El corazón del discípulo misionero debe ser libre

Miércoles 26 septiembre 2018
“La Delegación del Centroáfrica y la Provincia de Centroamérica, son dos realidades geográficamente distantes – ha dicho hoy el padre Víctor-Hugo Castillo Matarrita, superior provincial de Centroamérica, durante la homilía en la misa de apertura de la jornada, de la Asamblea intercapitular a Roma –, pero ambas al centro de  regiones geográficas en movimiento. Bíblicamente, estar en movimiento hace pensar a la experiencia del Éxodo. Éxodo sea de personas en búsqueda de nuevas oportunidades de vida, de trabajo y de dignidad; sea de personas que huyen la guerra, la violencia y la destrucción de las pocas pertenencias con que cuentan”. Publicamos el texto de la homilía del P. Víctor-Hugo.

Delegación del Centroáfrica – Provincia de Centroamérica, dos realidades geográficamente distantes, ambas en el centro de regiones geográficamente en movimiento. Bíblicamente estar en movimiento hace referencia al Éxodo. Éxodo, sea de personas en busca de nuevas oportunidades de vida, de trabajo, de dignidad; sea de personas que huyen la guerra, la violencia, la destrucción de las pocas pertenencias con que cuentan. Dos realidades testigo de la sangre derramada de tantas victimas – hombres y mujeres, niños y jóvenes – que no tendrán nunca una historia que contar. Ya, sea en la República centroafricana, sea en Centroamérica las familias no son como en tiempos recientes: en ellas falta un miembro porque se encuentra lejos o porque simple y sencillamente nunca más regresará. Se hace entonces necesario reconstruir el sentido de familia, el sentido de fraternidad.

Estas situaciones dramáticas las viven también muchos de ustedes. Ellas son el signo de un mundo que cambia. Pero, no es el mundo con sus rápidos cambios en sí que es malo. Falta en el corazón del hombre una nueva visión de justicia, un nuevo modo de humanizar las relaciones interpersonales, es necesario dejarse tocar por relaciones humanas siempre nuevas. Es necesario poner al centro no la dimensión económica sino la dignidad de la persona.

Claro, no todo lo que refleja nuestra realidad está marcado por signos negativos. A Dios gracias hay signos bonitos y muy positivos que nos hablan de esperanza, de justicia, de paz, de reconciliación, del perdón que cambia el corazón de quien es capaz de perdonar. El perdón nos hace libres. Tenemos testimonios que nunca serán conocidos porque estas realidades no serán nunca objeto de noticia a publicar en los periódicos. Como misioneros, pero sobre todo como cristianos estamos llamados a mirar lo bonito, el bien que fecunda estas situaciones no obstante los muchos signos que afirman lo contrario. Estas tierras benditas del Centroáfrica y del Centroamérica son “el lugar teológico en el que estamos llamados a esparcir y  a cultivar las semillas de la reconciliación y del amor”. (Actas capitulares 2015, n.5)

El Evangelio de hoy nos habla de misión. Nos dice que la misión es obediencia al llamado para construir relaciones nuevas entre los hombres. Relaciones que fueron destruidas por el ‘demonio’ y la ‘enfermedad’ (y hay hoy en día muchos ‘demonios y enfermedades’ que destruyen las buenas relaciones entre los seres humanos). La presencia del Reino de Dios nos sana, nos sana de la falta de una autentica alteridad, nos sana de la enfermedad del egoísmo, del miedo a estar abiertos a la novedad, del miedo de la presencia del otro porque diferente. La presencia del Reino de Dios nos sana de la tentación de una misión fácil. Nos sana de la ceguera que nos impide de ver nacer los signos de los tiempos nuevos.

El Evangelio de hoy nos habla también de espiritualidad: una espiritualidad que se traduce en actitudes: no ser preocupados de tantas cosas porque el corazón del discípulo misionero debe ser libre y dispuesto a “desperdiciar” el tiempo anunciando la paz y la justicia, el perdón y la reconciliación.

“Una espiritualidad profunda que nos sana y humaniza, capaz de integrar nuestra humanidad y la de los demás con sus límites, fragilidades e incoherencias. Una espiritualidad basada en la Palabra de Dios escuchada, vivida, celebrada y anunciada, que toque e inspire todas las dimensiones de nuestra vida misionera en el ámbito personal, comunitario, de misión, economía y gobierno”. (Documentos capitulares 2015 n. 30)

Una espiritualidad con olor a pasión por la misión, que haga de nosotros hombres maduros que no envejecen antes de la ancianidad.

Pido al Señor, para mí y para todos ustedes, para que la Alegría del Evangelio sea nuestro mas bello testimonio.

Beato Oscar Arnulfo Romero. ¡Ruega por nosotros!

Un comentario

  1. Sigue en tu trabajo, es muy lindo hacer lo que nos gusta y Dios es el camino

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