Señor, ayúdanos a seguirte

Reflexión Dominical

XIII Tiempo Ordinario

Ciclo C, Evangelio según san Lucas 9, 51-62

Domingo 30 de junio, 2019

Jesús ha indicado a los discípulos con toda claridad que va a Jerusalén para donar su vida. Ahora el evangelio no es solo una palabra a escuchar, más bien una vía a seguir, un camino a recorrer detrás de Jesús, detrás de su rostro fuerte, que ha puesto la mano al arado y no mirara’ nunca atrás, hasta la cruz. Va “con un rostro duro” es la traducción literal.

Como ya decía el profeta Isaías del Siervo de Yahvé, que declara así su determinación a cumplir su misión: “vuelvo mi rostro duro como la piedra” (50,7). Como ese Siervo, Jesús está decidido a enfrentar el destino de sufrimiento, de humillación y de muerte que lo espera. No busca el dolor, pero sabe que el sacrificio es el pasaje necesario para alcanzar la meta: la manifestación por medio de la cruz, del amor del Padre por el hombre (Lc. 24,26).

Preguntémonos: nos contentamos de algunas prácticas religiosas o tenemos el valor de hacer elecciones decisivas y radicales? El que no tiene la fuerza de esas elecciones quedara’ un admirador de Jesús, pero no se hará discípulo suyo.

Nuestra esperanza es Jesucristo.

En ese camino a Jerusalén el pueblo de Samaria rehúsa de acoger a Jesús. Entonces Santiago y Juan proponen a Jesús que baje del cielo un fuego que destruya esa ciudad. Jesús los regaña severamente. El fuego que Jesús ha venido a llevar sobre la tierra (Lc.12,49) es el Espíritu que transforma el corazón de los hombres. Cuantas veces en su historia la Iglesia ha tristemente actuado con rogos, violencia, terrorismo, guerras!

Los cristianos no pueden reaccionar con la agresividad, más bien solo con el amor. Jesús estima la persona más importante que la verdad, y con confianza va hacia otro pueblo dejando a los Samaritanos tranquilos. Hay siempre otro corazón al cual anunciar la bondad de Dios. El evangelio se hace vía a recorrer. Y Lucas presenta tres hombres que quieren seguir a Jesús.

El primero es entusiasta y dice a Jesús: “Te seguiré doquiera tu vayas”. Seguramente Jesús ha tenido que apreciar su entusiasmo. Pero en su respuesta Jesús parece desalentar más que convencer al aspirante discípulo. Le dice que Él no tiene nada que comer, ni dinero ni casa ni donde posar la cabeza. No tiene títulos honoríficos! El discípulo tiene que poner su seguridad solo en Dios. Así es Jesús.

Es difícil entonces entender como pueda haber personas que abrazan la fe o aceptan de dar algún servicio a la comunidad para obtener ventajas, privilegios, títulos honoríficos. Muchos son esclavos de su pequeño bienestar.

Caminando Jesús encuentra a otro varón y lo invita a seguirlo. La respuesta es inmediata pero pide a Jesús de dejarlo ir primero a sepultar a su padre. La respuesta de Jesús es muy dura e incomprensible: “Deja que los muertos entierren a sus muertos”.

En Israel el deber más sagrado por un hijo era de enterrar a sus padres. Y los doctores de la ley dispensaban también de cualquier precepto de la ley si ocurriera en día de sábado.

Jesús parece contradictorio. A Naim encuentra un funeral, se deja herir por las lágrimas de una madre que llora a su hijo único, difunto; Jesús para el corteo, toma por la mano al chiquito difunto y lo resucita. Jesús no está en contra del mundo de los afectos. Jesús lloró cuando le dijeron que su amigo Lázaro había muerto.

En el pasaje de hoy, que nos parece duro, Jesús quiere decir que tampoco los sentimientos más sagrados, como los que unen los hijos a sus padres, pueden interponerse e impedir la decisión de seguirlo. Elegir a Jesús no se puede retardar en la espera del momento en el cual no se herirá la sensibilidad de un familiar, no se descontentara’ a un amigo, no se pondrán en discusión las habitudes de una persona querida.

Jesús no acepta tambaleos. Cualquier lazo que bloquea e impide de seguirlo tiene que ser cortado sin miedo.

Un tercer hombre se presenta a Jesús. Es fácil notar el contraste entre el imperativo usado por Jesús en la precedente invitación, y el futuro usado por ese aspirante discípulo: “Te seguiré, pero…”. Ese hombre está dispuesto a seguir a Jesús, pero quiere antes ir a saludar, a despedirse de sus familiares, como hizo el profeta Eliseo. No parece que esté pidiendo demasiado. Y sin embargo Jesús no permite ni eso.

Jesús no se maravilla que alguien lo rechace y exige el respeto hacia los que no lo acogen. Pero no acepta de ser puesto en el segundo lugar por quien escoge de seguirlo. No tengamos miedo a que Dios nos lleve por caminos nuevos, sacándonos de nuestros horizontes, con frecuencia limitados, cerrados y egoístas, para abrirnos a los suyos.

“El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios”. Aquel que ara no mira hacia atrás si quiere ir derecho. El mundo es un campo en el cual los surcos no tienen que ser sembrados de pesares, más bien de proyectos. Mirar hacia adelante sin distraernos, caminar hacia el futuro sin encerrarnos en el pasado.

Señor, ayúdanos a seguirte, a entregarnos a tu amor sin desistir en las dificultades, para ser felices.

Amen.

Padre Franco Noventa mccj

 

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