Fiesta de San Daniel Comboni

Roma, 10 de octubre 2019
“El ejemplo de Comboni nos ilumina para vivir como familia intercultural en fraternidad, signo de que Dios está presente en medio de nosotros. Nos unimos a todos vosotros bajo la intercesión de María, nuestra Madre y Estrella de la Evangelización, y de San Daniel Comboni y os deseamos una feliz fiesta.” (El Consejo General)

Fiesta de San Daniel Comboni

San Daniel Comboni supo conjugar espiritualidad y misión de una manera formidable.

«En efecto, anunciar el Evangelio no es para mí una jactancia, porque es una necesidad que se me impone:
¡ay de mí si no anuncio el Evangelio!»
(1 Cor 9:16)

«Pero el Misionero confía en la misericordia de Dios y, dispuesto a la lucha, parte al campo de trabajo guiado por la esperanza que lo abandona nunca. Mientras, sopla sobre la embarcación un viento favorable, y el viaje comienza.»
(E 4946).

Queridos hermanos, saludos y oraciones desde Roma, este mes de octubre está marcado por dos acontecimientos eclesiales muy significativos: el Mes Misionero Extraordinario y el Sínodo Especial para la Amazonia. Para nosotros, misioneros combonianos, está marcada también por la memoria agradecida de nuestro Padre y Fundador, San Daniele Comboni. El pasado 30 de septiembre, como Consejo General, tuvimos la gracia de participar, junto con otros Institutos misioneros de fundación italiana, en una audiencia con el Papa Francisco, en la que nos animó a vivir nuestra misión evangelizadora con la misma pasión y valentía que nuestros fundadores. La vida de San Daniel Comboni gira en torno a la urgencia de llevar el Evangelio al corazón de África. Su espiritualidad y antropología están enraizadas en el corazón de Cristo, de donde brota la profunda convicción del amor de Dios por toda la humanidad, especialmente por los más necesitados. San Daniel Comboni supo conjugar espiritualidad y misión de una manera formidable: vive lo que cree y logra materializarlo en una obra que proyecta la visión del Reino en su contexto histórico concreto.

Hoy vivimos también en un tiempo de gran agitación, que nos presenta muchos desafíos, pero también muchas oportunidades para vivir plenamente nuestra misión. Este es el tiempo de gracia que estamos llamados a vivir y que requiere una actitud permanente de conversión en fidelidad al Evangelio. El Papa nos recordó que la acción misionera sólo puede ser vivida desde una profunda relación de confianza con Jesús. Cuando leemos los escritos de Comboni nos damos cuenta de que, a pesar de todos sus sufrimientos, siempre encontró un apoyo enorme en su fe en el Padre que nunca lo abandonaría. Cada uno de nosotros está llamado a encarnar en su vida el carisma del que somos testigos a pesar de nuestras limitaciones que, cuando nos dejamos curar por la experiencia del perdón del Padre, dejan de ser un obstáculo.

La vocación ad gentesad vitamad extra y ad pauperes es nuestro signo de identidad dentro de la Iglesia, pero también para la sociedad en general. Dejamos nuestra familia, nuestro país, nuestros amigos y nuestra cultura por Cristo resucitado. Salir es esencial para nuestro ser misioneros, es abandonar nuestro espacio de seguridad para renacer en una nueva cultura, dentro de otra familia humana con la que compartimos alegrías, tristezas y esperanzas. Vivir con otros pueblos nos coloca en una situación de vulnerabilidad que es, al mismo tiempo, un testimonio de que nuestra opción de vida se sustenta en la fe y se manifiesta en nuestra pasión por el Reino. Es también una invitación al pueblo de Dios a mantener la conciencia de que están continuamente «en salida» para hacer de su vida un don para los demás.

Este año celebramos el año de la interculturalidad y, de hecho, nuestro Instituto es cada vez más internacional, signo de nuestro deseo de crecer como fraternidad en torno al Evangelio, como quería Comboni. Vivir en comunidades internacionales es una auténtica escuela de humanidad que nos ayuda a desarrollar nuevas habilidades, como por ejemplo, la capacidad de relacionarnos, esenciales para el anuncio del Evangelio. Los escritos de nuestro fundador revelan su capacidad para tender puentes con todo tipo de personas, independientemente de su estatus social o nacionalidad. El Plan para la Regeneración de África nos muestra esa pasión por los más vulnerables y la plena confianza en las personas como constructores de su propia historia y miembros corresponsables de la Iglesia. El ejemplo de Comboni nos ilumina para vivir como familia intercultural en fraternidad, signo de que Dios está presente en medio de nosotros.

Nos unimos a todos vosotros bajo la intercesión de María, nuestra Madre y Estrella de la Evangelización, y de San Daniel Comboni y os deseamos una feliz fiesta.

El Consejo General

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