CUANDO DIOS LLAMA

Reflexiones para jóvenes que buscan a Cristo… y están dispuestos a seguirlo por dónde Él los llame, ¡con valentía y generosidad!

P. Fabrice Giovanni Agbetiafa

«La llamada del Señor—la vocación – se presenta siempre así: “Si alguno quiere venir detrás de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”.

Sí: la vocación exige renuncia, sacrificio. Pero ¡qué gustoso resulta el sacrificio la renuncia es completa!» (S. Escrivá de Balaguer).

Quisiera que estas reflexiones pudiesen servir de ayuda a aquellos que sienten la llamada de Dios, tienen una inquietud, se plantean qué sentido radical dar a sus vida, y se resisten a seguimiento de Cristo. Puede que sirvan de mucho o de poco, pero pienso que el intento vale la pena.

Y van dirigidas principalmente a todos aquellos que, dentro del mundo, buscan a Cristo, «…para seguir a Cristo, para servir a la Iglesia, para ayudar a los demás hombres a reconocer su destino eterno; no es indispensable abandonar el mundo o alejarse de él, ni tampoco hace falta dedicarse a una actividad eclesiástica; la condición necesaria y suficiente es la de cumplir la misión que Dios ha encomendado a cada uno, en el lugar y en el ambiente queridos por su Providencia». Será, normalmente, en el marco de la actividad profesional -en el taller, en la clase, en el campo, en la fábrica, en la universidad, en el hogar…- nuestro encuentro con Cristo. ÉI nos sale al paso, nos pide una limosna de amar: nos pide el corazón. Y cada uno de nosotros debe darle una respuesta personal, sin esconderse en el anonimato, sin intentar rehuir el problema.

Dios nos llama a la santidad dentro de nuestro estado: en el matrimonio -que será para la mayoría- o en el celibato apostólico. De ahí que debamos buscar lo que el Señor nos pide a cada uno «en el ámbito de aquel particular espacio interior en el que ha aprendido a estar en estrecha relación con Dios, ante todo en la oración. El hombre pregunta a Dios: “¿Qué me queda aún?, ¿cuál es tu plan respeto a la vida? ¿Cuál es tu plan creador y paterno?, y cuál es tu voluntad? Yo deseo cumplirla».

Para unos, esa llamada a la santidad será en el matrimonio. Pero a otros puede ser que Dios les pida más. Por Amor hay quien renuncia al amor de una pareja: «el que pueda entender que entienda».

Desde esta perspectiva iremos recorriendo un trozo de nuestro camino. Me gustaría que al final hubieras encontrado tu respuesta, que en último término será la correspondencia libre a lo que Dios te pide.

La santidad, una rebeldía

Y como decía más arriba, Dios nos llama todos a la santidad. Quisiera iniciar estas reflexiones a partir de esta dimensión esencial de nuestra vida cristiana.

«Por lo tanto, todos en la Iglesia, pertenezcan a la Jerarquía o estén regidos por ella, están llamados a la santidad, según las palabras del Apóstol: “Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación” (1 Tes. 4, 3).

Estas palabras del último Concilio nos pueden servir de punto de partida. Todos los cristianos estamos llamados a la santidad. Ésta no es reservado para unos pocos ni es una aspiración vana: es una exigencia de nuestra vocación cristiana. «Fíjate bien: hay muchos hombres y mujeres en el mundo, y ni a uno solo de ellos deja de llamar el Maestro. Les llama a una vida cristiana, a una vida de santidad, a una vida de elección, a la vida eterna.

El cristianismo jamás ha sido un refugio cómodo y cobarde. Las exigencias son grandes. Quizá la palabra santidad, -a base de ser manoseada, puede perder el sentido profundo, exigente, comprometido, que tiene. Vivir en cristiano no es un mero formalismo, no es reducible a unas normas -en último término dominicales y poco más- que se cumplen para tranquilizar la conciencia. Vivir en cristiano es aspirar a la santidad, aspirar cada día a más. Es una rebeldía constante contra las pasiones, el mundo y nuestro yo… Es una aspiración que tiene como término a Dios mismo. Ante Dios no cabe el conformismo, la actitud de quien se contenta con el «cumplir». Por eso, no entiendo que se pueda hacer compatible la santidad con una mediocridad que muchas veces empapa la vida de algunos cristianos. A todos los hombres sin excepción, Cristo les pide qua sean perfectos como su Padre celestial es perfecto (Mt. 5,48). Aquí reside el «secreto» de la vida de un cristiano corriente. Aspirar a la santidad inmerso en el quehacer humano y ordinario.

No obstante, hay como dos puntos extremos que desfiguran la idea que se tiene de la santidad. Para unos es poner caras largas, sombrías, ojos en blanco… Y para otros es cumplir el mínimo y cuando dé la gana: ¡no vayamos a exagerar! La santidad no es ni lo uno ni lo otro. La santidad es cumplir con obras la voluntad de Dios: “no todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre qua está en los Cielos». Dios pide obras, hechos concretos: no palabrería hueca. Pero esa exigencia se lleva con alegría y con buen humor, sin caras largas, pues Dios es el fin de nuestras acciones. No te debe chocar, el que a ti y a mí -personas corrientes- Dios nos pida que seamos santos. Quédate ante tu mirada con esa imagen de un hombre o una mujer normal, atareado, al que no le llegan las horas del día para hacer todo su trabajo… y a éste, precisamente a éste, es al que Dios llama a ser santo.

“No me gusta hablar de elegidos ni de privilegiados. Pero es Cristo quien habla, quien elige. Es el lenguaje de la Escritura: “Nos ha escogido, desde antes de la constitución del mundo, para que seamos santos» (S. Pablo). Dios nos ha elegido a cada uno de nosotros. Nos ha escogido antes de la constitución del mundo. Por una parte, nosotros no hemos hecho nada: es Dios quien llama. Por lo tanto, como es un don gratuito, que no se basa en nuestras condiciones personales, no podemos vanagloriarnos: creernos que, por nosotros, somos algo. Es la gracia de la llamada. ¿Comprendes ahora la grandeza de tu llamada? Dios, porque quiere, nos hace partícipes de su Vida. Nos eleva a un nivel que no podríamos alcanzar con nuestras propias fuerzas: la santidad.

Que tengan una buena reflexión. La próxima reflexión será: Dios llama uno a uno.

3 comentarios

  1. Me gustaría saber más acerca de la congregación y ser parte de ella en un proceso tengo 24 y estuve en una pausa pero ahora me ha vuelto el gusanillo que Dios me ha echo un nuevo llamdo

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