{"id":2466,"date":"2019-10-09T08:16:30","date_gmt":"2019-10-09T14:16:30","guid":{"rendered":"http:\/\/combonipca.org\/?p=2466"},"modified":"2020-07-09T11:41:44","modified_gmt":"2020-07-09T17:41:44","slug":"padre-nuestro","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/combonipca.org\/?p=2466","title":{"rendered":"Padre Nuestro"},"content":{"rendered":"<h4><strong>Mi\u00e9rcoles 9 de octubre, 27<sup>a<\/sup>\u00a0Semana del Tiempo Ordinario<\/strong><\/h4>\n<p><em>Fiesta o memoria de san Dionisio, obispo, y compa\u00f1eros, m\u00e1rtires o memoria de san Juan Leonardi, presb\u00edtero.<\/em><\/p>\n<p><em>Lecturas del d\u00eda: <\/em><em>Jon 4,1-11 \/ <\/em><em>Sal 86,3-6.9-1 \/ <\/em><em>Lc 11, 1-4<\/em><\/p>\n<p>El Padre Nuestro es m\u00e1s que una oraci\u00f3n; es, como dec\u00eda Tertuliano, \u00abel compendio de todo el Evangelio\u00bb, porque en \u00e9l encontramos los principios fundamentales, as\u00ed como las esperanzas m\u00e1s profundas y las exigencias m\u00e1s determinantes de los disc\u00edpulos de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>El Evangelio de Lucas presenta, en primer lugar, el don de llamar Padre al Dios de Jesucristo. Considerar a Dios como a un Padre no es nada de extra\u00f1o en el Antiguo Testamento (cf Dt 32,6; Mal 2,10; Jer 3,19; 31,9; Sal 103,13); pero dirigirse a \u00e9l, como hace Jes\u00fas, con la particular ternura e intimidad de un ni\u00f1o que exclama: \u00a1Padre!, es ins\u00f3lito. El Se\u00f1or, llama a Dios <em>Abb\u00e1<\/em> con raz\u00f3n, porque \u00e9l es el Hijo del eterno Padre. Por la fe, Jes\u00fas concede a sus disc\u00edpulos, mientras les ense\u00f1a c\u00f3mo orar, la capacidad de dirigirse a Dios como a un Padre eternamente misericordioso e infinitamente amoroso. Les concede entrar en su comuni\u00f3n filial. En el tercer Evangelio el Padre Nuestro es el punto de llegada de la pregunta que un doctor de la ley hace a Jes\u00fas sobre lo que se debe hacer para heredar la vida eterna (cf Lc 10,25ss): es determinante la disponibilidad de la escucha, as\u00ed como el tratamiento misericordioso hacia todos, sin excepciones. La misi\u00f3n de Jes\u00fas en la fe y en la oraci\u00f3n nos abre a la paternidad de Dios, fundamento de nuestra fraternidad de hijos.<\/p>\n<div id=\"attachment_2467\" style=\"width: 251px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/combonipca.org\/wp-content\/uploads\/2019\/10\/Padre-Nuestro.jpg\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-2467\" decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"wp-image-2467 size-medium\" src=\"http:\/\/combonipca.org\/wp-content\/uploads\/2019\/10\/Padre-Nuestro-241x300.jpg\" alt=\"\" width=\"241\" height=\"300\" srcset=\"http:\/\/combonipca.org\/wp-content\/uploads\/2019\/10\/Padre-Nuestro-241x300.jpg 241w, http:\/\/combonipca.org\/wp-content\/uploads\/2019\/10\/Padre-Nuestro-121x150.jpg 121w, http:\/\/combonipca.org\/wp-content\/uploads\/2019\/10\/Padre-Nuestro.jpg 320w\" sizes=\"(max-width: 241px) 100vw, 241px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-2467\" class=\"wp-caption-text\">Oremos como nos ense\u00f1\u00f3 Jes\u00fas a nuestro Padre del cielo.<\/p><\/div>\n<p>Una de las m\u00e1s profundas esperanzas evidenciadas en el Padre Nuestro es la santificaci\u00f3n del nombre de Dios. Es verdad que el nombre de Dios ya es santo de por s\u00ed (cf Lev 11,44; 19,2; Sal 33,21); sin embargo, el auspicio de la santificaci\u00f3n del nombre de Dios determina el empe\u00f1o de vivir como el pueblo de su pertenencia: \u00abGuardad mis mandamientos poni\u00e9ndolos por obra. [\u2026] No profan\u00e9is mi santo nombre, para que yo sea santificado entre los hijos de Israel\u00bb (Lev 22,31-32). De acuerdo con la tradici\u00f3n del Antiguo Testamento en la que se basa el Padre Nuestro, el mejor modo para que el nombre de Dios sea santificado es precisamente que aquellos que dicen ser el pueblo de Dios vivan seg\u00fan su voluntad.<\/p>\n<p>El segundo elemento de esperanza que contiene el Padre Nuestro es la venida del Reino. Jes\u00fas tiene la convicci\u00f3n de que el Reino de su Padre est\u00e1 presente y operante en la historia; anuncia que Dios entra en la historia del hombre para comenzar un tiempo nuevo, en el que nadie se sentir\u00e1 solo, en el que se podr\u00e1 construir un mundo m\u00e1s justo, una sociedad pac\u00edfica y fraterna donde sea respetada la dignidad de cada persona. Cuando decimos \u00abvenga tu Reino\u00bb, expresamos la esperanza de que la voluntad de Dios se realice entre nosotros, como gracia, y al mismo tiempo como tarea permanente de la libertad y de la responsabilidad humanas.<\/p>\n<p>La primera necesidad implorada, presentada en el Padre Nuestro en la versi\u00f3n de Lucas, se expresa con estas palabras: \u00abDanos cada d\u00eda nuestro pan cotidiano\u00bb (Lc 11,3). La petici\u00f3n puede tener dos connotaciones. Por una parte, frente al peligro de perder asombro y gratitud, el Padre Nuestro nos recuerda la necesidad de pedir a Dios el alimento de cada d\u00eda. Por otra parte, no se implora el \u00abm\u00edo\u00bb, sino \u00abnuestro\u00bb pan, probablemente para subrayar la necesidad de compartirlo caritativamente con los dem\u00e1s: la verdadera vida es fruto de la comuni\u00f3n y del compartir.<\/p>\n<p>La segunda petici\u00f3n es el perd\u00f3n. Lucas presupone que para pedir perd\u00f3n es necesario reconocer honestamente que todos, sin excepciones, nos equivocamos y necesitamos de la divina misericordia (cf Lc 5,8; 6,39-42). Partiendo de este presupuesto, el tercer evangelista introduce la convicci\u00f3n de que la eficacia del perd\u00f3n de Dios nos conduce a perdonar a los dem\u00e1s (cf Mt 6,14-15). El perd\u00f3n de Dios siempre se nos da, se nos ofrece gratuitamente. Su eficacia en cada uno de nosotros depende de nuestra disponibilidad a dejarlo actuar en nuestra vida, en nuestras relaciones y en nuestros afectos.<\/p>\n<p>Finalmente, el Padre Nuestro introduce la petici\u00f3n: \u00aby no nos dejes caer en tentaci\u00f3n\u00bb (Lc 11,4; cf Jn 17,15). Primero ha sido reconocida la culpa; ahora nuestro Padre nos ayuda a crecer en el reconocimiento de nuestra fragilidad, de nuestra debilidad. No pedimos a Dios que nos aparte de las tentaciones, sino que nos ayude a superarlas.<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n es siempre la experiencia de una relaci\u00f3n con Dios, del encuentro con Jesucristo en el Esp\u00edritu Santo. El Padre Nuestro, como compendio del Evangelio, nos ofrece los criterios fundamentales para este encuentro y la misi\u00f3n que fluye de ella. La gracia de dirigirnos a Dios como Padre nos predispone para vivir como hermanos. El empe\u00f1o de santificar el nombre de Dios nos compromete, con su gracia, en la construcci\u00f3n de su Reino. La bendici\u00f3n del perd\u00f3n que nos ofrece el Dios de Jesucristo nos hace conocedores de la gran necesidad de suscitar y acompa\u00f1ar aut\u00e9nticos procesos de reconciliaci\u00f3n, que lleven no solo a la experiencia del perd\u00f3n, sino tambi\u00e9n, gradualmente, a la erradicaci\u00f3n de los pecados.<\/p>\n<p>La paternidad de Dios, plenamente revelada en Jesucristo (cf Jn 12,45; 14,9), hace de la comunidad de los disc\u00edpulos misioneros una verdadera familia, a cuya mesa de la palabra y de la Eucarist\u00eda todos son invitados y atra\u00eddos. En este movimiento de ida y de vuelta al Padre, Jes\u00fas introduce nuestra misi\u00f3n en su misi\u00f3n, la misi\u00f3n de su Iglesia para la salvaci\u00f3n del mundo (cf Jn 8). Si Dios es el origen de toda paternidad (cf Ef 3,14-21), en la Iglesia de su Hijo el Esp\u00edritu del resucitado regenera a todos como hijos e hijas del mismo Padre gracias al bautismo. El reino de Dios, cumplido por Jes\u00fas en su Pascua, encuentra en su Iglesia, todav\u00eda peregrina, su inicio y germen aqu\u00ed en la tierra, en calidad de sacramento universal de salvaci\u00f3n ofrecido por Dios Padre a todos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mi\u00e9rcoles 9 de octubre, 27a\u00a0Semana del Tiempo Ordinario Fiesta o memoria de san Dionisio, obispo, y compa\u00f1eros, m\u00e1rtires o memoria de san Juan Leonardi, presb\u00edtero. 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