Profetas: La Nueva Alianza

VII Lección de Aula Misionera

Hemos empezado un estudio sobre la misión en la Biblia. Hemos visto que desde las primeras páginas del Génesis, Dios hace vislumbrar su decisión de no abando­nar a la humanidad y le promete la salvación, esto es, la reintegración del género humano a su plan inicial: estar con Dios, gozar de su intimidad. Esta restauración se realizará a obra de un descendiente de la mujer.

La Biblia subraya la fidelidad de Dios a su promesa. El pueblo elegido no responde a las atenciones y cuidados de Dios y le indispone con sus múltiples infidelidades a la Ley. En lugar de ser guía de los otros pueblos, en lo referente al conocimiento y al culto del verdadero Dios, se convierte en piedra de tropiezo.

Desde el Génesis, Dios nos revela que siempre quiere estar con nosotros, que siempre busca la salvación para nosotros.

Los profetas, verdaderos “sismógrafos” de Dios, advierten la gravedad de la situación y llaman la aten­ción del pueblo y de los jefes. Estos no se dan por enten­didos y continúan en sus prevaricaciones.

Pese a la situación, la fe de los profetas no vacila. Intu­yen el plan de Dios. Su misericordia y fidelidad son para siempre. Dios no puede abandonar a su pueblo, ni renun­ciar a su plan de salvación. Yahvé hará una nueva alianza y la escribirá en el corazón de la gente, no en las tablas de la Ley. De ella se beneficiarán todas las naciones. Veamos dos textos preciosos al respecto: uno de Jeremías y otro de Zacarías: “He aquí que vienen días -oráculo de Yahvé- en que Yo pactaré con la casa de Judá una nueva Alianza; no como la alianza que pacté con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto… Sino que esta será la alian­za que Yo pacte con la Casa de Israel, después de aque­llos días -oráculo de Yahvé- pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré y Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.Ya no  tendrán que adoctrinar más el uno a su prójimo y el otro a su hermano, diciendo: conozcan a Yahvé, pues, todos me conocerán del más chico al más grande -orácu­lo de Yahvé- cuando perdone su culpa, y de su pecado no vuelva a acordarme” (Jr 31,31-34).

“Así dice Yahvé Sebaoth: todavía habrá pueblos que vengan, y habitantes de grandes ciudades. Y los habitantes de una ciudad irán a la otra diciendo: Ea, vamos a ablan­dar el rostro de Yahvé y a buscar a Yahvé Sebaoth: Yo tam­bién voy. Y Vendrán pueblos numerosos y naciones pode­rosas a buscar a Yahvé Sebaoth en Jerusalén y a ablandar el rostro de Yahvé. Así dice Yahvé Sebaoth: en aquellos días, diez hom­bres de todas las lenguas de las naciones asirán por el man­to a un judío diciendo: Queremos ir con ustedes, porque he­mos oído decir que Dios está con ustedes” (Za 8,20-23).

Estos profetas han tomado conciencia de que la salva­ción misericordiosa de Dios superará los límites angostos del templo y de la Ley escrita, para realizarse en el cora­zón de todos los humanos, que buscan sinceramente a Dios. Elección y Alianza no tendrán nada de automático, racista o puramente exterior: todo dependerá de la respuesta que cada persona dé al amor de Dios salvador.

Este universalismo empalma con la gran promesa hecha a Abraham y encuentra eco en muchas otras antiguas pro­fecías, que anunciaban la venida a Jerusalén de todas las naciones: (Is 2, 2-4; Mi 4, 1-4; Za 2, 14-15).

1. Jonás misionero contra su voluntad

Hay en la Biblia otros elementos muy significativos de una mentalidad abierta a los paganos y preocupada de su sal­vación. Recordemos al respecto la oración apasionada y atrevida de Abraham, que implora misericordia sobre los ha­bitantes de las dos ciudades perdidas de Sodoma y Gomorra, destinadas al exterminio.

Abraham le recuerda a Dios que en las ciudades de Sodoma y Gomorra hay personas buenas.

Abraham le recuerda a Dios que en esas ciudades hay personas buenas. ¿No les perdonarías a todos si hubiera en ellas, pongamos, 50, 40, 30, 20, 10 justos?

La respuesta de Dios es siempre: Sí les perdonaría.

Lástima que Abraham no continuó insistiendo. Dios le hu­biera dicho que por “uno solo” perdonará a todos. Por el único justo, Jesús, Dios nos ha perdonado a todos.

Al respecto es extraordinariamente bello y aleccionador el libro de Jonás, el único profeta misionero, explícitamente enviado a predicar la conversión y la misericordia de Dios a los paganos arrepentidos. Cualquiera que sea el género literario de este documento, se nota, en la resistencia del pro­feta, la incomprensión del pueblo de Israel en lo referente a la bondad misericordiosa de Dios, que quiere salvar a todos y no sólo a un grupo selecto y restringido.

El diálogo al final del libro pone en evidencia la discre­pancia entre el plan de Dios y la mentalidad del pueblo. La pequeña parábola es muy significativa. Dios ha hecho cre­cer en la tierra un ricino, cuyas hojas dan sombra al profeta. Un gusano ataca la raíz del ricino y éste se seca.

Los rayos del sol abrasador despiertan al profeta, que in­dispuesto, se queja con Dios y con el mundo. Dios le observa: “Tú tienes lástima de este ricino, por el cual nada te fa­tigaste, que no hiciste tú crecer, que en el término de una noche fue y en el término de una noche feneció ¿Y Yo no voy a tener lástima de Nínive, la gran ciudad, en la que hay más de 120 mil personas, y niños que no distinguen su derecha de su izquierda y una gran cantidad de animales?

2. La misión del Resto de Israel

El concepto bíblico de Resto de Israel es antiguo y com­plejo. En un principio indicó a los sobrevivientes de guerras y destierros, arrepentidos y llenos de fe. Pasó a indicar más tarde a los que se mantuvieron firmes en la esperanza mesiánica.

Al regreso del exilio, señaló a los grupos pequeños de judíos que, en olas sucesivas, regresaron a Palestina para reconstruir la nación, Jerusalén y el templo. Indicará final­mente al pequeño grupo de judíos, que se mostraron dispuesto a recibir a Cristo, como Mesías: auténtico resto y germen salvador.

El concepto bíblico de Resto de Israel es antiguo y com­plejo. En un principio indicó a los sobrevivientes de guerras y destierros, arrepentidos y llenos de fe. Pasó a indicar más tarde a los que se mantuvieron firmes en la esperanza mesiánica.

Muchos judíos, devotos y fieles, estaban y actuaban en­tre paganos como auténticos testigos y “misioneros” de los designios salvadores de verdadero Dios. Miqueas dice en su libro: “El resto de Israel, en medio de pueblos numerosos, será siempre como el rocío de Yahvé” (Mi 5,7-9).

También en el libro de Tobías encontramos una clara indi­cación de la misión encomendada a los judíos desterrados en medio de los gentiles: Proclámenle, israelitas, ante todas las gentes, porque El los dispersó entre ellas y aquí les mostrará su grandeza. (Tb 13,3)

3. Complejo de sitio

Los textos citados, y otros que podrían añadirse, muestran una clara conciencia universalista, fruto sea del monoteísmo estricto de los israelitas, sea de la doctrina clara acerca de la unidad del género humano.

Llama la atención el poco celo de los antiguos judíos para misionar entre los paganos y anunciarles el verdadero Dios. ¿Cómo explicar esta extraña conducta?

Hay que tener en cuenta la particularísima situación polí­tica y religiosa, en que el pueblo de Israel se encontraba.

Su ubicación geográfica, hacía de Palestina un paso obli­gado de los imperios asirio y babilónico hacia Egipto y vice­versa, con indiscutibles ventajas comerciales. Pero también lo hacía vulnerable a las amenazas y a las invasiones terri­toriales, sea por parte de las potencias mesopotámicas, sea por parte de Egipto.

En su mismo territorio los judíos se habían sobrepuesto a poblaciones más antiguas, con las que estaban en continuo conflicto, por motivos económicos y religiosos.

El pequeño Israel se veía rodeado de enemigos, que ame­nazaban destruirlo. Este hecho, en lugar de alimentar una mentalidad abierta de misión religiosa hacia otros pueblos, lo encerró en sí mismo, buscando una apasionada defensa para salvaguardar sus tradiciones e identidad religiosa.

Teniendo una conciencia clara de ser el pueblo elegido de Dios, para una gran misión en el mundo, acabó por consi­derar a todos como enemigos de su fe religiosa y de Dios. Por miedo a perder su fe, se cerró en sus “ghettos” y se de­fendió de la contaminación pagana con muros de aversión y de desprecio.

Esta situación era ciertamente poco propicia para promo­ver la gran misión entre paganos, vecinos y lejanos. Sólo la acción lenta y profunda del Espíritu Santo, en las almas santas de Israel, pudo acabar con este complejo de sitio y hacer caer las barreras de división, para el encuentro en Cristo de todos los pueblos.

En realidad, escudriñando atentamente la Biblia, podemos distinguir entre los judíos, por lo menos, tres grandes grupos:

Los radicales: bastante superficiales y simplistas, que sueñan con la destrucción total de los enemigos, para que la tierra toda sea para uso exclusivo de Israel.

Los moderados: menos influenciados por resentimientos y revanchas nacionalistas, intentan reconciliar el parti­cularismo nacional con las grandes perspectivas de su fe: sueñan con la conversión de los enemigos, no tanto por una acción organizada de los misioneros de Israel, ni por un atractivo interior de la gracia divina, sino subyugados por el poder de Yahvé. Jerusalén y su templo serán el centro del mundo, y todos los extranjeros, finalmente convertidos al Dios verdadero, servirán dócilmente a Israel.

El Resto de Israel: un pequeño grupo de santos judíos, que no ponen límites a la generosidad de su Dios, ni restricciones a sus esperanzas. Es un Resto, porque son pocos y dispersados entre la masa, pero guiados por el Espíritu Santo. De ellos dirá atinadamente San Agustín: “Vivían en el Antiguo Testamento, pero no pertenecían al Antiguo Testamento”.

A esta cumbre del profetismo pertenece sin duda el libro de las Consolaciones de Israel (Is 40-56), que presenta al Sier­vo de Yahvé como misionero pregonando la Ley a todos los pueblos.

Es una perspectiva que aflora también en muchas expre­siones de la piedad popular de Israel.

Cuestionario para profundizar

  1. Frente a las infidelidades de Israel ¿Qué intuyen los profetas?
  2. ¿Por qué Jonás se resiste a ejecutar la orden Dios en Nínive?
  3. ¿Quiénes integran el “Resto de Israel”?
  4. Explica las razones del Complejo de sitio, en que cayó Israel.
  5. ¿Qué prevé Zacarías para todos los pueblos al final de los tiempos?
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