Humildes: no prepotentes. A los soberbios Dios…
  • Alegres: no amargados. Sonría, por favor, sonría.
  • Santos y capaces: santidad de vida y buena preparación.
  • Responsables y fieles: ser los primeros en cumplir.
  • Hombres y mujeres de Dios: ahí está el secreto.

* * *

Quise comenzar esta reflexión con el pequeño testimonio de san Juan Crisóstomo para no dar la impresión de que ponemos siempre la evangelización en la cumbre de nuestras actividades misioneras, cuando todos sabemos que la caridad es la que está por encima. La evangelización supone siempre en todo discípulo misionero dos actividades bien claras, que van siempre unidas de la mano: la misión y la promoción humana. No se entiende la una sin la otra. Aclarado esto, luego me he centrado en la urgente evangelización a través de la palabra y el ejemplo (testimonio).

Se evangeliza más con el ejemplo que con la palabra

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