{"id":3065,"date":"2020-07-18T18:13:03","date_gmt":"2020-07-19T00:13:03","guid":{"rendered":"http:\/\/combonipca.org\/?p=3065"},"modified":"2020-07-18T18:13:03","modified_gmt":"2020-07-19T00:13:03","slug":"amar-es-venerar-la-huella-viva-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/combonipca.org\/?p=3065","title":{"rendered":"Amar, es venerar la huella viva de Dios"},"content":{"rendered":"<p><strong>Reflexi\u00f3n del Evangelio<\/strong><\/p>\n<p><strong>XVI Tiempo Ordinario<\/strong><\/p>\n<p><strong>Ciclo A, evangelio seg\u00fan san Mateo 13, 24-43<\/strong><\/p>\n<p><strong>Domingo 19 de julio, 2020<\/strong><\/p>\n<p>En el mundo salido bueno de las manos de Dios (Gen 1, 31), la presencia del mal queda un enigma. En el evangelio de hoy, con otras tres par\u00e1bolas, Jes\u00fas desvela progresivamente el misterio del Reino de Dios. La primera, la del buen grano y de la ciza\u00f1a (vv. 24-30), recibe como la del sembrador del domingo pasado, una explicaci\u00f3n (vv 36-43): Mateo actualiza el cuento y lo aplica a las necesidades de las comunidades de su tiempo. Las otras dos, la de la semilla de mostaza y de la levadura quieren dar resalte a la fuerza irresistible del bien.<\/p>\n<div id=\"attachment_3066\" style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/combonipca.org\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/19-julio.jpg\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-3066\" decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"wp-image-3066 size-medium\" src=\"http:\/\/combonipca.org\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/19-julio-300x200.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"200\" srcset=\"http:\/\/combonipca.org\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/19-julio-300x200.jpg 300w, http:\/\/combonipca.org\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/19-julio-150x100.jpg 150w, http:\/\/combonipca.org\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/19-julio-272x182.jpg 272w, http:\/\/combonipca.org\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/19-julio.jpg 450w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-3066\" class=\"wp-caption-text\">La semilla del Reino es m\u00e1s fuerte que el mal y puede fermentar el mundo entero.<\/p><\/div>\n<p>Despu\u00e9s de la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, las comunidades de Mateo ve\u00edan que en el mundo hab\u00eda, s\u00ed, mucho bien, pero continuaba a crecer lozano tambi\u00e9n el mal. Y se preguntaban: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 el Reino de los Cielos, inaugurado por Jes\u00fas, no hab\u00eda tenido un \u00e9xito total e inmediato?\u201d. Y, como dice San Pedro (2Pe 3,4), algunos preguntar\u00e1n en son de burla: \u201c\u00bfEn qu\u00e9 qued\u00f3 la promesa de su venida? Desde que murieron nuestros padres en la fe, todo sigue igual que al comienzo del mundo\u201d. El enigma de la existencia del mal exige una explicaci\u00f3n y el evangelista la da con la par\u00e1bola de Jes\u00fas que acabamos de escuchar.<\/p>\n<p>Es una par\u00e1bola conducida sobre el contraste: entre la buena semilla y la ciza\u00f1a, cuyas ra\u00edces se entrelazan con las del trigo y es imposible desarraigarlas sin arrancar tambi\u00e9n al trigo. Dios y Jes\u00fas toman a pecho el crecer, no el seleccionar. La paciencia de hacer crecer. Eso dice una confianza incondicionada de Jes\u00fas en el coraz\u00f3n humano. Jes\u00fas sabe que en el coraz\u00f3n del hombre buen grano y ciza\u00f1a est\u00e1n abrazados, pero nos dice: \u201ccuidado, no extirpen la ciza\u00f1a, porque en el mismo tiempo extirpar\u00edan tambi\u00e9n el buen grano\u201d. Jes\u00fas conoce nuestros miedos e inquietudes, pero tambi\u00e9n conoce nuestros deseos de volvernos mejores, nuestros esfuerzos morales.<\/p>\n<p>Jes\u00fas no sue\u00f1a la eliminaci\u00f3n del mal, sino hacer de eso una ocasi\u00f3n para que donde abunda el pecado, all\u00e1 sobreabunde la gracia (cfr. Rom 5,20).<\/p>\n<p>Ese abrazo de grano y ciza\u00f1a no es solamente un problema del coraz\u00f3n humano, sino tambi\u00e9n de la historia, de la sociedad y de la Iglesia. De una Iglesia concebida como \u201csocietas perfecta\u201d, salieron generaciones de moralistas que en nombre de la verdad y de la pureza de la religi\u00f3n, han vertido el insecticida a cada prado de la vida, a cada campo de la historia, haciendo morir las flores en el nombre de la presumida verdad.\u00a0 Jes\u00fas, al contrario, nos aprende la confianza en Dios; nos dice que no hay fr\u00e9mito (palpitaci\u00f3n) de deseo, de gozo o de miedo que no merezca una escucha paciente y que el arte de vivir no est\u00e1 en el extirpar, sino en el hacer crecer.<\/p>\n<p>No sirve una iglesia de perfectos, de puros, de aquellos que dicen: \u201co bien eres de los nuestros o bien \u00a1fuera!\u201d. Al cristianismo le ha hecho mucho da\u00f1o a lo largo de los siglos el triunfalismo, la sed del poder y el af\u00e1n de imponerse a sus adversarios. Queremos una Iglesia que no descarta, sino que recupera e infunde esperanza, pues Dios no est\u00e1 en \u00e9xito, el poder o la superioridad.<\/p>\n<p>Nos cuesta admitir que \u201cno hay en la tierra un solo hombre tan justo que haga s\u00f3lo el bien y nunca peque\u201d (Qohelet 7,20). Cierto, el mal no va justificado, pero Jes\u00fas nos exhorta a verlo con los ojos serenos y pacientes de Dios.\u00a0 La paciencia evang\u00e9lica es hija de la fe y hermana de la esperanza.<\/p>\n<p>Es la fe que engendra la paciencia, porque nos consiente de ver en el campo del mundo la crecida de las semillas del evangelio entorno de nosotros y tambi\u00e9n en los campos fuera del campo de la Iglesia; sin fe, inevitablemente nos volvemos amargados e intolerantes. La misericordia que habremos tenido, nuestra fidelidad al Evangelio de la misericordia, ser\u00e1 la medida que Dios utilizar\u00e1 con nosotros.<\/p>\n<p>Con la par\u00e1bola del buen grano y de la ciza\u00f1a Jes\u00fas exhortaba a la paciencia y a la confianza. Con las \u00faltimas dos, de la semilla de mostaza, casi invisible, y de la levadura, Jes\u00fas quiere abrirnos al optimismo. La semilla de mostaza es la m\u00e1s peque\u00f1a de todas, pero cuando crece, se convierte en un gran arbusto que puede acoger a bandadas de jilgueros cobij\u00e1ndose en sus ramas. Dios nos conceda de captar el lento crecimiento de su reino. Lo mismo por la levadura que va trabajando silenciosamente la masa hasta fermentarla por completo. As\u00ed es el reino de Dios.<\/p>\n<p>\u201cHemos de confiar en Jes\u00fas. El reino de Dios siempre es algo humilde y peque\u00f1o en sus comienzos, pero Dios est\u00e1 trabajando entre nosotros promoviendo la solidaridad, el deseo de la verdad y de la justicia, el anhelo de un mundo m\u00e1s dichoso. Hemos de colaborar con Dios, siguiendo a Jes\u00fas. Una Iglesia menos poderosa, m\u00e1s desprovista de privilegios, m\u00e1s pobre y m\u00e1s cercana a los pobres siempre ser\u00e1 una Iglesia m\u00e1s libre para sembrar semillas de Evangelio y m\u00e1s humilde para vivir en medio de la gente como fermento de una vida m\u00e1s digna y fraterna\u201d (Jos\u00e9 A. Pagola).<\/p>\n<p>Es la certeza que en el Esp\u00edritu y en la palabra de Cristo &#8211; aunque insignificante a los ojos del mundo &#8211;\u00a0 est\u00e1 presente la fuerza irresistible de Dios y veremos las tinieblas aclararse y la ciza\u00f1a quedarse sin terreno. Y todo nuestro ser florecer\u00e1 en la luz: \u201centonces los justos brillar\u00e1n como el sol\u201d (v. 43). \u201cEl gozo espiritual es la mejor se\u00f1al de que la gracia habita en un alma\u201d (San Buenaventura).<\/p>\n<p>Tenemos que conquistar la mirada de Dios y buscaremos en cada uno lo positivo que Dios ha sembrado en \u00e9l. S\u00f3lo lo positivo me dice la verdad de la persona. La semilla del Reino es m\u00e1s fuerte que el mal y puede fermentar el mundo entero, germinar\u00e1 y llevar\u00e1 frutos. Esa es la dulce esperanza. Podemos entonces amar a nosotros mismos y amar a los dem\u00e1s.\u00a0 Amar, es venerar la huella viva de Dios, lo positivo, la espiga que no faltar\u00e1, el granito de mostaza irresistible y tenaz.<\/p>\n<p>El Evangelio busca en m\u00ed primero, no la ausencia de defectos que siempre tendr\u00e9, sino la fecundidad del fruto bueno, porque a los ojos de Dios, el bien pesa m\u00e1s del mal, y una espiga de buen grano vale m\u00e1s de toda la ciza\u00f1a de la tierra. Que el fuego del Esp\u00edritu que Jes\u00fas vino a llevar sobre la tierra (Lc 12,49) encienda nuestro coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Am\u00e9n.<\/p>\n<p><strong>Padre Franco Noventa, mccj<\/strong><\/p>\n<p><em>PS: el 24 de julio es la memoria del Siervo de Dios padre Ezequiel Ramin, comboniano, que fue asesinado a Cacoal (Brasil), despu\u00e9s de haber realizado una misi\u00f3n de paz a favor de un grupo de campesinos que reclamaban justamente por sus tierras. Ezequiel fue mi monaguillo a mi primera Misa, pues nuestras familias viv\u00edan en la misma parroquia en Padova. El escrib\u00eda a unos ni\u00f1os: \u201cEs hermoso so\u00f1ar con hacer feliz a toda la humanidad. No es imposible\u201d.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Reflexi\u00f3n del Evangelio XVI Tiempo Ordinario Ciclo A, evangelio seg\u00fan san Mateo 13, 24-43 Domingo 19 de julio, 2020 En el mundo salido bueno de las manos de Dios (Gen 1, 31), la presencia del mal queda un enigma. 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