Ocho claves para evangelizar

Introducción

P. Damián Bruyel con un grupo de colaboradores

Entre las muchas reflexiones que conservo en mis archivos encontré esta, sin firma y sin fecha, dirigida a los sacerdotes, pero cuyo mensaje me parece igualmente oportuno para aquellas familias que dedican gran parte de su tiempo a la evangelización, como esta de la foto, una familia de catequistas de la misión de San Pedro Sochiápam, en el estado de Oaxaca, México.

Comenzaré con esta introducción que recojo y hago mía de la misionera laica española Belén Manrique. La reflexión de este artículo va dirigida, como dije antes, a los pastores de la Iglesia española.

< Cuenta un relato del filósofo Kierkegaard que, cierto día, un circo de Dinamarca fue presa de las llamas. El dueño del circo envió a uno de sus payasos a pedir auxilio al pueblo vecino, pero, sus habitantes, al ver al payaso que iba vestido como tal, pensaron que se trataba de una estrategia
para que todos acudieran al circo, así que comenzaron a reírse del extravagante emisario. Sus súplicas, lloros e intentos de persuasión no hicieron sino aumentar las carcajadas de los oyentes. Finalmente, el fuego llegó a la aldea y, arrasando con todo lo que encontró a su paso, se convirtió en una prueba irrefutable de que el payaso decía la verdad.

Benedicto XVI usa este cuento en su libro Introducción al cristianismo para explicar lo que le ocurre a los teólogos actuales. La gente ve y oye a los miembros de la Iglesia, espe-cialmente a obispos y sacerdotes, que dicen la verdad, pero las personas tienen prejuicios tan grandes contra ellos que realmente no los escuchan. Si alguna vez nos hemos lanzado a la compleja empresa de intentar acercar a nuestros familiares o amigos a la fe, o la vivan de forma más auténtica, entenderemos perfectamente cómo se debió sentir aquel payaso. Experimentamos una total impotencia ante la actitud de indiferencia, o incluso de rechazo, hacia este tesoro escondido que es la fe. Pero ¿lo estaremos haciendo bien? >. (Belén Manrique, misionera laica).

Vamos a ver ahora, brevemente, ocho claves de lo que de verdad funciona en una auténtica evangelización, o sea, de lo que debemos hacer y de lo que no debemos hacer…

1.La evangelización empieza anunciando a Jesucristo

Comenzar hablando de moral cristiana a quien no conoce personalmente a Jesucristo, y, por lo tanto, no puede seguirla, es perder el tiempo. Lo mismo perderse en interminables discusiones sobre el uso de anticonceptivos o las relaciones prematrimoniales con personas alejadas de la Iglesia. No conduce a nada. Hay que comenzar hablando de Jesús; anunciar que Dios te ama, te perdona y te espera.

No es necesario, por tanto, recurrir a grandes ideas, rebuscadas en libros de teología, sino anunciar a Jesucristo, que transforma la vida. Para ello debemos de haberle conocido nosotros primero y poder contar, así, cómo el encuentro personal con Jesús nos ha cambiado la vida. Tampoco sirve como argumento para la gente alejada de la Iglesia o a un no creyente decir «porque la Iglesia dice esto», sino «porque Jesucristo dice esto». El papa Francisco nos dice que «debemos comunicar a Jesucristo, y no a Francisco…».

2. Intensa vida de oración

«Hablar de Dios» y «hablar con Dios» siempre deben ir de la mano, aconsejaba el entonces cardenal Ratzinger en una conferencia en el año 2000. Y es que, según Benedicto XVI, todos los métodos de evangelización son ineficaces si no están fundados en la oración, porque «no podemos ganar nosotros a los hombres. Debemos obtenerlos de Dios para Dios». Nosotros somos meros instrumentos en sus manos.

3. Celebrar bien los Sacramentos, especialmente la Eucaristía

La Liturgia es también un excelente medio de evangelización. Debemos cuidar mucho nuestras celebraciones, no caer en la rutina. Preparar bien las homilías, celebrar con calma, tratando siempre de vivir lo que celebramos. Anunciar a Jesucristo quiere decir también celebrar y vivir a Jesucristo.

4. Pasión por la misión

Falta ardor por llevar a Jesucristo a todos los ambientes, por «molestar en aquellas cosas que están demasiado tranquilas en la Iglesia», como ha pedido el Papa Francisco, quien insiste mucho en que no debemos ser «cristianos de salón», personas «educadas, buenas, pero que no saben encaminar a los hijos hacia la Iglesia con el anuncio y el fervor apostólico necesarios». Evangelizar no es algo que tenga un horario, como un trabajo más, sino que, si poseemos este celo, nos sale de modo natural en cualquier circunstancia vital. Para ello es necesario que los católicos vivamos en un nuevo espíritu de santidad, porque, si de verdad estamos llenos de Dios, como un vaso lo está de agua, lo desbordaremos. Evangelizar no consiste en usar métodos, sino en estar enamorados de Dios para transmitirlo con eficacia.

5. Evangelizar en comunión con los hermanos

 «Miren cómo se aman», comentaban los romanos sobre los primeros cristianos. La gente debe ver que nuestra predicación va acompañada de la unidad y buena armonía entre nosotros. Muchas veces entre nosotros, sacerdotes, hay muchos celos, envidias, críticas, desunión, y nuestra gente se da cuenta de ellos. Si yo acojo como Jesucristo, amo como Jesucristo, perdono como Jesucristo, llamaré la atención y la gente se abrirá a Jesucristo. Porque el Evangelio se anuncia con «el lenguaje de la misericordia, hecho de gestos antes que de palabras», aconseja el Papa.

6. Salir a las periferias

San Juan Pablo II decía que la parroquia debe buscarse a sí misma fuera. Como también pide constantemente el papa Francisco, debemos salir a las periferias existenciales, entablar  diálogo con los que no piensan como nosotros, porque, si los que pensamos igual nos enclaustramos en la parroquia o en nuestro movimiento, la Iglesia enferma.

7. Usar un lenguaje adecuado

El gran error que solemos cometer es que evangelizamos desde dentro de la Iglesia a los que están fuera, lo que significa que tú tienes que venir a la Iglesia para escuchar un mensaje que está hecho para la gente de dentro, por lo que no lo vas a entender. Además, la Iglesia española utiliza un lenguaje cultural de generaciones pasadas en lugar del de los jóvenes de hoy; la música es de hace treinta años; los muebles antiguos… En las iglesias debería sonar el tipo de música que escucha la gente que asiste a ellas, y nosotros, recurrir al lenguaje de la calle, pero sin cambiar el mensaje. Precisamente parte de la popularidad que está teniendo el papa Francisco se debe a que nos está diciendo verdades de una manera sencilla y directa.

8. No tener miedo

«En el mundo habrá siempre persecución», pronosticaba Jesús. Por ello, debemos contar con que seguramente recibiremos críticas y ataques hacia nuestras creencias. «Bienaventurados cuando los injurien y los persigan por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en los Cielos», pero no solo en los Cielos, sino que también aquí recibiremos innumerables frutos, porque «la fe se fortalece dándola», sentenciaba Juan Pablo II.

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