En el aniversario del nacimiento de San Daniel Comboni

En el aniversario del nacimiento de San Daniel Comboni.

Recordamos el 189 aniversario del nacimiento de Antonio Daniel Comboni. Su padre, Luigi Comboni nació el 6 setiembre de 1803. La madre, Domenica Pace, nació el 31 de marzo de 1801. Unidos en matrimonio el 21 de julio de 1826, en Limone.

Profundamente cristianos, “como en los viejos tiempos” y de familia grande en número como ya no se ve ahora en muchos lugares, o no en los nuestros. Seis u ocho hijos en total, según diferentes datos. De estos, solo dos hermanos, Virgilio (1827-1848) y Marianna (1832-1836) vivirían más años que los otros. Seguramente, una situación nada anormal en aquellos tiempos. Una familia sin particularidades, nada de extraordinario.

Hay una canción a Comboni, por estos rumbos, que dice: “He conocido a un hombre valiente y leal, sus obras nacieron al pie de la cruz. Un hombre fiel”. Estas características, valor, fidelidad, lealtad, y tantas otras,  le vendrían de un ambiente fiel. De sus padres recibiría ciertamente una buena educación cristiana. Nacido el 15 de marzo de 1831, es bautizado al día siguiente, en la parroquia de San Benedicto, en Limone. Eso nos permite ver el deseo de transmitir el regalo de la fe pronto a los hijos (y seguramente también por el riesgo de verlos partir pronto, por causas de salud).

Con casi 12 años de edad, será admitido en el Instituto  de Nicola Mazza, en Verona. Promover la vocación religiosa en las familias no sería tan fuera de lo común, como sí se percibe en estos tiempos. Para los padres de Comboni, vendrían tiempos aún más difíciles luego, al quedarse solos y en situaciones de pobreza, cuando su hijo  embarca en su primer viaje al África. ¡Y tenemos así al grande Comboni!

Un grande misionero que en el día a día mostró que había algo único en su corazón. A Comboni lo acompañaba el sueño por África y su pasión por ella. Amar África y que fuera amada. Dar no solo la vida que le fue dada el 15 de marzo, sino mil vidas si eso fuera necesario con tal de llevar el Evangelio al continente.

De la simplicidad de Limone al corazón de África. De una parroquia pequeña a un Vicariato más grande que la misma Europa. Llevaba consigo, asegurado en el corazón, el amor de sus padres y familiares; llevaba la fe que le habían transmitido, y al Cristo que, clavado en la cruz, ha dado su vida por todos, incluso los africanos, y resucitó también por ellos. Cuánta grandeza venida de una familia que vivía en simplicidad y pobreza, pero rica de Dios.

Celebramos en nuestro calendario el nacimiento en la tierra de un gran santo, misionero, padre de los africanos. Cuando nosotros lo recordamos, consideramos su historia familiar, donde nació su vocación, y con ello sus peripecias de joven, su amor, su entrega, su misión. Recordamos de dónde vino aquel Daniel Comboni apasionado, entregado y firme. ¡Sus raíces! Una vocación que viene del seno de una familia cristiana como la de él seguramente nos hace pensar una vez más nuestra historia, nuestros padres, familiares y amigos, nuestro lugar y circunstancias de nacimiento, y con todo, en nuestra vocación, camino y misión.

Luigi y Domenica, gracias por habernos dado a su hijo Daniel, que aún siendo el único, ustedes lo han ofrecido a Dios, en medio de tantos sacrificios pero con tanta fe. Nuestra vocación misionera y amor por la misión y por África, nos viene transmitida por esa única pasión que él dedicó, que sin duda, viene de la fe que ustedes le inculcaron. Gracias porque su entrega generosa nos hace pensar en lo generosos que debemos ser también, sin medida. Desde nuestro lugar, nuestra misión, nuestro ministerio, gracias. Intercedan también ustedes, desde el cielo, junto a su hijo San Daniel, por nosotros misioneros combonianos; y para que haya muchas y santas vocaciones misioneras.

Padre Juan Diego Calderón mccj, Superior Provincial

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