Vincenzo Turri, misionero comboniano, falleció el pasado 12 de octubre en Castel D’Azzano (Verona, Italia). Tenía 85 años de edad. En los últimos años había sufrido mucho debido a un tumor maligno en la oreja izquierda. En las últimas semanas se había agravado propagándose en otros órganos de su cuerpo. Trabajó en Centroamérica de 1982 hasta 2014.
El 19 de octubre celebramos en la parroquia Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa de Barrio Cuba una solemne eucaristía de requien en su memoria presidida por el P. Víctor-Hugo Castillo Matarrita, superior provincial en Centroamérica.
A continuación la homilía del P. Víctor-Hugo.
En Memoria de P. Vicente Turri
Lagosanto (FE) 05 octubre 1933 – Castel D’Azzano (VE) 12 octubre 2018
Parroquia Medalla Milagrosa, Barrio Cuba – San José – Costa Rica
19 octubre 2018
“Señor, qué es el hombre para que te acuerdes de él; el ser humano para darle poder? Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad” (Salmo 8).
Es ese misterio del hombre, del ser humano que contemplamos cuando en nuestro camino nos topamos a algún misionero que marca nuestra vida. Sí, muchos de nosotros hemos sido marcados por la persona y testimonio de P. Vicente Turri. Su paso por nuestra tierra, por tierras centroamericanas ha dejado huella. Una huella en la memoria pero también en el corazón: la huella de la misión, la huella del misionero entusiasta que con su timbre de voz y su grande creatividad nos cautivó.
Vicente Turri:
- Nació en Lagosanto, Provincia de Ferrara -Italia- el 05 octubre 1933
- En el año 1945 -a los doce años- entró en el seminario de Comacchio
- En 1950 entró en el Instituto de los Misioneros Combonianos de Verona.
- Fue ordenado diácono por el Card. Montini (desde el domingo pasado -14- San Pablo VI). Y en 1959, el 14 de marzo, fue ordenado sacerdote por Mons. Giovanni Mocellini, obispo de Comacchio, en la ciudad de Mezzogoro, en donde era párroco su tío Mons. Giuseppe Turri. El 15 de marzo (día del nacimiento de san Daniel Comboni) celebra su primera misa en su tierra natal Lagosanto.
- En 1962 parte como misionero hacia la Baja California. Y en 1970 en México inicia su actividad de animador misionero.
- En 1982, después de veinte años en México, es destinado a Costa Rica para el servicio de la animación misionera.

En la Parroquia de Barrio Cuba, Costa Rica, este viernes 19 de octubre se vivió una celebración especial, recordando al gran misionero.
Aquí, conocemos el gran impacto que tuvo: promoviendo encuentros, grupos misioneros en las parroquias, cursos de formación para animadores misioneros, para jóvenes, adolescentes y niños de la infancia misionera. Organizó igualmente congresos parroquiales siempre en la dimensión de la misión ad gentes. Escribió y difundió mucha literatura misionera difundiendo libros y las revistas Esquila Misional y Aguiluchos para niños. Visitó muchas escuelas y colegios transmitiendo su entusiasmo y promoviendo las vocaciones entre los más jóvenes. Interactuó con muchos amigos y bienhechores compartiendo la pasión por la misión a través del boletín “Iglesia Comunidad Misionera”. Su voz era ya muy conocida a través de las ondas de la radio con programas sobre la misión ad gentes pero también para los jóvenes en la promoción de las vocaciones misioneras. Muchos de nosotros, combonianos y combonianas nos reconocemos fruto de su inmensa labor y pasión misionera.
Fue uno de los grandes promotores, junto al P. Gianpiero Pini, de la construcción del seminario en Sagrada Familia.
- En 1989 sus superiores le pidieron que se trasladara a Guatemala a iniciar ahí lo que ya aquí en Costa Rica se había consolidado y otros podían continuar. En espíritu de obediencia tomó su valija y se trasladó a la Ciudad de Guatemala. Desde ahí también recorrió casi todo el país de Norte a Sur de Este a Oeste. Algunos años después se trasladó a El Salvador en donde transcurrió los últimos años de su servicio misionero en Centroamérica.
En todos los lugares en donde trabajó como misionero siempre mantuvo la misma metodología misionera y la misma pasión por su vocación y misión. Los límites logísticos de la época no le impidieron organizar su trabajo. Las teclas de su máquina de escribir resonaban hasta tarde por la noche o muy temprano por la mañana. Los esténciles fueron su mejores aliados en la multiplicación del material que producía para la animación misionera.
En Costa Rica, Guatemala y El Salvador siempre fue muy apreciado por sacerdotes y obispos que lo conocieron. Muy amado y estimado por todos los que lo encontraban. Y es que, quien lo escuchaba hablar no quedaba indiferente. Tenía una grande capacidad de cautivar y convencer. P. Vicente junto al P. Enrique Faré (+) hacían un dúo impresionante de misioneros apasionados por la misión ad gentes. Muchos de nosotros hemos tenido la suerte y… la gracia de conocerles y recorrer “algunos kilómetros misioneros” con ellos.
- En el año 2014 pidió regresar a Italia, su tierra natal, para seguir ahí su labor en la animación misionera. Algunos de nosotros buscamos el modo de convencerlo de quedarse con nosotros, pero no lo logramos. Estaba convencido de que su misión en Centroamérica había terminado. Marchó con la misma ilusión misionera con la que había gastado los mejores años de su juventud en Centroamérica y México.
Cuando P. Vicente abría su corazón surgían de él momentos bellísimos de su vocación misionera y comboniana. Afirmaba:
- Busco inútilmente el origen de mi vocación: desde niño me sentí inclinado, casi de manera instintiva, hacia la vida sacerdotal; sentía que solo de esa manera podía ser feliz. Mis padres y mis maestros siempre me animaron profundamente.
- Me gustaba ir al catecismo, a las reuniones y a las fiestas que se celebraban en mi parroquia. Me sentía contento cuando los sacerdotes me confiaban alguna tarea o responsabilidad.
- Sentía que la misión en otros continentes me atraía irresistiblemente: ese era mi camino.
Hombre bueno y muy humano

El Padre Provincial recordó al hombre bueno, al misionero que se gastó y desgastó, al consagrado para mostrar a Dios.
Los testimonios sobre él lo definen como un “testigo discreto y reservado, entusiasta”; persona muy dulce y de gran corazón. A su timbre agradable de voz se unía un gesto de cariño y fraternidad que mostraban al Trascendente.
El Padre Vicente fue un hombre bueno, humilde y de grande amabilidad. Siempre con sus chistes hacía reír incluso a quien había olvidado que en la vida también se vale sonreír.
La humildad es la capacidad del Señor, cuyo poder es servir y amar. Humilde es quien no hace valer los propios derechos, cedía antes que enojarse. Humildad es la capacidad de reconocer que en las relaciones personales es más eficaz la pasión persuasiva del amor que la coacción. Humildad es la capacidad de creer en la fuerza de la amistad. Quien ama siempre es humilde. Por eso el Padre Vicente tenía muchos amigos. Siempre lo recordaban y pedían noticias de él.
Vicente era un hombre bueno que se dejaba tocar por el dolor y el sufrimiento ajeno. En dos ocasiones, una antes de ser provincial y la otra ya de provincial en un diálogo fraterno que tuve con él, fui testigo de que el misionero sencillo y humilde que en él veía, también había la fragilidad que se asomaba a través de sus lágrimas. Los misioneros también lloran. El dolor y el sufrimiento de tanta gente que encontramos por el camino nos enseña a llorar.
Gracias P. Vicente por el don generoso de tu vida ofrecida en tierras centroamericanas hasta que tus fuerzas te lo permitieron. Gracias por haber amado la Iglesia, el Instituto y la misión ad gentes.
Gracias por haber permanecido con nosotros como hombre humilde y sencillo, a imagen de Cristo. Tu testimonio nos edifica.
Gracias por la paciencia con la que has soportado la enfermedad que te acompañó durante tus últimos días mientras, como afirma el apóstol Pablo, tu cuerpo exterior se iba consumiendo.
La semilla de la Palabra que has sembrado en estas tierras, a su tiempo seguirá dando frutos. Que el Señor Jesús que desde siempre te amó te acoja en sus brazos y te conceda el premio prometido a los siervos fieles.
¡Descansa en Paz!
Pbro. Victor-Hugo Castillo Matarrita, mccj
Padre provincial, PCA

