{"id":3095,"date":"2020-08-08T21:04:52","date_gmt":"2020-08-09T03:04:52","guid":{"rendered":"http:\/\/combonipca.org\/?p=3095"},"modified":"2020-08-15T19:12:41","modified_gmt":"2020-08-16T01:12:41","slug":"caminar-con-fe","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/combonipca.org\/?p=3095","title":{"rendered":"Caminar con fe"},"content":{"rendered":"<p><strong>Reflexi\u00f3n del Evangelio<\/strong><\/p>\n<p><strong>XIX Tiempo Ordinario<\/strong><\/p>\n<p><strong>Ciclo A, evangelio seg\u00fan san Mateo 14, 22-33\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p><strong>Domingo 9 de agosto, 2020<\/strong><\/p>\n<p>Tormenta y paz, incubo y serenidad, son los dos cuadros del leccionario de hoy: El\u00edas en el monte Horeb, y los doce ap\u00f3stoles en el lago.<\/p>\n<div id=\"attachment_3096\" style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/combonipca.org\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/Evangelio-XIX.jpg\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-3096\" decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"wp-image-3096 size-medium\" src=\"http:\/\/combonipca.org\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/Evangelio-XIX-300x200.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"200\" srcset=\"http:\/\/combonipca.org\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/Evangelio-XIX-300x200.jpg 300w, http:\/\/combonipca.org\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/Evangelio-XIX-150x100.jpg 150w, http:\/\/combonipca.org\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/Evangelio-XIX-272x182.jpg 272w, http:\/\/combonipca.org\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/Evangelio-XIX.jpg 450w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-3096\" class=\"wp-caption-text\">La mano de Cristo, Se\u00f1or del cosmos y de la historia, da seguridad e infunde esperanza.<\/p><\/div>\n<p>El\u00edas, el profeta cuya \u201cpalabra ard\u00eda como el fuego\u201d (Sir 48,1), perseguido a muerte, ha llegado al monte Horeb-Sina\u00ed, es decir a la fuente de la fe y de la historia de Israel. El suyo es un itinerario hacia el descubrimiento del verdadero rostro de Dios. Estaba acostumbrado a imaginarlo como a un poder implacable y triunfal. En la soledad de la monta\u00f1a El\u00edas busca entonces a Dios en el viento impetuoso que descuaja los montes y las pe\u00f1as, en el fuego y en el terremoto.<\/p>\n<p>Pero ese Dios so\u00f1ado seg\u00fan sus deseos personales no se presenta a la cita con El\u00edas. En efecto Dios escoge de presentarse a \u00e9l en la tranquilidad y en la paz de una brisa tenue. El\u00edas descubre que su celo por el Se\u00f1or no era que fanatismo, dogmatismo e intolerancia religiosa. Pensaba ser el solo que hab\u00eda quedado adorando al verdadero Dios y no pudo ver que eran siete mil los hombres que no hab\u00edan plegado sus rodillas a Baal (1R 19,18).<\/p>\n<p>Y el profeta, vel\u00e1ndose el rostro, pues nadie puede ver a Dios y quedarse vivo (Ex 33,20), conoce que Dios es simplicidad, intimidad, dulzura paciente y tierna presencia, esp\u00edritu y vida. Ahora s\u00ed, puede volver a sus hermanos (1R 19,19). Dios no quema las etapas sino espera pacientemente la fatigosa gestaci\u00f3n del hombre nuevo, invitando a compartir sus mismos sentimientos de amor.<\/p>\n<p>Viento borrascoso, oleadas impetuosas y miedo envuelven tambi\u00e9n la escena evang\u00e9lica. Sin embargo, al aullido del viento y al hundirse de Pedro en las aguas y en la muerte, subintra la voz serena de Cristo en una especie de aparici\u00f3n pascual: \u201cAnimo, soy yo, no teng\u00e1is miedo\u201d.\u00a0 El pasaje se vuelve entonces en signo de un encuentro de Cristo con su Iglesia en dificultad y con \u201cpoca fe\u201d, representada por su portavoz Pedro.<\/p>\n<p>La mano de Cristo, Se\u00f1or del cosmos y de la historia, da seguridad e infunde esperanza y gozo a la Iglesia en crisis, amenazada desde fuera por todas clases de fuerzas adversas, y tentada desde dentro por el miedo y la mediocridad, contagi\u00e1ndonos unos a otros desaliento, miedo y falta de fe. Aquella mano extendida hacia Pedro no es s\u00f3lo su salvaci\u00f3n sino tambi\u00e9n la nuestra.<\/p>\n<p>Jes\u00fas nos ha obligado, como a los ap\u00f3stoles, a embarcarnos solos, y a precederlo en la otra orilla. Cuando en medio de las tempestades de los sufrimientos y tentaciones habremos luchado lo mejor que podamos, y vigilado para evitar el naufragio de la fe, estamos seguros que cerca de nosotros llegar\u00e1 el Hijo de Dios, para aplacar el mar y caminando sobre las olas. Y nosotros tambi\u00e9n caminaremos con \u00e9l sobre las olas de la tentaci\u00f3n, del dolor y del mal.<\/p>\n<p>Analicemos un poco m\u00e1s en los detalles ese magn\u00edfico pasaje del evangelio. Jes\u00fas est\u00e1 solo sobre el monte, a la presencia del Padre. Los disc\u00edpulos est\u00e1n solos en el lago, en medio de las ondas agitadas y el viento contrario, en el miedo y en la lucha. Ya hab\u00edan experimentado algo parecido, pero con Jes\u00fas que dorm\u00eda en la barca (Mt 8, 23-27). \u00a1Si hab\u00edan tenido miedo la primera vez, imagin\u00e9monos ahora que Jes\u00fas no est\u00e1 con ellos! Todav\u00eda no hab\u00edan escuchado la palabra de Jes\u00fas antes de subir al cielo: \u201cEstoy con vosotros todos los d\u00edas, hasta el fin del mundo\u201d (Mt 28,20).<\/p>\n<p>A nosotros tambi\u00e9n nos parece tantas veces de ser abandonados, solos con nuestras solas fuerzas a enfrentar las borrascas de la vida. \u00a1Cu\u00e1ntas veces hemos sentido que ninguna oraci\u00f3n nos haya llevado una respuesta! Es el silencio de Dios, cuando nos preguntamos si nuestros sacrificios, nuestro compromiso por el bien valgan la pena.<\/p>\n<p>Y, sin embargo, Jes\u00fas est\u00e1 siempre con sus disc\u00edpulos, aun cuando no lo ven ni perciben su presencia. \u00c9l es la fuente de la fuerza de los remeros que no se rinden al viento contrario; est\u00e1 en la tenacidad del timonero que rige el tim\u00f3n a pesar de las ondas furiosas, est\u00e1 en el coraje de todos.<\/p>\n<p>Y mi barca, s\u00edmbolo de mi vida y de mi fe, entretanto avanza, no por el morir del viento, no porque se acaban los problemas, sino por el milagro humilde de los remeros que no se rinden y sostienen los unos la esperanza de los otros. Y van con el viento contrario. Dios no act\u00faa en nuestro lugar, no nos saca de las tormentas, pero siempre nos sostiene dentro de las borrascas de la vida.<\/p>\n<p>\u201cSe\u00f1or, si eres t\u00fa, m\u00e1ndame ir hacia ti andando sobre el agua\u201d, dice Pedro. A Jes\u00fas que le dice \u201cven\u201d, Pedro ech\u00f3 a andar sobre el agua, porque tiene sus ojos fijos en su rostro, visible tambi\u00e9n en la noche. En seguida empieza a hundirse porque mira al viento: \u201cviendo la fuerza del viento, tuvo miedo\u201d. Mientras Pedro mira al Se\u00f1or, atraviesa los problemas. Cuando mira al mar, a las olas, a las dificultades, empieza la bajada en el miedo.<\/p>\n<p>Es el cuento de nuestra fe puesta a prueba. Fe: miro al Se\u00f1or y me parece poder enfrentar cualquier cosa. Duda: miro a mis problemas y digo: \u201cNunca podr\u00e9 salir de ellos\u201d. Salvaci\u00f3n: \u201c\u00a1Se\u00f1or, s\u00e1lvame!\u201d; y sentir\u00e9 el calor de su mano que no me dejar\u00e1 ahogarme. No busco la omnipotencia de Dios, sino el socorro de su palabra que es fuente misteriosa de camino y me dice: \u201c\u00a1\u00c1nimo, ven!\u201d.<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Se\u00f1or me hundo!\u201d. Pedro est\u00e1 dudando y se hunde. Pero Pedro est\u00e1 hundi\u00e9ndose y cree: \u201c\u00a1Se\u00f1or, s\u00e1lvame!\u201d. Duda y miedo, fe e invocaci\u00f3n. Me gusta ese ap\u00f3stol, ese pescador tan humano en su oscilar entre una fe grande que lo empuja fuera de la barca en el agua, y su fe peque\u00f1a. Es all\u00e1 que el Se\u00f1or nos alcanza, en el centro de nuestra d\u00e9bil fe. Nos alcanza y no nos acusa sino m\u00e1s bien extiende su mano para agarrarnos.<\/p>\n<p>\u201cCaminar sobre el agua acerc\u00e1ndonos a Jes\u00fas. Eso es creer. Caminar sobre el agua y no sobre tierra firme\u2026 Vivir sostenidos no por nuestra seguridad, sino por nuestra confianza en \u00e9l. Reavivemos nuestra confianza en Jes\u00fas. No tengamos miedo\u201d (Jos\u00e9 A. Pagola 2020). Y demos gracia al Se\u00f1or que ha donado a su Iglesia al Papa Francisco que con su ejemplo y su palabra quiere que la Iglesia se purifique y se haga santa.<\/p>\n<p>Jes\u00fas vendr\u00e1, dentro nuestra poca fe, a salvarnos de todos los naufragios. Y la peque\u00f1a y fr\u00e1gil barca que es nuestro coraz\u00f3n, avanzar\u00e1 hacia el fin de la noche, donde el grito se convierte en abrazo entre el hombre y su Dios.<\/p>\n<p>Am\u00e9n<\/p>\n<p><strong>Padre Franco Noventa, mccj<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Reflexi\u00f3n del Evangelio XIX Tiempo Ordinario Ciclo A, evangelio seg\u00fan san Mateo 14, 22-33\u00a0 Domingo 9 de agosto, 2020 Tormenta y paz, incubo y serenidad, son los dos cuadros del leccionario de hoy: El\u00edas en el monte Horeb, y los doce ap\u00f3stoles en el lago. 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