{"id":1844,"date":"2019-02-25T10:08:00","date_gmt":"2019-02-25T16:08:00","guid":{"rendered":"http:\/\/combonipca.org\/?p=1844"},"modified":"2019-02-25T10:08:00","modified_gmt":"2019-02-25T16:08:00","slug":"no-tengan-miedo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/combonipca.org\/?p=1844","title":{"rendered":"\u00a1No tengan miedo!"},"content":{"rendered":"<p>1. Era todav\u00eda oscuro, pero el alba estaba a punto de estallar, all\u00e1 tras la cumbre negra del Monte de los Olivos, Mar\u00eda Magdalena, con otras dos mujeres, iban hacia la tumba del Maestro. Era Mar\u00eda Magdalena la que llevaba el vaso de perfume para ungir el cuerpo del Se\u00f1or\u2026 pero improvisadamente la tierra tembl\u00f3, se escuch\u00f3 un ruido sordo de la piedra del sepulcro que rod\u00f3 y cay\u00f3. Una gran luz se encendi\u00f3 en el huerto\u2026 Las mujeres tuvieron miedo, pero el \u00e1ngel del Se\u00f1or les reconfort\u00f3 y les dijo: \u201cno tengan miedo y no busquen entre los muertos al que vive, vengan y vean en d\u00f3nde \u00c9l estaba\u201d (Mt 28, 6). Ellas volvieron al Cen\u00e1culo para anunci\u00e1rselo a los disc\u00edpulos, todav\u00eda con miedo, pero a la vez \u201ccon gran gozo\u201d. Y en el camino de vuelta, Jes\u00fas resucitado, les sali\u00f3 al encuentro y les repiti\u00f3: \u201cno tengan miedo, vayan y anuncien\u201d (Mt 28, 10).<\/p>\n<div id=\"attachment_1845\" style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"http:\/\/combonipca.org\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/2016.03.27-Pascua-de-Resurrecci\u00f3n.jpg\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-1845\" decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"wp-image-1845 size-medium\" src=\"http:\/\/combonipca.org\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/2016.03.27-Pascua-de-Resurrecci\u00f3n-300x173.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"173\" srcset=\"https:\/\/combonipca.org\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/2016.03.27-Pascua-de-Resurrecci\u00f3n-300x173.jpg 300w, https:\/\/combonipca.org\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/2016.03.27-Pascua-de-Resurrecci\u00f3n-768x442.jpg 768w, https:\/\/combonipca.org\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/2016.03.27-Pascua-de-Resurrecci\u00f3n-1024x590.jpg 1024w, https:\/\/combonipca.org\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/2016.03.27-Pascua-de-Resurrecci\u00f3n-150x86.jpg 150w, https:\/\/combonipca.org\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/2016.03.27-Pascua-de-Resurrecci\u00f3n.jpg 1792w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-1845\" class=\"wp-caption-text\">Es el Esp\u00edritu de Cristo resucitado, qui\u00e9n mantiene a la Iglesia \u201cen salida\u201d, en estado permanente de misi\u00f3n.<\/p><\/div>\n<p>El cristiano, el que vive de la certeza de que Cristo ha resucitado, debe desterrar de su coraz\u00f3n el miedo y vivir en la serenidad y la paz. El miedo frena nuestros impulsos al bien y hasta puede paralizarnos. El miedo es como un \u201cdemonio\u201d que devora nuestras energ\u00edas, que destruye nuestras positivas ganas de vivir. \u00a1Y hay tantos miedos!: El miedo a lo que dir\u00e1n, el miedo al fracaso, al desprecio de los dem\u00e1s; el miedo provocado por nuestros complejos de culpa y de nuestro posible sentido de inferioridad, el miedo de que no nos amen, de que nos abandonen\u2026 El miedo a la muerte.<\/p>\n<p>\u00a1Pero, es Pascua! Cristo ha vencido la muerte, la suya y la nuestra: \u00c9l vive y vive para siempre, y quiere lo mismo para todos nosotros.<\/p>\n<p>2. La Magdalena no se conform\u00f3 con la luz y el esplendor que invadieron el huerto. Ella siente el impulso de ver, de tocar ese santo cuerpo que hac\u00eda poco hab\u00eda visto, contemplado, cubierto de heridas, de sudor, de salivazos y que ahora acaba de ver tan resplandeciente. Ella quiere fijarse en su rostro. Improvisadamente, he ah\u00ed: \u00a1lo ha reconocido! Pero no en su rostro sino por su voz, por ese modo tan suyo, solo de \u00c9l, de llamarla por su nombre: \u00a1Mar\u00eda! Ella lo quisiera retener, quisiera tocarlo y que se quedara ah\u00ed con ella. Pero Jes\u00fas nuevamente la sorprende, dici\u00e9ndole: \u201cno quieras detenerme; a\u00fan no subo a mi Padre\u201d (Jn 20, 17-18).<\/p>\n<p>La Magdalena deber\u00e1 pues volver a los \u201chermanos\u201d de Jes\u00fas, a sus ap\u00f3stoles, porque solo entre ellos, con ellos, podr\u00e1 encontrar el Coraz\u00f3n enamorado de Cristo. \u201c\u00c9l vive y sigue vivo\u201d en la comunidad que cree en su Resurrecci\u00f3n. Ah\u00ed todo disc\u00edpulo del Resucitado podr\u00e1 y deber\u00e1 suplicar a Jes\u00fas, como lo hizo la Magdalena y como lo har\u00edan en esa misma noche de Pascua, los dos disc\u00edpulos de Ema\u00fas: \u201cqu\u00e9date con nosotros, no te alejes, Se\u00f1or, ya que sin ti todo se obscurece\u201d (cfr. Lc 24, 29). All\u00e1, en la Comunidad reunida, en el Cen\u00e1culo del amor, en que \u00c9l mismo lav\u00f3 los pies a los suyos, en un gesto de amor \u201cexagerado\u201d, all\u00e1 en donde todos participaron en el \u00fanico Pan y en el \u00fanico C\u00e1liz de su sangre, all\u00e1 va a resonar el saludo para todos: \u201c\u00a1Shalom! Paz a todos ustedes\u201d\u2026 En esa primera noche del d\u00eda de su resurrecci\u00f3n, no estaba con los ap\u00f3stoles el Gemelo, Tom\u00e1s. Sin embargo, la alegr\u00eda por la victoria sobre la muerte inund\u00f3 tambi\u00e9n su coraz\u00f3n, cuando, a los ocho d\u00edas, Jes\u00fas volvi\u00f3 a aparec\u00e9rseles y Tom\u00e1s estaba con ellos, y entre confundido y lleno de gozo, exclam\u00f3: \u201cSe\u00f1or m\u00edo y Dios m\u00edo\u201d (Jn 20, 28).<\/p>\n<p>3. Para asumir plenamente la Pascua hay pues que volver a la comunidad, al Cen\u00e1culo. Es all\u00e1 en que reson\u00f3 el mandato misionero. La Pascua es esperanza para todos y su anuncio entonces debe llegar hasta los confines de la tierra, a todos. Es en el Cen\u00e1culo en donde van a resonar las palabras de Jes\u00fas: \u201cse me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra, como el Padre me ha enviado, as\u00ed los env\u00edo yo, vayan por todo el mundo, anuncien la m\u00e1s bella noticia, la noticia que la muerte ha sido derrotada; no le pertenece a ella la \u00faltima palabra, sino a la Vida y la Vida para siempre, esa que floreci\u00f3, pujante, sobre la tumba vac\u00eda. La existencia terrena de Cristo fue conducida y guiada por el Esp\u00edritu Santo, desde cuando se le manifest\u00f3 en el d\u00eda del Bautismo en el Jord\u00e1n y desde cuando le llev\u00f3 al Desierto, hasta el momento en que \u00c9l lo entreg\u00f3 para todos nosotros el d\u00eda de su muerte. Justamente San Juan, en su evangelio, no nos dice que Jes\u00fas expir\u00f3, sino que \u201centreg\u00f3 al Esp\u00edritu\u201d (Jn 19, 30).<\/p>\n<p>As\u00ed sus ap\u00f3stoles, y todos sus enviados, todos sus misioneros, necesitamos recibir la fuerza de lo Alto, es decir, la fuerza del Esp\u00edritu Santo, para que seamos sus testigos, en Jerusal\u00e9n, en toda Judea y Samaria y hasta los confines de la Tierra (Cfr. Hch 1, 8). El Esp\u00edritu Santo es el \u201cpoder de lo Alto\u201d que hace caer las barreras de todo tipo, que por otra parte, siempre tenemos la tentaci\u00f3n y el riesgo de seguir levantando. \u00c9l es el verdadero \u201cprotagonista\u201d de la Misi\u00f3n. Es el Esp\u00edritu de Cristo resucitado, qui\u00e9n mantiene a la Iglesia \u201cen salida\u201d, en estado permanente de misi\u00f3n. Dej\u00e9monos pues, llevar por el fuerte soplo del Esp\u00edritu, lejos de toda tentaci\u00f3n de encerrarnos dentro de los l\u00edmites de todo lo \u201cnuestro\u201d, para gritar fuerte, en cualquier situaci\u00f3n y por todas partes, el Aleluya de la Pascua.<\/p>\n<p><strong>+ Mons. Victorino Girardi S. mccj.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Obispo Em\u00e9rito Tilar\u00e1n &#8211; Liberia<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. Era todav\u00eda oscuro, pero el alba estaba a punto de estallar, all\u00e1 tras la cumbre negra del Monte de los Olivos, Mar\u00eda Magdalena, con otras dos mujeres, iban hacia la tumba del Maestro. Era Mar\u00eda Magdalena la que llevaba el vaso de perfume para ungir el cuerpo del Se\u00f1or\u2026\u2026<\/p>\n<p> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/combonipca.org\/?p=1844\"><span>Leer m\u00e1s<\/span><i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a> <\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"spay_email":""},"categories":[4],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/combonipca.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1844"}],"collection":[{"href":"https:\/\/combonipca.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/combonipca.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/combonipca.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/combonipca.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1844"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/combonipca.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1844\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1846,"href":"https:\/\/combonipca.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1844\/revisions\/1846"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/combonipca.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1844"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/combonipca.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1844"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/combonipca.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1844"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}