{"id":2515,"date":"2019-10-12T15:30:41","date_gmt":"2019-10-12T21:30:41","guid":{"rendered":"http:\/\/combonipca.org\/?p=2515"},"modified":"2019-10-14T13:56:38","modified_gmt":"2019-10-14T19:56:38","slug":"la-sanacion-y-salvacion-es-para-todos","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/combonipca.org\/?p=2515","title":{"rendered":"La sanaci\u00f3n y salvaci\u00f3n es para todos"},"content":{"rendered":"<p><strong>Reflexi\u00f3n Dominical<\/strong><\/p>\n<p><strong>XXVIII Tiempo Ordinario<\/strong><\/p>\n<p><strong>Ciclo C, Evangelio seg\u00fan san Lucas 17, 11-19<\/strong><\/p>\n<p><strong>Domingo 13 de octubre, 2019<\/strong><\/p>\n<p>Al tiempo de Jes\u00fas hab\u00edan cuatro categor\u00edas de personas equiparadas a un muerto: el pobre, el leproso, el ciego y aquel que no tiene hijos. Todas las enfermedades eran consideradas un castigo por los pecados, pero la lepra era el s\u00edmbolo mismo del pecado. Los leprosos se sent\u00edan rechazados por todos: por Dios y por los hombres.<\/p>\n<div id=\"attachment_2516\" style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/combonipca.org\/wp-content\/uploads\/2019\/10\/Diez-leprosos-666x320.jpg\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-2516\" decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"wp-image-2516 size-medium\" src=\"http:\/\/combonipca.org\/wp-content\/uploads\/2019\/10\/Diez-leprosos-666x320-300x144.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"144\" srcset=\"http:\/\/combonipca.org\/wp-content\/uploads\/2019\/10\/Diez-leprosos-666x320-300x144.jpg 300w, http:\/\/combonipca.org\/wp-content\/uploads\/2019\/10\/Diez-leprosos-666x320-150x72.jpg 150w, http:\/\/combonipca.org\/wp-content\/uploads\/2019\/10\/Diez-leprosos-666x320.jpg 666w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-2516\" class=\"wp-caption-text\">Debemos seguir al Se\u00f1or con fe y ser perseverantes.<\/p><\/div>\n<p>El gran mensaje de la Palabra de hoy es un mensaje de gozo grande: los impuros, los her\u00e9ticos (el Samaritano), los extranjeros y paganos (Naam\u00e1n), los marginados, no s\u00f3lo no son alejados por Dios, sino llegan a Dios y a Cristo antes y de manera m\u00e1s aut\u00e9ntica que los dem\u00e1s. La invocaci\u00f3n de los diez leprosos: \u201c\u00a1Jes\u00fas, ten compasi\u00f3n de nosotros!\u201d conmueve el coraz\u00f3n de Jes\u00fas que acepta de encontrarlos y que poniendo a prueba su fe, los sana en el camino.<\/p>\n<p>Los leprosos no son solamente enfermos en el cuerpo, sino obligados a separarse de la comunidad de los vivos (Lev 13,45 ss.). El leproso es un contaminado que contamina. Por eso \u201cse pararon a distancia\u201d. El leproso es uno que est\u00e1 muerto f\u00edsicamente, civil y religiosamente. Es uno que vive visiblemente la muerte. Su drama es el aislamiento: ya no pueden ni acariciar a sus hijos. S\u00f3lo Jes\u00fas, que acept\u00f3 ser contagiado por nuestra lepra, puede curarnos de nuestras llagas (Is 53,5).<\/p>\n<p>Los leprosos no son que ojos y gritos: en Lucas s\u00f3lo el ciego (Lc 18,38) y el malhechor en la cruz (Lc 23,42) pronuncian el santo nombre de \u201cJes\u00fas\u201d, Dios salva. Los leprosos son los primeros en llamar a Dios por su nombre. Llamar a alguien por su nombre significa tener una relaci\u00f3n de amistad. El precio de la compasi\u00f3n de Jes\u00fas es s\u00f3lo la invocaci\u00f3n sincera de su nombre (He 4,12).<\/p>\n<p>Los leprosos son diez, numero simb\u00f3lico que indica la totalidad, todo el pueblo, toda la humanidad que se ha alejado de Dios. Todos &#8211; quiere decirnos Lucas \u2013 somos leprosos y necesitamos encontrar a Jes\u00fas. Nadie es puro, todos llevamos se\u00f1ales de muerte que s\u00f3lo la palabra de Jes\u00fas puede sanar. Otro detalle interesante es que la lepra une a jud\u00edos y a samaritanos, personas que, cuando est\u00e1n en buena salud, se desprecian y odian rec\u00edprocamente, y luchan unos contra otros. La com\u00fan desgracia y el com\u00fan dolor los han rendido amigos y solidarios.<\/p>\n<p>Es lo que ocurre en el campo espiritual: si alguien piensa ser justo y perfecto, inevitablemente levanta barreras para protegerse de los \u201cleprosos\u201d. Al contrario, aquel que se siente \u00e9l mismo un leproso, no se siente superior, no juzga, no aleja, no desprecia, es solidario en el bien y en el mal con los hermanos. Como Jes\u00fas que no teme de ser considerado un pecador, pues no es un fariseo que se aleja de quien es impuro: \u00e9l ha escogido compartir la condici\u00f3n de los marginados y de los desechados.<\/p>\n<p>Y los diez leprosos van juntos a la b\u00fasqueda de Jes\u00fas. Su invocaci\u00f3n es comunitaria: \u201cJes\u00fas ten compasi\u00f3n de nosotros\u201d. La salvaci\u00f3n puede ser alcanzada s\u00f3lo en compa\u00f1\u00eda de los hermanos. Como Mois\u00e9s que, frente a la c\u00f3lera de Dios que quiere exterminar el pueblo de Israel, le dice: si no quieres perdonar su pecado, b\u00f3rrame a m\u00ed tambi\u00e9n del libro de la vida (Ex 32,32).<\/p>\n<p>\u201cAl verlos&#8230;\u201d, es decir de inmediato, sin esperar un segundo m\u00e1s &#8211; porque ya han sufrido desde demasiado tiempo &#8211; \u201cJes\u00fas les dijo: id a presentaros a los sacerdotes\u201d, para que os readmitan a la vida plena, religiosa y civil. Los leprosos no quedan sanos de inmediato. En cambio, reciben la orden de hacer el viaje a Jerusal\u00e9n, que les est\u00e1 prohibido, como si ya fueran sanados. Obedeciendo a su palabra, \u201cmientras iban, quedaron limpios\u201d.<\/p>\n<p>Estos leprosos somos todos nosotros, llamados a seguir a Jes\u00fas: la salvaci\u00f3n no es la condici\u00f3n, sino consecuencia del seguimiento. Por eso nosotros, pecadores y perdidos, podemos recorrer el camino de Jes\u00fas. Esta es la fe que justifica y da esperanza contra toda esperanza (Rom 4,18). Nuestra sanaci\u00f3n tambi\u00e9n ser\u00e1 progresiva, no fruto de una magia. Seguir el camino de nuestra vida con Jes\u00fas, con paciencia, serenidad, optimismo, guiados en cada paso por su palabra. En el camino, para aquel que tiene fe, ocurrir\u00e1 el prodigio de ver como Naam\u00e1n, gradualmente, \u201csu piel volverse como la de un muchacho\u201d.<\/p>\n<p>Los leprosos van, confiando en la palabra de Jes\u00fas, y todos son sanados en el camino. Pero uno desobedece, no va a presentarse a los sacerdotes, escucha su coraz\u00f3n y vuelve a Jes\u00fas. Y es al samaritano que es reservada la palabra de Jes\u00fas: \u201cTu fe te ha salvado\u201d. Los nueve que no vuelven son sanados pero no salvados. Su vida no es transformada en algo nuevo. La salvaci\u00f3n es encontrar al que nos ha curado. La sed no se placa con un vaso de agua, es necesario encontrar la fuente. Solamente la relaci\u00f3n con \u00e9l nos salva: sus dones son simples medios para ponernos en comunicaci\u00f3n con \u00e9l.<\/p>\n<p>Estupendo ese samaritano que vuelve a Jes\u00fas: vuelve alabando a Dios, grita su gozo, se echa a los pies de Jes\u00fas d\u00e1ndole gracias. Por \u00e9l no es un deber, es una necesidad. Es el encuentro que salva. El verdadero milagro es la relaci\u00f3n. Como escribe Pablo a los Colosenses: \u201cSean agradecidos\u201d (Col 3,15). Da gracias s\u00f3lo aquel que se siente bendecido, amado, beneficiado, quien siente la vida como un tejido de dones. \u201cUna fe que no genera en los creyentes alegr\u00eda y agradecimiento es una fe enferma\u201d (Pagola 2019).<\/p>\n<p>El Samaritano (un extranjero!) es salvado porque da gloria a Dios, reconoce que la salvaci\u00f3n de Dios llega a los hombres por medio de Jes\u00fas, reconoce en Jes\u00fas el Mes\u00edas de Dios y quiere proclamar delante de todos su gratitud y descubrimiento.<\/p>\n<p>Como Naam\u00e1n, que es sanado no solamente en su cuerpo, sino tambi\u00e9n en su coraz\u00f3n. Y quiere llevarse un poco de tierra del lugar de su salvaci\u00f3n como sacramento para entrar en comuni\u00f3n con el Se\u00f1or, porque desde ahora en adelante \u201cno quiere ofrecer holocaustos ni sacrificios a otros dioses fuera del Se\u00f1or\u201d. Ha encontrado a Dios, no s\u00f3lo la sanaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Estamos en el mes misionero. Como dec\u00eda el Papa Francisco en su Misa de la noche el 1 de octubre de este a\u00f1o: \u201cAnimo, el Se\u00f1or espera mucho de ti. Espera tambi\u00e9n que alguien tenga la valent\u00eda de partir, de ir all\u00ed donde se necesita m\u00e1s esperanza y dignidad, all\u00ed donde tanta gente vive todav\u00eda sin la alegr\u00eda del evangelio\u2026Ve, el Se\u00f1or no te dejara solo\u201d.<\/p>\n<p>San Daniel Comboni cuya fiesta hemos celebrado el 10 de octubre, escrib\u00eda en sus Reglas de 1971: \u201cTengan siempre los ojos fijos en Jesucristo en la cruz\u2026Si con viva fe contemplan y gustan un misterio de tanto amor, ser\u00e1n felices de ofrecerse a perderlo todo y a morir por El y con \u00c9l\u201d.<\/p>\n<p>As\u00ed sea para nosotros. Am\u00e9n.<\/p>\n<p><strong>Padre Franco Noventa, mccj<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Reflexi\u00f3n Dominical XXVIII Tiempo Ordinario Ciclo C, Evangelio seg\u00fan san Lucas 17, 11-19 Domingo 13 de octubre, 2019 Al tiempo de Jes\u00fas hab\u00edan cuatro categor\u00edas de personas equiparadas a un muerto: el pobre, el leproso, el ciego y aquel que no tiene hijos. 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