«Os envío como ovejas en medio de lobos»

El Diario de Monseñor Jesús Ruiz mccj

Obispo auxiliar de Bangassou, en República Centroafricana

Nunca antes había sentido tan mías estas palabras de Jesús cuando envía a sus discípulos: “Os envío como ovejas en medio de lobos”. Doce horas desde Madrid a Bangui y me he adentrado en ese otro mundo real, no virtual; mi mundo.

Monseñor Ruiz (derecha) nos habla de sus experiencias de vida en la misión ad gentes.

Atrás quedó la gente que quiero y que colma mi corazón; atrás la comodidad de un mundo donde las necesidades primarias están bien cubiertas; atrás un país en paz donde no tengo que ir mirando a mis espaldas por si me agreden; atrás un país que funciona con una seguridad y unos derechos humanos para todos a pesar de unos políticos tan mediocres; atrás quedó un sistema sanitario eficaz; atrás la técnica con un internet que te permite en varios segundos codearte con el mundo entero; atrás los paseos en esos atardeceres que duran horas, atrás el buen descanso en el calor familiar …

Me adentro en un país fantasma donde la simple llegada al aeropuerto produce una cierta angustia… Último país en el ranking mundial de desarrollo; seis años en una guerra olvidada de todos; casi  un millón y medio, un tercio de la población total, desplazada o refugiada. Sin apenas ejército, ni policía, ni ley… Si te roban o te agreden en la calle, arréglatelas como puedas, no acudas a nadie que será peor; si tienes un accidente en este caos circulatorio, sálvese quien pueda; si caes enfermo ponte en las manos de Dios pues el diagnostico será muchas veces lo que le viene a la mente al médico de turno que muy probablemente haya comprado su título en el mercado del PK-5… Cuando por la noche se te ocurra conectarte a Internet, llénate de paciencia a ver si tienes suerte y en quince minutos consigues abrir el correo urgente que dicen que te enviaron; ni sueñes con navegar por Internet, esto corresponde al otro mundo.

«¡Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad. Bendeciré al Señor mientras viva! «, ora confiado el obispo y misionero comboniano.

En Bangui, la capital, aún se respira algo de aire fresco y una cierta libertad, pero mi destino es al otro lado, Bangassou, a 800 km al este de la capital, un submundo en este cuarto mundo. Allí hombres violentos de toda clase, a golpe de machete o de kalasnikov, siguen utilizando las matanzas colectivas, la quema de poblados y la violación de las mujeres como arma de guerra. Allí me espera una realidad surrealista con la mayoría de los jóvenes frustrados y sin futuro; con casi un tercio de nuestra población desplazada o refugiada en el vecino Congo; sin poder circular libremente o coger un avión para poder salir si tienes una urgencia… De los 90 kilos de equipaje que he traído de Europa (40 eran del libro sobre la parroquia de Mongoumba que he dejado en Bangui) solo he podido facturar 25 de los cuales 10 eran los calendarios litúrgicos para toda la diócesis; el pequeño avión de UNHAS no nos permite más… Para muchas cosas ya nos hemos acostumbrado a vivir sin poder construir por falta de cemento; falta de carburante, falta de leche en polvo o café, el médico me mando hacer dieta, ¡qué ironía esa palabra aquí!, comes lo que te echen; ¿cómo hacer llegar las medicinas para los enfermos de SIDA, los libros y cuadernos para las escuelas, el papel higiénico, los cristales de la catedral que se rompieron, los neumáticos y los parabrisas de los coches o las placas solares que los rebeldes nos robaron… cómo hacer llegar el vino y las hostias para la Misa?

Solo veinticinco kilos cada uno de los privilegiados viajeros que podemos volar; el resto de la población como prisioneros sin poder salir de aquí ni por tierra ni por aire. Por esto y mucho más, digo que esas palabras de Jesús, leídas en la Misa tres días antes de salir de España “Os envío como ovejas en medio de lobos” han resonado con fuerza en mi interior. Un día después el Evangelio nos alentaba, “no tengáis miedo… hasta los pelos de vuestra cabeza están contados”.

Al llegar a Bangui he tenido que cambiar los planes. Teníamos programada una gran asamblea de todos los sacerdotes y religiosos durante dos semanas para elaborar nuestro Plan Pastoral Diocesano (PPD), pero el asedio antibalaka de la localidad de Zemio nos hace desistir. En estos momentos la gente huye al recinto de la misión para encontrar refugio; si los curas de Zemio y Mboki abandonan sus puestos, toda la población huirá despavorida; Me trae a la memoria esa conversación de uno de los monjes mártires de Tibhirine en Argelia con un vecino del convento:

  • “¿Sabes?, nosotros somos como un pájaro en una rama…, dice el hermano,

+   Y el vecino respondió: “No; la rama sois vosotros y nosotros el pájaro;   si cortan la rama…”

Estamos aquí porque somos esa rama que da asilo a estos pajarillos.

La misión “ad gentes” se coloca allí donde la dignidad humana está pisoteada y desfigurada, dice el misionero.

En este mes de octubre, mes misionero, quiero lanzar una pica en favor de la vocación misionera “ad gentes”. Sí, todos somos “discípulos misioneros” como nos exhorta el papa en la Evangelii Gaudium, pero el “ad gentes” tiene un plus de calidad que nos invita a vivir la misión dejando nuestro país, nuestra cultura, nuestras seguridades y comodidades para vivir el Evangelio aprendiendo nuevas culturas, hablando nuevas lenguas, rezando con personas de otros credos, y compartiendo en nuestras carnes el sufrimiento de los últimos de la tierra. La misión “ad gentes”  se coloca allí donde la dignidad humana está pisoteada y desfigurada; allí dónde a la gente se le hace casi imposible vivir su dignidad de hijos de Dios, creados a imagen y semejanza de Dios.

Hace más de treinta años que estoy saliendo…, y cada salida es nueva para mí; cada día repito en silencio mi “fíat” confiado en el Señor. Hoy, domingo de misiones, regresando a mi misión, digo agradecido: “A pesar de la que está cayendo, ¡Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad. Bendeciré al Señor mientras viva! ”

* El Obispo nos comparte sus notas de Diario, del Domingo 21 de octubre, 2018.

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