Nueva Evangelización: Una expresión afortunada

San Juan Pablo II pedía siempre una evangelización “nueva en su ardor, nueva en sus métodos, nueva en sus expresiones”.

1. No es necesaria una lectura muy atenta del documento final de Medellín para advertir que hay en él un profundo anhelo de renovación que inspira y unifica el entero texto. De ahí, que las palabras: nuevo, nueva, renovación, revisión, cambio, proceso, transformación… son las más recurrentes.

El documento se abre con un Mensaje a los Pueblos en que se presentan los objetivos de la II Asamblea General del Episcopado Latinoamericano. Entre ellos se destaca, “alentar una nueva evangelización en catequesis intensivas que lleguen a las élites y a las masas para lograr una fe lúcida y comprometida”.

La expresión Nueva Evangelización de ese modo había sido introducida en el lenguaje eclesiástico, aunque sin prever el alcance que tan rápidamente hubiese logrado.

El Documento de Puebla, fruto de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, en su número 376, llama la atención y con urgencia, hacia “situaciones que requieren una nueva evangelización”.

De su parte, San Juan Pablo II, con ocasión de empezar la novena de años para celebrar el quinto centenario de la Evangelización en América Latina, encontrándose en Puerto Príncipe (Haití), el 9 de marzo de 1983, glosó la expresión Nueva Evangelización. Lo hizo lanzando aquellas tres afirmaciones que todos (¿?) conocemos: la Nueva Evangelización lo debe ser, encontrando y suscitando “nuevos métodos, nuevas expresiones y nuevo fervor de los apóstoles”.

Desde aquella ocasión, San Juan Pablo II, en sus visitas apostólicas a los distintos continentes iba evidenciando y matizando nuevos aspectos y diversas aplicaciones de la Nueva Evangelización. En África, la Nueva Evangelización implicaba, ante todo, asumir la propia responsabilidad en la evangelización del Continente; presentar la experiencia contemplativa cristiana en Asia; reevangelización desde las raíces culturales, en Europa y Occidente en general. Para nuestra América Latina, el Papa Juan Pablo II iba repitiendo la conocida trilogía: “nueva en su ardor, nueva en sus métodos, nueva en sus expresiones”.

2. Ya no cabía volver atrás… El Documento de Santo Domingo (IV Conferencia General del CELAM) en 1992, dedica a la Nueva Evangelización todo el capítulo primero de la segunda parte. En él se enfatiza que se trata de un “concepto operativo y dinámico” y ofrece de ella una definición descriptiva: “Es el conjunto de medios, acciones y actitudes aptos para colocar el Evangelio en diálogo activo con la modernidad y lo postmoderno” (24). De ella todos somos responsables, con el objetivo de “formar hombres y comunidades maduras en la fe y dar respuesta a la nueva situación que vivimos”. Su contenido esencial y siempre imprescindible es “Jesucristo, Evangelio del Padre”, y su modalidad (¡ya bien conocida y comentada!) es ser “nueva en su ardor, nueva en su método, nueva en su expresión” (25-30).

A partir del hecho de que sólo una Iglesia evangelizada es capaz de evangelizar, como tanto había puesto de relieve Pablo VI, el Documento de Santo Domingo afirma: “la Nueva Evangelización exige la conversión pastoral de la Iglesia. Lo toca todo y a todos: en la conciencia y en la praxis personal y comunitaria, en las relaciones de igualdad y de autoridad; con estructuras y dinamismos que hagan presente cada vez con más claridad a la Iglesia, en cuanto signo eficaz, sacramento de salvación universal” (30).

El Documento de Santo Domingo, en este primer capítulo de su segunda parte, amplía y profundiza cuanto San Juan Pablo II ya había expuesto en su encíclica misionera la Redemptoris Missio, de 1990. “La Nueva Evangelización -el Papa había escrito- se orienta a una situación intermedia, especialmente en los países de antigua cristiandad, pero, a veces también en las iglesias más jóvenes, donde grupos enteros de bautizados han perdido el sentido vivo de la fe o, incluso, no se reconocen ya como miembros de la Iglesia, llevando una existencia alejada de Cristo y de su Evangelio” (RMi 33).

La Nueva Evangelización debe hacerse pues, la respuesta comprometida a los desafíos, de todo tipo con que la Iglesia se está enfrentando en este nuestro tiempo de “cambio de época”. No bastan los intentos para lograr “nuevos métodos y nuevas expresiones”, sino, que lo más urgente es recuperar el modelo paradigmático de renovación comunitaria que nos viene de las primitivas comunidades cristianas (cf Hch 2, 42-47). Por su fervor, en ellas la Iglesia aparecía ante todo como nueva comunidad fraterna y muchos se le unían (cf 2, 47). De la comunión brotaba y se sostenía una extraordinaria fuerza de irradiación y de expansión.

3. Sorprende que el amplio Documento final de la V Conferencia General del CELAM celebrada en Aparecida, Brasil, en el 2007, casi no use la expresión Nueva Evangelización. Encontramos una referencia a ella, de paso, cuando el documento se refiere a las Pequeñas Comunidades Eclesiales. “Para la Nueva Evangelización -leemos- y para llegar a que los bautizados vivan como auténticos discípulos y misioneros de Cristo, tenemos un medio privilegiado en las Pequeñas Comunidades Eclesiales” (307).

Sin embargo, lo que podríamos llamar “espiritualidad de la nueva evangelización” atraviesa e impregna todo el documento de Aparecida. Baste este texto: “Esta V Conferencia, recordando el mandato de ir y de hacer discípulos (cf Mt 28, 20) desea despertar la Iglesia de América Latina y El Caribe para un gran impulso misionero. No podemos desaprovechar esta hora de gracia. ¡Necesitamos un nuevo Pentecostés! ¡Necesitamos salir al encuentro de las personas, las familias, las comunidades y los pueblos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo, que ha llenado nuestras vidas de “sentido”, de verdad y amor, de alegría y esperanza! […] Somos testigos y misioneros: en las grandes ciudades y campos, en las montañas y selvas de nuestra América, en todos los ambientes de la convivencia social, en los más diversos “areópagos” de la vida pública de las naciones, en las situaciones extremas de la existencia, asumiendo ad gentes nuestra solicitud por la misión universal de la Iglesia (548).

Con este amplio texto, ya nos sentimos “lejos del sentido originario con que el Documento de Medellín, de hace 50 años, usó por primera vez la expresión Nueva Evangelización. Aquí la expresión lo abarca todo: toda la actividad evangelizadora de la Iglesia está llamada a ser real y prácticamente Nueva Evangelización.

Es así como la entiende también nuestro Papa Francisco en su Exhortación Apostólica y programática de su pontificado, Evangelii Gaudium sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual. En efecto, en su número 14 el Papa nos recuerda que del 7 al 28 de octubre del 2012 se celebró la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre el tema La Nueva Evangelización para la Transmisión de la Fe Cristiana y añade: “La Nueva Evangelización convoca a todos y se realiza fundamentalmente en tres ámbitos. En primer lugar, el ámbito de la pastoral ordinaria, animada por el fuego del Espíritu para encender los corazones de los fieles que regularmente frecuentan la comunidad. En segundo lugar, recordamos el ámbito de las personas bautizadas que no viven las exigencias del Bautismo y que no tienen una pertenencia cordial a la Iglesia. Y, finalmente, remarquemos que la Evangelización está esencialmente conectada con la proclamación del Evangelio a quienes no conocen a Jesucristo o siempre lo han rechazado. San Juan Pablo II nos invitó a reconocer que es necesario mantener viva la solicitud por el anuncio a los que están alejados de Cristo, porque esta es la tarea primordial de la Iglesia […] La causa misionera debe ser la primera […] ella es el paradigma de toda obra de la Iglesia” (14-15).

Como podemos apreciar, lo que ha hecho el Papa Francisco consiste en un poner orden en el contenido del anterior texto de Aparecida (548). Se nos invita pues, a considerar la Nueva Evangelización no sólo como una actividad específica, sino, como la que debe impulsar todo esfuerzo de fidelidad al mandato de Cristo: “como el Padre me ha enviado, así yo los envío a ustedes” (Jn 20, 21), lo que equivale a tener constantemente presente la afirmación de San Juan Pablo II: “¡Iglesia, tu vida es misión!”.

+ P. Vittorino Girardi Stellin, mccj

Obispo Emérito Tilarán – Liberia

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