MARTIR COMBONIANO POR LA CAUSA DE LOS SIN TIERRA

Padre Ezechiele Ramin

Asesinado alrededor del mediodía del 24 de julio de 1985 en el territorio del latifundio Catuva, entre los Estados de Rondônia y del Mato Grosso, después de haber desarrollado una misión de paz exitosa. Había evitado una masacre segura. Una muerte fecunda por la radicalidad y por lo que contiene: clara opción por los pobres y comunión con las opciones de una Iglesia que se configuraba sierva de los pobres. Esta radicalidad, ratificada por la ejemplaridad y la grandeza de su muerte, también había sido anticipada durante el breve trayecto de su vida terrena de la participación juvenil en Mani Tese. Frente a la situación de discriminación y explotación de los pueblos en vías de desarrollo, sonó dramático y urgente su llamamiento con motivo de la Jornada Mundial de las Misiones del 1971, “hermano si no participas en la solución, eres parte del problema”. El mismo aspecto lúcido, que conduce a la decisión, lo encontramos en los años en Chicago, donde fuerza su reflexión teológica para afrontar la pastoral entre los latinos y africanos: “su vida es increíble. Se rompe el corazón cuando entro en algunas casas. Cada semana les traigo algo y ahora con el frío trato de traerles algún remanente de ropas buenas y cálidas para que cubran. Hoy he ido a comprar un par de zapatos para un niño de 7 años que caminaba en la nieve con un par de zapatos sin suelas”. “La pobreza es miembro de la casa… (…) He encontrado personas de 40 años que me preguntaban si podrían hacer algo en la vida. He vivido con alcohólicos, con mendigos, con niñas de 13 años embarazadas. Todos querían simplemente ser escuchados, comprendidosAsí que es forzado a abrir los ojos hasta que el mirar duele y ya no es suficiente y empuja constantemente a la acción. En Brasil, después de algunos meses, ya ha hecho su elección: “Esta noche este misionero ha llorado frente a su vida pero sigo adelante con mi gente, camino con una fe que crea, como el invierno, la primavera. A mi alrededor la gente muere (la malaria ha crecido en un 300%) y los latifundistas aumentan, los pobres son humillados, la policía mata a los agricultores, todas las reservas de los indios son invadidas. Con el invierno voy creando primavera”. “A estas personas he dado ya mi respuesta: un abrazo. Yo no vivo esta situación ni estoy dentro como un condenado a prisión perpetua. Tengo la pasión de aquellos que siguen un sueño”.

Dos fotos se han de acoplar para expresar todo el significado pascual de su muerte: la foto de su cuerpo acribillado por 72 tiros en el sendero del bosque y aquella de un año antes, 1984, en Cacoal, en la fiesta de los trabajadores, que retrata un Ezequiel de pie en el camión, orgulloso de dejar pasar los granos de café producto del trabajo y del sufrimiento de personas que buscan la dignidad, respeto y rescate. Las dos fotos definen su trayectoria. El partido de los trabajadores ya no tenía necesidad de réplica: el 24 de julio de 1985 él mismo se había convertido en trigo solidario de Dios, capaz de fertilizar la tierra y proclamar la inviolabilidad y el disfrute para todos de todos los productos de la creación. Veía, aunque sea de lejos, y quería una tierra Amazonia fraternal y bendecida para todos.

Su símbolo

El símbolo de Ezequiel: en el fondo, un amanecer amazónico, en el suelo, su silueta atravesada por los disparos o su rostro hinchado. En frente, una semilla en la tierra de la cual surge una exuberante mazorca de maíz: del profeta por tanto, un nuevo mundo.

¿Cuáles son los signos que caracterizan a los verdaderos profetas? ¿Quiénes son estos revolucionarios? Los profetas críticos son personas que atraen a otros con su fuerza interior. Aquellos que los encuentran quedan fascinados por ellos y quieren saber más, teniendo la impresión irresistible de que ellos reciben su fuerza de una fuente oculta, fuerte y abundante. Fluye de ellos una libertad interior, que les da una independencia que no es arrogante o segregada, sino que les permite permanecer por encima de las necesidades inmediatas, por encima de las realidades más opresoras. Los verdaderos profetas son movidos por lo que está sucediendo a su alrededor, pero no dejan que los oprime o destruya. Escuchan con atención, hablan con autoridad, pero no se dejan llevar por la emoción fácilmente. En todo lo que dicen y hacen, es como si tuviesen delante una visión viviente, de modo que aquellos que escuchan pueden intuir, pero sin verla. Esta visión guía sus vidas y ellos la obedecen. A través de esta visión saben distinguir lo que es importante de lo que no lo es. Muchas cosas que parecen de ingente inmediatez no les agitan. Dan gran importancia a ciertas cosas, que otros las dejan caer. No viven para mantener el statu quo, pero elaboran un mundo nuevo, cuyas características ven y constituyen para ellos una llamada tal que incluso el miedo de la muerte ya no tiene un poder determinante en ellos.

Lele conocía el evangelio del sembrador que realmente no vuelve a casa si desea sembrar…; del Cristo libertador que contrasta toda esclavitud e inercia; del Cristo muerto y resucitado, cuya persona coincide con su causa, con el Reino, con la cara y las luchas de su pueblo por la justicia, la dignidad y el compartir. Lele no separa jamás a la persona de Jesús de su causa, señalada como compromiso personal en bloque “que todos tengan vida y vida en abundancia”.

Por tanto hunde la causa en la carne viva de la persona para que el surco de la historia se haga apertura del corazón y nazca algo nuevo. ¿Qué nace de nosotros? ¿Qué tipo de semillas sembramos? ¿Cómo cerrar la brecha entre la opción establecida y la realizada? Solamente el cuerpo ofrecido puede resolver la cuenta y transformar la violencia sufrida en una canción de la libertad. La sangre, aquella de Lele, que habla de vida, de compromiso buscado y coraje y que se contrapone a al mucha sangre derramada violentamente en esta nuestra sociedad intolerante, cruel, profundamente injusta y cínica. Una sangre, que antes de ser juicio, es elección y opción radical que da sentido a la vida misionera.

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