Entrevista al primer Cardenal comboniano

¡Entrevista al primer cardenal comboniano!El primer cardenal en toda la historia de los Misioneros Combonianos es español, el sevillano Miguel Ángel Ayuso Guixol.

José Manuel Vidal

El cardenal electo Miguel Ángel Ayuso Guixot (Sevilla, 1952) es misionero comboniano, profesor, arabista, islamólogo y…bético. Por eso, con fino humor, lamenta el día en que los sevillistas le van a ver vestido de ‘colorao’, cuando reciba la púrpura que, como misionero, no esperaba. A su juicio, es un premio a los misioneros y al diálogo interreligioso, un campo en el que lleva trabajando toda la vida. Orgulloso del documento firmado por el Papa y el Gran Imán en Abu Dhabi, pide que se divulgue y que «los mismos musulmanes denuncien la falsedad de las afirmaciones de los terroristas». También asegura que, en contra de lo que se suele decir, «en la Curia romana, hay un clima de mucha familiaridad y de mucha hermandad». 

Le acaban de nombrar cardenal, ¿se lo esperaba?

No, en absoluto. Aunque el hecho de haberme nombrado presidente de dicasterio era algo que podría presagiarlo, hay dicasterios en los que a veces no ha ocurrido. Por ejemplo, el neo cardenal Michel Fitzgerald había terminado su misión en nuestro dicasterio como presidente arzobispo, pero no había sido creado cardenal. Ahora, sí lo ha sido. Entonces, estos cálculos que se hacen de escalafón son lógicos pero, en realidad, la lógica que se sigue, sobre todo la que sigue el papa Francisco, no se puede deducir fácilmente.

Francisco ha roto el carrerismo y el escalafón, ¿no?

Sí, ha roto un poco el esquema y de ahí que yo no me lo esperara, para nada.

Él es el primer comboniano en la historia que es Cardenal.

¿Cómo se encaja usted en un consistorio de cardenales de periferia?

Yo creo que es por la experiencia. Pienso en mí como pienso en el neocardenal Cristóbal López, que tenemos un bagaje misionero, muy rico, hecho del trabajo de toda una vida dedicado a la misión como religiosos pertenecientes a diferentes congregaciones religiosas; él, salesiano y yo, comboniano. Creo que este bagaje ha ayudado y ayudará mucho.

Usted estuvo en la misión como comboniano

He trabajado veinte años en el Valle del Nilo. En Egipto y en Sudán.

«Benedicto propuso vivir el acercamiento y la colaboración humana desde nuestras diferentes perspectivas»

O sea, que la especialización en el Islam y en el diálogo interreligioso le viene de antiguo

Hice una licenciatura, cuando acabé la Teología, en Roma. Fue una licenciatura de especialización de un instituto de excelencia, el Pontificio Instituto de estudios Árabes et Islamística. Y en el 82, cuando la terminé, me enviaron a la misión. Desde entonces y hasta 2002 he estado en el Valle del Nilo, en Egipto, trabajando de párroco. Después, en el centro del Sudán, en la región del Kordofan, en la diócesis de El Obeid.

Ahí había un obispo muy famoso, ¿no?

Macram Max Gassis. Trabajé como director del Centro Pastoral Catequético Litúrgico organizando cursos de formación para catequistas, organizando y educando cómo enseñar el catecismo, cómo enseñar a los niños las oraciones y cómo enterrar a los muertos porque no había misioneros, no había sacerdotes. Cómo hacer la liturgia de la palabra un domingo… En fin, cosas muy rudimentarias, pero esenciales para la vida de la comunidad cristiana.

¿Y después pasó a la curia?

Después volví a Jartúm, donde empecé a hacer unos estudios para mi tesis de doctorado, que hice desde la misión y la acabé en la facultad de Teología de Granada. Y ya en el 2002 pasé a Roma y entré a formar parte del equipo educativo del Pontificio Instituto de Estudios Árabes e Islamística, el PISAI, que es un instituto de excelencia que prepara al mundo islámico. Allí se estudia, como propedéutico, la lengua árabe y después se hace una especialización de estudios objetivos de las fuentes y de las diferentes ciencias islámicas. Es una preparación muy completa, seria y apreciada en el mundo islámico. Entré allí a enseñar, me nombraron jefe de estudios y después director de este instituto. Me renovaron como director y en 2012 fue cuando el papa Benedicto XVI me nombró secretario del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso.

¿Con el cardenal Tauran?

Sí. Y Permanecí como sacerdote religioso trabajando como secretario. En 2016 el papa Francisco me nombró obispo titular de Luperciana. Y me consagró el día de San José del 2016 como obispo. Estuve acompañando al cardenal Torán, que sufrió una enfermedad muy dura. Físicamente su degradación fue creciendo día tras día, aunque su mente siempre fue muy buena; siempre vivió con una gran lucidez de mente y por eso fue para mí una fuente de conocimiento.

Un gran maestro en el diálogo interreligioso, ¿no?

Un gran maestro. Pero él decía que conmigo era como un novicio. Y yo le decía a él que era para mí un maestro. Y, la verdad, que hemos sido un tándem muy eficaz a nivel de la Iglesia universal en la promoción del diálogo.

Son estos encuentros de la vida porque yo, misionero, nunca hubiera pensado que iba a acabar en la curia. Y lo hice porque los misioneros de África me habían pedido colaborar en este instituto que conseguí, un poco, transformar, porque vivía un período de crisis. Pero siempre desde la perspectiva de la misión; para preparar misioneros y no para trabajar en el mundo árabe e islámico. Por tanto, nunca pensé acabar en la curia romana.

«Yo, misionero, nunca hubiera pensado que iba a acabar en la curia».

Y menos con un capelo.

Y menos con un capelo, créame. Tengo que aterrizar todavía.

«El Papa, como guía de esta barca en un mundo tan líquido, con estas sociedades que sufren desigualdades, tiene esa visión de acercarse a personas con una experiencia»

¿Con los nuevos capelos el Papa está, por así decirlo, atando la sucesión?

Yo creo que el papa Francisco, como cada papa será sucedido y tiene una visión de las cosas. Yo no haría cálculos desde este punto de vista. Lo que yo veo es que en diálogo interreligioso desde el Concilio Vaticano II, con la declaración Nostra aetate, ha habido todo un proceso: Pablo VI que proclama la necesidad para la Iglesia de un diálogo con el mundo. Juan Pablo II, que proclama un diálogo en favor dela paz. Y ahora tenemos el acontecimiento de Asís y el espíritu de Asís, que estamos celebrando estos días aquí, en Madrid, con el mitin de la Comunidad Sant’Egidio.

Benedicto XVI creó el punto de la situación del diálogo porque había habido un fervor, diría yo, que llevó a veces a situaciones de sincretismo, de relativismo. Entonces, propuso un diálogo de la verdad en la caridad, como diciendo: tenemos que estar fuertemente radicados en nuestra propia identidad. Y a partir de esta identidad vivir en la caridad; en el acercamiento, en el crecimiento y en la colaboración humana, como seres humanos, desde nuestras diferentes perspectivas.

El papado de Francisco (en continuidad de ese diálogo con el mundo de la paz, de la verdad en la caridad) ha propuesto un diálogo de respeto y de amistad. Por tanto, desde el inicio de su pontificado, el papa Francisco quiere llegar al corazón del ser humano. Cuando me ordenó obispo, me dijon en la homilía, saliéndose del guión: “tenéis que mirar, vosotros que sois pastores, en los ojos de cada persona para leer lo que hay en su corazón”.

Creo que el Papa como responsable y guía de esta barca en un mundo tan líquido, con estas sociedades que sufren desigualdades y siendo una persona de frontera que va a la periferia, por este contexto y también a nivel de elección del colegio cardenalicio, tiene esta visión de acercarse a personas con una experiencia. Como Simoni, por ejemplo, un jesuita que había estado en la cárcel toda la vida. O Aquilino Bocos, porque también tiene mucha amistad con los claretianos en Argentina.

Él va mirando más a la Iglesia periférica y es en este consistorio, donde quizá haya un gesto de quien trabaja en el campo del diálogo interreligioso, que el Papa haya querido crear cardenales para hacer ver un poco la importancia que él le da, a través del respeto y de la amistad, en su pontificado.

Un campo en el que él llega a hablar de fraternidad en el documento de Abu Dhabi. Da la sensación, visto desde fuera, de que nunca hubo tan buenas relaciones entre el Islam y la Iglesia católica.

La verdad es que ha sido una cosa muy providencial. Yo he trabajado mucho desde el dicasterio para efectuar un acercamiento de la Iglesia católica al mundo islámico desde la perspectiva de Al-Azhar. Y este acercamiento se ha hecho realidad a través del espíritu del papa Francisco, que mira cada persona y que quiere leer el corazón de cada ser humano, junto al Gran Imán de Al-Azhar, y de ahí ha partido toda una aventura de amistad que ha hecho ver esta familiaridad con el mundo islámico que nos ha transformado, en cierta manera.

¿Se podría calificar de histórico ese acercamiento? Con un documento tan importante.

El documento es importante e histórico, a mi manera de ver, por un motivo; porque el Papa ha querido firmar un documento y normalmente no se firma; se hacen declaraciones, se mandan mensajes, se hacen reuniones y después se hace un comunicado de prensa… El Papa ha querido, intencionadamente, firmar como un compromiso. Por lo tanto, lo tenemos todos. Y desde aquí hago un llamamiento a los medios de comunicación y a Religión Digital para que se busquen los instrumentos y que, de un modo metódico y regular, se pueda dar a conocer los contenidos del documento de Abu Dhabi. Que pueda ser leído porque está propuesto desde los artistas a los filósofos, a los académicos, a los políticos, a los financieros…

«El documento es importante e histórico, a mi manera de ver, por un motivo; porque el Papa ha querido firmar un documento y normalmente no se firma; se hacen declaraciones, se mandan mensajes, se hacen reuniones y después se hace un comunicado de prensa… El Papa ha querido, intencionadamente, firmar»

Y a los señores obispos…

Y a los señores obispos, que tienen también que promover el diálogo que tantas veces, como ya sabe, cuesta un poco de trabajo porque las circunstancias de una sociedad líquida, en la que los problemas afloran y aleja a las comunidades y a las personas frente a ciertas problemáticas y ciertas realidades, generan reacciones que son negativas con respecto al otro. Pero yo digo que me gusta aceptar. Pienso que es ahí donde hay que trabajar porque a nivel de medios de comunicación y a nivel de educación hay una necesidad muy importante para educar en la alteridad, en el conocimiento del otro. Es lo que el Papa dijo en El Cairo, que hay tres elementos fundamentales: uno, el de mantener la propia identidad; dos, el coraje de conocer al otro objetivamente y de hacerse conocer, y tres, la sinceridad de las intenciones, que es algo fundamental.

A veces ocurre que se tiene la impresión de que hay una desinformación y que la gente se hace una visión errónea de lo que es el otro. Y hablo en un modo ‘reverse’ porque pasa en nuestras sociedades como pasa en las sociedades islámicas. Y muchas veces me pregunto hasta qué punto la gente tiene una visión correcta, objetiva del otro.

Sin prejuicios, que tanto abundan… El cardenal Sako acaba de decir que espera que la iglesia dé ese mismo paso con los musulmanes chiítas, no solo con los sunitas. ¿Es posible?

Claro. Nosotros tenemos ya colaboración con el mundo chiita, y un protocolo. Yo, en noviembre, voy a Teherán como he ido cada dos años. Y tenemos un diálogo muy bueno. Ha habido un diálogo de la Iglesia católica a nivel académico, de intercambio, con expertos en varias materias. E intercambio de enseñanza, sea en Roma en instituciones pontificias, como en la Universidad de Qom, en Irán. La verdad es que sí es posible. En este contexto hay una reacción por parte de todos los países islámicos de querer hacer algo. En este sentido quisiera subrayar que hubo chiitas que fueron a Abu Dhabi, donde la declaración se hizo al final de una conferencia global. Y en esa conferencia global hubo chiitas.

Pero lo que pasa es que la firma sí fue solo con el Gran Iman de los sunitas

La firma fue exclusiva del Papa por la amistad y el vínculo que hubo y porque se fraguó de esta manera. Por eso para mí, ya lo he dicho muchas veces, no hay que preguntarse ni el cómo, ni el cuándo, ni el dónde porque esto no es lo importante del documento de Abu-Dhabi; a veces nos quedamos solo en por qué se ha hecho en Abu Dhabi y por qué han firmado el Papa y el Gran Imán.

¿Lo importante es el qué?

Exacto. Hoy hay una gran necesidad de fraternidad humana y el mundo lo que necesita es, como ya he dicho repetidas veces, también en los medios de comunicación, que vayamos a la esencia. La esencia es el abc de los principios fundamentales de nuestro ser humano: vivir en fraternidad, en paz y en convivencia pacífica. Y la verdad es que esto sorprende porque es el abc y ha habido reacciones fuertes o negativas con respecto al documento, pero se queda un poco en la superficie.

Y reacciones negativas dentro de la propia Iglesia.

Normalmente han sido todas muy positivas, en general. Sí ha habido algunas observaciones ad intra de la Iglesia. Yo no conté estas críticas que se han hecho porque tienen su motivación pero, si se va a la raíz de la cuestión, este documento se ha hecho con cuatro ojos y cuatro manos y ha habido todo un respetuoso diálogo donde integrar toda una serie de elementos. Y no es que uno se venda por complacer al otro, o para que el otro haga o para que nosotros renunciemos a nuestros valores. A nivel de pluralismo, por ejemplo, ha habido una serie de referencias que la Iglesia siempre ha defendido. Después, el Papa también subrayó, en su viaje de regreso, que el documento no se había salido ni un ápice de lo que era el espíritu del Vaticano II. Y que había consultado al teólogo de la Casa Pontificia. Además, que el pluralismo religioso en la Iglesia católica no quiere decir que todas las iglesias sean iguales, donde perdemos terreno y nos ponemos igual a los demás. Pero lo que sí es verdad es que en el mundo hay muchas religiones y nosotros, desde el punto de vista interreligioso, tenemos que saber activar una relación, como quiere el Papa, de respeto y de amistad a través de la cual podamos defender la igualdad como seres humanos que somos, también creyentes, con diferentes visiones pero sin renunciar a nuestra propia identidad, sino reclamando un poco la sinceridad de las intenciones.

«En el mundo hay muchas religiones y nosotros, desde el punto de vista interreligioso, tenemos que saber activar una relación, como quiere el Papa, de respeto y de amistad»

No es un renunciar a nuestras creencias. Nosotros, cuando promovemos el diálogo auténtico, siempre decimos que tenemos que estar auténticamente enraizados en nuestra tradición. Como decía el papa Benedicto XVI: “hoy hace falta una buena educación de la doctrina cristiana en nuestros fieles y una buena información sobre la fe de los demás”.

De lo que se trata aquí es, desde nuestra integridad, conocer al otro para saber que somos diferentes. Y esto nos refuerza, porque nos ayuda a redescubrir lo que nosotros somos y nos proporciona una consolidación de nuestra propia identidad. Esto se lo he explicado a nuestros estudiantes más de una vez: Yo soy de Sevilla, y me di cuenta y supe lo que significaba ser sevillano, cuando me fui al extranjero de misionero. Si no hubiera salido nunca de España y me hubiera quedado en mi tierra, vería que es mi tradición, mi cultura, mi modo de comer. Pero tuve que salir para estar unos años comiendo macarrones, no para echar de menos la tortilla de patatas. Salir me ayudó a descubrir qué significaba ser sevillano o ser español. Y este es el proceso, con una imagen un poco banal.

Cuando uno sale de sí mismo para conocer otra realidad, no hace más que redescubrirse a sí mismo y descubrir que somos diferentes. Pero, a partir de esa diferencia hay una plataforma común, que es la humana, a través de la cual hay que promover la fraternidad para vivir en paz. Para promover la convivencia común.

¿Europa y España siguen siendo islamófobas, en el fondo?

Hay movimientos islamófobos en todas las partes del mundo y quiero decir con esto que quizás hay que remontarse un poco al 11 de septiembre. Ese día dijimos, los medios de comunicación, muchas veces, que habría un antes y un después. Y en el después del 11 de septiembre, con las subsiguientes guerras, conflictos y problemas que surgieron, se creó toda una estructura a nivel de medios de comunicación que llevó a un gran sector de la población a rechazar todo lo que era islámico.

Desde entonces esto ha ido creciendo y no se ha llegado todavía a valorar, por parte occidental, la necesidad de ese conocimiento objetivo y ese saber distinguir lo que es genuinamente parte de la religión y lo que es manipulación de valores religiosos pertenecientes a una religión concreta. Por lo tanto, creo que ahí hay mucho en lo que trabajar. Y, por medio de la educación, ayudar a estos colectivos, que tienen también sus motivaciones lógicas.

Aunque no soy nadie para hacerlo, cuando veo a los terroristas que hacen uso de las fuentes de la religión islámica para justificar sus acciones, esperaría y desearía que sean los mismos musulmanes los que denuncien la falsedad de estas afirmaciones, que tanto daño están haciendo en el mundo, para destruir esa islamofobia que hay, proponiendo una interpretación de los textos en los cuales ellos creen y que podría dar un giro de 360 grados para reconocer, desde la diferencia, los valores de la religión del otro y, al mismo tiempo, para ir reduciendo esa reacción visceral que ha surgido a nivel de islamofobia.

¿Esos textos son compatibles con la democracia occidental? Hay quien dice que lo que les falta a los musulmanes es un Concilio Vaticano II que ponga al día su doctrina.

La renovación siempre es parte del proceso de todo colectivo humano, de toda sociedad y de toda cultura que va asimilando y asimilando. También a nivel religioso. Pasa con el cristianismo, y pasa con la Iglesia, estar en continuo movimiento y en continua renovación.

Yo, como he estado enseñando en este centro de estudios islámicos, he visto la riqueza de teólogos clásicos del Islam que tienen una visión maravillosa de lo que es la religión islámica. Y que, haciendo uso de la razón, llegan a conclusiones teológicas que, hoy con el Islam político, se han llegado, a veces, a ignorar. Toda esa riqueza y todo ese patrimonio dados de lado para imponer una visión un poco ciega, de simple obediencia y de simple sumisión a lo que dictan algunos desvirtuadores de la propia religión.

«Se trata de conocer al otro para saber que somos diferentes»

Usted que forma parte de la Curia, las resistencias tan tremendas que nos llegan ¿son reales o no son ustedes tan malos como decimos?

Son ficticias.

¿Totalmente?

Créame, hay un clima de mucha familiaridad, de mucha hermandad y creo que sea más lo que se dice que lo que se hace.

Claro, en la complejidad de todos estos dicasterios, congregaciones y estructuras siempre la colaboración puede resultar más fácil o más difícil. Se trabaja muchísimo. Todos, desde el sencillo portero hasta el último. Y yo le puedo afirmar, solo como un juicio personal, que siempre he visto un clima muy bueno, muy simpático. Y cuando he leído algo de lo que usted me pregunta, siempre me deja un poco sorprendido, pienso: «o soy tonto, o vivo en otro planeta».

Pero el Papa sí que les zurra -como decimos en España- y habla de las enfermedades curiales, todos los años, en el discurso a la Curia.

Sí, pero él lo que quiere es, un poco, ayudarnos a crecer. Esto lo hace un padre con sus hijos.

Con el corazón en la mano, desde que entré a formar parte de la curia romana me he sentido como entrando a formar parte de una familia. Y me siento parte de esa familia. El que me comunicó mi nombramiento de creación de cardenal fue el comandante Gianni, de la gendarmería romana que, apenas oyó mi nombre, me llamó para felicitarme. Y yo todavía no lo sabía, porque me había escrito mi secretaria para decirme: “Miguel, qué alegría y qué emoción escuchar al Papa pronunciar tu nombre”.

El día que se quedó en el ascensor con sus nombramientos en el bolsillo.

Sí, ese día. Entonces, lo que pasa es que tú ves el cariño, el arropamiento, el acercamiento, el aprecio y, la verdad, no veo lo que me dices. Lo que veo es que Roma, la curia y su entorno, tiene esa fascinación mediática que vende mucho, en el sentido de que cualquier cotilleo tiene mucho morbo.

Cómo ve la Iglesia española que conoce: ¿Goza de buena salud? ? ¿Estamos en el buen camino? ¿Seguimos al Papa como debiéramos?

Yo creo que sí. No puedo hacer un juicio porque he estado siempre fuera. Yo soy un misionero y solamente he venido de vacaciones. Pero creo que sí porque creo que hay que tener en cuenta que, como dice el filósofo Bauman, hoy vivimos en una sociedad líquida, queremos soluciones momentáneas y se crea toda esta serie de problemáticas que generan ansiedad, problemas, rivalidades.

España siempre se ha distinguido, un poco, en toda nuestra historia pasada, por un cierto anticlericalismo, por reacciones en pro y en contra. Estas dos Españas siempre han estado presentes en nuestra historia.

La realidad, no solamente española, sino europea y occidental, está atravesando momentos difíciles. Yo quiero señalar que con la crisis económica que hemos tenido que pasar estos años pasados, estoy convencido de que en buena parte lo que nos ha ayudado a salir ha sido el espíritu de familia humana; el apoyo de padres a hijos y también el sostenimiento de la Iglesia a tantas familias. Como digo, no conozco la realidad por mucha ausencia, pero sé de muchos párrocos que pagan facturas de gastos de las casas; la energía, la hipoteca y la comida de mucha gente pobre.

El colchón familiar.

Que ha favorecido muchísimo. Por lo tanto, yo sería optimista. El hecho de que se vean evidencias de crisis, no es evidencia de crisis en la Iglesia española. Son evidencias de crisis en una sociedad global que, en nuestro contexto nacional y español, estamos sufriendo e intentando superar. Pero, como dice el refrán, de todo se sale menos de la muerte.

¿Cómo le sienta a usted y a sus hermanos que vaya a ser el primer cardenal de los Combonianos?

Tanto a mi familia carnal como a mi familia religiosa de los Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús, la noticia de ser el primer cardenal, nos ha cogido de sorpresa y ha originado una gran alegría en todos nosotros. También entre sevillanos parece que haya mucha alegría por volver a tener un hijo nacido en la ciudad cardenal, después de más de un siglo, según ha reportado un periódico regional.

«La noticia de ser el primer cardenal, nos ha cogido de sorpresa y ha originado una gran alegría en todos nosotros».

¿Va a ser usted también el primer cardenal bético, el club de sus amores?

Hay también mucha ilusión y alegría entre béticos por tener a un primer cardenal entre ellos, pero temo que los que más contentos están sean los del equipo rival que desean llegue la hora de la creación a cardenal para verme de “colorao”. Ay Señor no tenemos remedio… hasta ha sido publicado en la prensa…

Publicado en:  https://www.religiondigital.org/vaticano/Ayuso-cardenal-misionero-curia-dialogo-interreligioso_0_2161883792.html

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