“Monseñor: He comentado con varias personas de Iglesia mi caso y todos me han dado su parecer, pero yo sigo con mi inquietud. Me he preguntado: si Dios es misericordioso ¿por qué mi mamá, que se casó civilmente con mi papá, que estaba divorciado, no puede comulgar? Ella lo desearía muchísimo. ¿Hay una respuesta para mí?”
Respuesta
Estimada Yamileth, usted se refiere a una verdad fundamental y de mucho consuelo, de nuestra doctrina cristiana, cuando dice que Dios es infinitamente misericordioso. En la primera carta de San Juan leemos la maravillosa Buena Noticia: “Dios es Amor” (1Jn 4, 8) y es Amor de misericordia ¡de eso no cabe duda! Sin embargo, de esta afirmación no cabe deducir que todo está permitido… ya que Dios todo lo perdona.
Sería trágico separar la misericordia de la verdad. He aquí un ejemplo: el médico cuando le dice la verdad al enfermo, no se la dice por “malo”, por falta de misericordia, sino, precisamente, porque quiere su bien, su salud. Si un médico le dice a un joven que ha caído en la droga o en el alcohol que si continúa así, se encamina a la autodestrucción y a la muerte, no se lo dice porque “no es misericordioso”, sino, precisamente porque es misericordioso y toma en serio la situación del enfermo, buscando su bien.
Dios es nuestro Padre, nos ama inmensamente y si nos dice “no pequen”, es porque el pecado nos daña. ¡Cuántos sufrimientos nos causa el pecado! Pensemos en el sufrimiento causado por el odio, la violencia, el narcotráfico, el abuso del impulso sexual (de cada cuatro niños que nacen en Costa Rica, uno es de papá “desconocido”…), los robos, la venganza, la corrupción, los adulterios… Es verdad, hay sufrimientos que no están necesariamente vinculados al pecado, pero lo que más hace sufrir a Costa Rica, hoy como siempre, es el pecado en todas sus horribles formas.
Aplicando todo esto a su caso, estimada Yamileth, si Cristo refiriéndose al Matrimonio cristiano declaró solemnemente: “lo que Dios une no lo separe el hombre” (Mt 19, 6), de modo que no cabe casarse con un o una divorciada, es porque, el divorcio siempre implica sufrimiento. Me viene a la memoria un joven seminarista el día en que salía de vacaciones a su casa, entristecido me decía: “y ahora ¿con quién voy? Mi papá está con otra mujer, y mi mamá con otro hombre… ¿y yo, de quién soy?”
Dios es nuestro Padre, nos ama y quiere evitarnos el sufrimiento y quiere también que hagamos lo posible para que otros no sufran.
Es verdad, la vida conlleva dolor y sufrimiento, pero cuánto más llevadera sería nuestra vida si no nos causáramos tanto dolor con nuestros pecados. Los diez mandamientos no son, pues, un “peso”, sino, una ayuda, como lo son los rieles para el tren; sin ellos de nada serviría un tren. Jesús nos sale al encuentro y nos propone una vida que se vuelve bella, digna y noble cuanto más nos abrimos a sus propuestas y nos esforzamos para ponerlas en práctica.
Volviendo ahora, estimada Yamileth, al caso de su mamá, hay que recordar que ella cuando aceptó casarse con un divorciado, que anteriormente estaba casado “en la Iglesia”, sabía que se exponía a una unión no correcta… no podemos ahora apelar a la misericordia de Dios, para (por medio de la Santa Comunión) aprobar tal decisión. La misericordia divina nunca es motivo para que una acción no correcta, pase a ser correcta o se juzgue tal. Con eso no me permito -eso jamás- juzgar a su mamá, pero la decisión en sí misma no fue la correcta; debemos admitirlo.
Y ahora dos propuestas. ¿Nunca pensaron sus padres, estimada Yamileth, en la posibilidad de pedir el estudio de parte del Tribunal Eclesiástico, acerca del primer matrimonio para ver si había habido razones de nulidad? Hay que recordar que en tal caso el juicio no se dirige a las personas de los contrayentes, sino, al contrato y sacramento del Matrimonio para establecer si realmente hubo todos los requisitos para la validez de un matrimonio cristiano. Y si nunca presentaron el caso al Tribunal Eclesiástico, ¿por qué no consideran ahora tal posibilidad?
Usted me comentaba que es la hija más joven de la familia y que ya tiene treinta años, lo cual me hace pensar que sus padres ya son un poco mayores. El Papa Francisco en su exhortación apostólica Amoris Laetitia (La alegría del amor) anima a que los esposos en situación especial, particularmente si son mayores, a que consideren la posibilidad de vivir en castidad. En tal caso, posible con la Gracia de Dios, no habría dificultad alguna para que pudieran tener una vida sacramental completa, con confesión y santa Comunión.
Ánimo, Yamileth y estoy a su disposición para ulteriores aclaraciones.
Por Monseñor Vittorino Girardi mccj
Obispo Emérito, Tilarán-Liberia

