¿Es usted comboniano?

El año anterior fui celebrar una misa, entre semana, a una parroquia. De esas misas que por acaso nos llaman. Celebré la misa, y después, como mucha gente lo hace, no faltó alguien que buscara confesión. Pasó una señora, y luego otras vieron y aprovecharon la oportunidad. Una de ellas al final me preguntó: Padre, ¿usted es o dominico o comboniano, verdad? Yo le pregunté a qué se debía esa conclusión. Y la respuesta fue: Solo a ustedes se les puede pedir una confesión después de misa y lo hacen con gusto.

Los Misioneros Combonianos tuvieron su Asamblea en Centroamérica en los primeros días de enero, 2020.

Otras veces, hay parroquias que piden misas, y dice la secretaria: dice el párroco que si pueden colaborar con las misas del fin de semana; y de una vez pueden traer material o sobres o eso que ustedes siempre hacen.

En estos dos casos descubro algo de nuestra identidad: el servicio (lo que recibimos gratis, darlo gratis) y la preocupación por la misión (Animación Misionera). ¿Qué nos identifica, qué hacemos? ¿Qué es aquello comboniano que sentimos, llevamos, tenemos dentro y transmitimos? Algunos dicen: “mis respetos para los combonianos”.

Hay un no sé qué, que la gente siente, que hemos transmitido. Le podría llamar “carisma”, “deseo de estar o ser con la gente” “pasión por el Reino en cada uno de nosotros”. La experiencia que hemos hecho de Dios, y seguimos haciendo en el día a día, la compartimos según lo que somos, donde hemos sido llamados a servir. “Cada misionero, habiendo aceptado libremente la llamada del Señor, pone sus talentos y energías, y su misma vida, al servicio de Dios y de los hombres” RV 41. Es la frase de la Regla de Vida que nos ha acompañado durante los ejercicios espirituales. Es una gran realidad.

Hemos puesto nuestros talentos al servicio del pueblo de Dios y de la Iglesia. Hemos llegado a los jóvenes, dado retiros o charlas. Hemos dado cursos de misión, o Biblia, o para los tiempos litúrgicos. Hemos celebrado sacramentos, en tantas iglesias. Hemos encontrado otros sacerdotes, religiosos o religiosas en nuestras Iglesias locales, colaborando con ellos. Hemos brindado espacios de formación. Hemos corrido para celebrar misas… Todo por la misión. Ponemos nuestro “yo” al servicio de Dios y de la misión. Nuestro ministerio será ese.

El 13 de enero, 29 sacerdotes extranjeros -Misioneros Combonianos- visitaron la cripta del Siervo de Dios: Padre Hermógenes López.

Lo hacemos con alegría. Lo que ya nos inspiraba el Papa Francisco, hablando de la alegría del Evangelio. Recién lo vivimos en las fiestas de Navidad, como dijo el ángel a los pastores: «No teman, porque les anuncio una gran alegría, que lo será para todo el mundo”. El Documento de Maia afirma que el formador “debe estar bien identificado y feliz con su vocación” y claro eso se debe decir de cualquier misionero comboniano.

Lo hacemos con esperanza. Personalmente la experimento cuando veo un joven que se interesa por la misión, al  menos por querer saber más de nosotros, y se siente inspirado. Ese espíritu que hay en cada uno de nosotros y que contagia lo experimento cuando un matrimonio, digamos, o alguna persona fuera de una iglesia, al final de la misa, en un grupo, pregunta “y cómo puede saber más de la misión,” “ cómo ayudar”. Cuando hay gente impactada por nuestro servicio, eso me da esperanza de seguir creando lazos, contactos, espacios que creen en la misión, y la apoyan… la aman también.

Lo hacemos como comunidad, lo que no es fácil. Somos familia de misioneros combonianos, sacerdotes y hermanos. Siempre escuché en mis tiempos de formación que la vida comunitaria en misión, con su característica de internacionalidad, podía inspirar o hacer reflexionar a los africanos sobre ese valor, y cómo viven personas tan diferentes, unidas. Y lo seguimos haciendo aquí. Y debemos creer que esto es un valor importante. Ciertamente nos llenamos de compromisos, de encuentros, de celebraciones y algunas ocasiones ya no tenemos tiempo para la comunidad, para conocernos más, para ser más familia. Triste, pero cuántas veces hasta se prefiere huir de la comunidad. Una vez más lo digo, no es fácil, pero hay que hacer que valga la pena. Y esto también se puede afirmar de las relaciones con la Familia Comboniana, junto a las Hermanas, Seculares y Laicos (donde los hay). Es el cenáculo que debemos llegar a ser, siempre con Jesús ahí presente, aún en medio de dificultades.

Hemos escuchado muchas veces estos días la palabra servicio. Yo he venido a servir y no a ser servido, dice Jesús. La suegra de Pedro, luego de ser sanada, se pone en pie para servir también. El que quiera ser el primero sea último y servidor de todos. Servir es comunicar la vida y la experiencia de Dios en los demás. Servimos con nuestro ministerio, servimos en las parroquias, servimos a nuestros jóvenes y laicos en las iglesias donde vamos, al poner talentos y cualidades a disposición. Servimos en nuestras mismas comunidades, con quienes vivimos. Uno que empuja una silla de ruedas, hace un servicio enorme. Uno que escucha la experiencia del anciano que ya casi no oye o se le dificulta oír. Uno que atiende con paciencia al otro.

Esta experiencia de esta semana, de Oración, Silencio, Escucha y Disponibilidad a Dios es un empuje para poner en la práctica lo que ayer también compartimos: ¿Queremos? ¿Estamos dispuestos?  Nuestro sí nos compromete. Lo compartido en nuestros encuentros, charlas, participaciones nos dan pie para seguir adelante al estilo comboniano. Ciertamente algunos dijeron: no es nuevo lo que escuchamos y reflexionamos en los grupos. Y aún no siendo nuevo… ¡Cómo nos resistimos!

Que en este año de la Ministerialidad podamos poner al servicio de Dios y de la misión lo mejor de nosotros, nuestros talentos, nuestras habilidades, nuestras experiencias pasadas y actuales de encuentro con un Cristo, Buen Pastor, que ha dado su Vida por todos.

Pbro. Juan Diego Calderón mccj

Al finalizar la Asamblea Provincial

5 comentarios

  1. Sandra Lucrecia Bocel miguel

    Gracias hermanos combonianos pido a Dios que seamos luz para el mundo y sal de la tierra e aprendido mucho de ustedes .gratis lo recibí gratis lo doy

  2. Benjamín González Estrada

    Cierto, yo soy testigo de esa entrega y de ese carisma Comboniano, soy bendecido con la amistad de muchos misioneros y pido que Dios les conceda salud y los siga guiando por el sendero de la fe. Un fuerte abrazo a todos ellos.

  3. Que el Señor anime en todos ustedes siempre este carisma, este impulso, este deseo que empujó a Sn Daniel Comboni a dar, si las tuviera, mil vidas por la misión.
    Que el Espíritu de Dios ilumine al P. Juan Diego en la conducción de esta provincia, de esta familia comboniana.

  4. Óscar Barahona Romero

    Mi respeto amigo y Hno Juan Diego, es un orgullo para mi que hace muchos años fuimos compañeros de seminario y luego en la carrera de Diseño Publicitario en tu tierra.
    Bendiciones Hno en la misión que hoy te encuentras, los que te conocemos; sabemos que caminaras con paso seguro.

  5. Michelle Orellana

    Muchas bendiciones padres combonianos gracias por su alegría, sus enseñanzas oramos por cada uno de uds que sea un año lleno de bendiciones de mucha salud padre Fernando lo extrañamos mucho mil gracias por sus oraciones

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