Tenemos que ser un «puñado de sal»

Reflexión Dominical

XIX Tiempo Ordinario

Ciclo C, Evangelio según san Lucas 12, 32-48

Domingo 11 de agosto, 2019

“No temas, pequeño rebaño, porque el Padre quiso daros el Reino”. Así se abre el pasaje del Evangelio de hoy. Los discípulos tienen miedo: saben de ser pocos y débiles frente a un mundo hostil. El Reino de Dios, asegura Jesús, vendrá porque no es obra del hombre, es don del Padre. Es lo que necesitamos escuchar de Jesús en estos tiempos no fáciles para la fe.

Los cristianos debemos hacernos sentir en medio de un mundo necesitado de Dios.

“Pequeño rebaño” pero nunca han de ser una secta encerrada en sus propios intereses. Serán comunidades de puertas abiertas. El Papa Francisco nos está señalando el camino con sus gestos y su estilo de vida. Tenemos que ser como un poco de “levadura” oculto en la masa, una pequeña “luz” en medio de la oscuridad, un puñado de “sal” para poner sabor a la vida. El evangelio lo contagian quienes viven al estilo de Jesús haciendo la vida más humana.

“Vendan lo que tienen y repártanlo en limosnas”. Lo que daremos a los pobres será un tesoro que se acumula en el cielo. Aquel que busca y espera el Reino de Dios, tiene en el cielo un tesoro que nada puede arrastrar, ni ladrón robar. El Reino de Dios es paz y vida eterna. Es un Reino a esperar “con lámparas encendidas”, es decir con la lámpara de la fe y del amor, como un siervo que espera a su Señor.

Las reflexiones de Jesús están en sintonía con las enseñanzas de los sabios tradicionales de Israel: “Dona tus bienes en limosna, no des vuelta la cara frente a un pobre y Dios tampoco te dará vuelta su cara. Da generosamente. Si tienes mucho da mucho, si tienes poco da poco, pero no vaciles en dar limosna… Así te prepararás un tesoro… a los ojos del Altísimo” (Tob. 4, 7-11).

El dar es el único modo de atesorar porque hace al hijo semejante al Padre que da siempre.

Jesús utiliza la imagen del siervo y del servicio como idea inspiradora de su nuevo mundo. Siervos que, si son fieles, encontrarán al Señor como aquel que los “hará sentarse a la mesa y se pondrá a servirlos”.

Jesús ha sometido toda autoridad en la comunidad al servicio: ese es el nombre nuevo de la relación recíproca entre el hombre y Dios; nosotros siervos de Dios y Dios que se hace siervo de sus servidores.

Por tres veces Jesús repite: “Estén listos”. Listos para qué? Algo está ocurriendo y el cristiano no es alguien que ya no espera nada de la vida. Qué espera el siervo fiel? Desde el futuro nos llega Alguien; en el medio de la noche o al amanecer se levanta el esplendor del encuentro.

La esperanza cristiana es una espera que se hace presencia; presencia de un Señor que se hace servidor. “Los pondrá a la mesa y pasará a servirlos”: un Dios que se pliega frente al hombre y lo honra.

Dichoso el hombre, porque Dios tiene confianza en él. Y la confianza de mi Señor me conquista, en ella pongo mi corazón, a ella contesto.

Entonces, lo que el siervo administra con gozo es un patrimonio de amistad recíproca, más que de bienes y de casas, un patrimonio de personas. Tenemos a Dios como Padre. Él nos ha confiado su proyecto del reino. Es su gran regalo: la tarea de hacer la vida más humana y la esperanza de encaminar la historia hacia su salvación definitiva.

“Al final de la noche…”: la fidelidad del siervo es para Dios mismo una sorpresa gozosa que suscita en El una respuesta excesiva; el Señor se hace servidor de sus siervos.

“Allá donde está tu tesoro, allí está tu corazón”. Mi tesoro es un Dios que tiene, confianza en mí, que me confía el mundo y las personas, y que al final se hará mi servidor. Porque el verdadero tesoro son siempre las personas y no las cosas.

Pero hay también un siervo infiel: su tesoro es el poder sobre los demás, la posibilidad de mandar y de divertirse. Para él, el encuentro con el Señor será la revelación dolorosa de haber desperdiciado su propia vida y la de los demás, la triste descubierta de no tener en sus manos que el llanto de una vida equivocada.

“Donde está tu tesoro allí está tu corazón”.

“Nuestra vida es viva si hemos cultivado tesoros de personas, tesoros de esperanza, que es pasión por el bien posible, por una sonrisa posible, por el amor posible, por un mundo mejor posible. Nuestra vida es viva cuando tenemos como Abraham una patria a buscar, como Sara un hijo a crecer. Nuestra vida es viva cuando tenemos un tesoro por el cual valga la pena ponerse en viaje hacia Aquel que se llama Amor, pastor de corazones, que nos pondrá a la mesa y pasará a servirnos con todo el gozo de un padre, una vez más sorprendido por esos hijos vivos, infinitamente amados” (E. Ronchi).

Vigilemos pues, para no volvernos en siervos infieles que cometen injusticias y tantas maldades cotidianas que hacen la vida difícil a todos; vigilemos para no dormirnos sobre nuestras cosas y no aterrarnos en nuestros afanes y angustias.

Muchos santos, pensando en la vigilancia, decían: “Quiero vivir cada día como si fuera el ultimo”. Si viviéramos así cada día, como si fuera el último, nuestra vida sería diferente, más humana y más bella, más llena y rica, y menos desesperada. En fin, más vida.

Amén.

Padre Franco Noventa mccj

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