Mes misionero extraordinario: ¡importa la fe!

Estimados todos,

El Padre Víctor Hugo Castillo, Padre Provincial, nos llama renovar el compromiso misionero de la Iglesia, desde la vocación a la cual hemos sido llamados cada uno de nosotros.

Toda nuestra vida humana se va desarrollando marcada por acontecimientos que se celebran de diversas maneras. Uno de estos acontecimientos más celebrados en nuestra vida es el aniversario de nacimiento. Pero ¡no solo! Celebramos igualmente los aniversarios significativos de ordenación, consagración, a lo mejor de bautismo, de fundación, etc. El lenguaje de estas celebraciones es común y al mismo tiempo diverso.Nuestra vida misionera y eclesial está marcada por acontecimientos bellos que aún son tarea pendiente por descubrir o redescubrir en un acto de sencillez y humildad.

Así, recientemente nosotros misioneros combonianos celebramos los 150 años de fundación del Instituto (1867-2017); celebramos también el 40º aniversario de la reunificación de las dos congregaciones en un solo Instituto: Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús (1979). Dicho aniversario coincide con las celebraciones de la llegada de los primeros combonianos a Costa Rica, hace cuarenta años. Y continuaremos celebrando otros acontecimientos significativos porque la vida es celebración.

La manera y las circunstancias en las que celebramos estos acontecimientos pueden variar y tener un objetivo bien preciso: conmemorar, renovar, impulsar, anunciar, agradecer, recordar, motivar, concientizar etc.  El Papa Francisco nos invita a hacer del mes de octubre 2019 un tiempo misionero extraordinario. La motivación de esta iniciativa es la de celebrar en esta ocasión el centenario de la Carta Apostólica Maximum Illud del Papa Benedicto XV (30 noviembre 1919).

Esta celebración de aniversario en el camino de la vida misionera de la Iglesia es un acontecimiento que nosotros, misioneros por vocación específica, no podemos dejar pasar sin más, desapercibida. El Papa exhorta los obispos a ser el alma de la misión: “Tengan pues, ante todo, muy presente que cada uno debe ser el alma, como se dice, de su respectiva Misión” (MI 15). Para esto se requiere un “cuidado paternal de los misioneros e impulsar la vitalidad de la misión…  hasta que esta haya alcanzado su pleno desarrollo”.

A los misioneros les invita a tener como primer aspecto esencial procurar formarse un “cabal concepto de la sublimidad de su misión, la cual debe absorber todas sus energías”. Para Benedicto XV es indispensable evitar toda tentación de nacionalismos. Cuando se cae en estos, afirma el Papa, es como caer en una “infecciosa peste para la vida de un apóstol, que, además de relajar en el misionero del Evangelio los nervios mismos de la caridad, pondría en peligro…su propia reputación” (MI 45). En otro párrafo insiste sobre la preparación intelectual y técnica del misionero: “No puede dudarse, es verdad, que, en orden a salvar almas, prevalecen los medios sobrenaturales de la virtud sobre los de la ciencia; pero también es cierto que quien no esté provisto de un buen caudal de doctrina se encontrará muchas veces deficiente para desempeñar con fruto su ministerio” (MI 54). Una vida misionera traerá sus mejores y duraderos frutos si se cultiva una verdadera santidad de vida: “Porque ha de ser hombre de Dios quien a Dios tiene que predicar, como ha de huir del pecado quien a los demás exhorta que lo detesten” (MI 64).

Finalmente el Papa en el tercer capítulo de su Carta apostólica reserva un espacio a la colaboración de todos los fieles. Aquí también se toma conciencia que la misión prosigue su camino en la fidelidad al mandato misionero apoyada fuertemente por la oración, la caridad y las nuevas vocaciones. Fomentar la semilla de la vocación misionera no solo en las nuevas generaciones sino en los sacerdotes y seminaristas. La Carta apostólica es contundente: la misión es un asunto de todos en la Iglesia.

El mes misionero extraordinario, afirma el Papa Francisco, “ayudará en primer lugar a volver a encontrar el sentido misionero de nuestra adhesión de fe a Jesucristo, fe que hemos recibido gratuitamente como un don en el bautismo… Nuestra misión radica en la paternidad de Dios y en la maternidad de la Iglesia… La missio ad gentes, siempre necesaria en la Iglesia, contribuye así de manera fundamental al proceso de conversión permanente de todos los cristianos”. Es decir que el Santo Padre quiere despertar la conciencia de la misión ad gentes y retomar con nuevo impulso la responsabilidad de proclamar el Evangelio de todos.

Celebraremos el centenario de la existencia de un documento sobre la actividad misionera de la Iglesia. Y por tanto la letra del texto es de tanta importancia todavía hoy. El Papa Juan Pablo II tuvo la audacia de afirmar que “la misión de Cristo Redentor, confiada a la Iglesia, está aún lejos de cumplirse” (RM

1). Es decir no acabada, en camino aunque a veces fatigoso; la misión es siempre nueva porque los múltiples desafíos sociales, políticos, religiosos, culturales, antropológicos la rejuvenecen y provocan nuevos paradigmas de búsqueda. Es así como el misionero comboniano que nosotros somos, no puede evadir estos desafíos, ni mucho menos dar por concluida la misión confiada. La edad avanza, ¡es inevitable!, pero la misión siempre es joven y en su campo hay espacio para las nuevas generaciones. Estas están llamadas primero a acoger la misión como un don y luego a afrontarla con toda la creatividad al alcance.

Conmemoraremos un acontecimiento eclesial con la esperanza de renovar el compromiso misionero de la Iglesia, impulsar su misión, anunciar y llevar ad gentes el mensaje de salvación de Jesucristo.

Mientras escribo estas pocas líneas me pregunto si ¿en nuestras parroquias, centros de animación misionera, escuelas de formación etc. las personas que encontramos en circunstancias muy diferentes saben, están al corriente de lo que celebraremos y de lo que significa un mes misionero extraordinario? Aquí no es el adjetivo “extraordinario” lo que debería hacer la diferencia, sino la actividad misionera que se esconde detrás del mismo mes misionero. Naturalmente existe en la sociedad civil marcada por sensibilidades nuevas y al interno de la Iglesia un día del año dedicado a temas tan diversos (y no me refiero al santoral) que corremos el riesgo que lo importante pase desapercibido. El Domund por ejemplo podría pasar desapercibido si solamente se insiste en la importancia de una colecta sin que por lo tanto cada bautizado se sienta interpelado desde su fe a un compromiso misionero específico dentro o fuera de su contexto geográfico. Aquí no se trata de un asunto de sensibilidad sino de fe. ¡Eso hace la diferencia! Y es que, cada vez más ejercemos nuestra misión ad gentes en contextos multiculturales, lo cual plantea desafíos nuevos a la reflexión, a las prácticas, a la espiritualidad misionera pero también a la animación misionera y a la promoción vocacional.

Mi deseo más sincero es que este mes misionero extraordinario no pase desapercibido sino que reivindique en nosotros su importancia necesaria y que ayude a tomar conciencia que la misión es un encuentro con el Dios misionero; que su mandato nos toque de cerca porque yo soy siempre una misión; tu eres siempre una misión; todo bautizado y bautizada es una misión.

Con aprecio y estima,

Víctor-Hugo Castillo Matarrita

Padre provincial

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