Proyección misionera de la alianza del Sinaí

VI Lección de Aula Misionera

Hemos iniciado un estudio sistemático de la Misión en la Biblia; y hemos puntualizado que la actividad misionera arranca desde las primeras páginas de la Biblia. En efecto, Dios, al expulsar del Edén a nuestros primeros padres por ha­ber rechazado su proyecto de amor, prometió que de la des­cendencia de la mujer surgiría el Salvador.

Posteriormente la Escritura dirá que Yahvé prometió sus­citar un vástago del tronco de Jesé. El Mesías, o Ungido del Señor, actuaría con el Espíritu de Dios, para salvar a Israel e iluminar a todas las naciones.

La alianza con Abraham es fuente de esperanza para todos los pueblos

La salvación de todos los pueblos está incluida, hemos dicho, en el estricto monoteísmo del pueblo judío, presentado desde las primeras páginas de la Biblia. Porque hay un solo Dios no debe haber más que una humanidad. Dios quiere que esta humanidad se salve y se salve por Cristo.

Después del diluvio Dios hace alianza con Noé. Dicha alianza expresa la economía divina con las naciones, con todos los humanos. Dios no quiere que la humanidad pe­rezca; se ocupa de todos y se compromete a salvar a to­dos. El arco iris brilla en el cielo para recordar a todas las naciones el plan de salvación de Dios. La alianza con Noé permanece vigente mientras dura el tiempo de las naciones, es decir, hasta que el evangelio sea proclamado a todas las naciones.

La alianza con Abraham es fuente de esperanza para todos los pueblos, porque Dios ha prometido bendecir por Abraham a todas las naciones.

Con Moisés el horizonte se estrecha al solo pueblo de Is­rael, que parece encerrarse en sí mismo. Moisés tuvo la misión de liberar al pueblo elegido de la esclavitud de Egipto, y forjar con esa masa de oprimidos un pueblo fiel a Yahvé, y capaz de llevar adelante el plan de salvación para todos los pueblos. La cumbre de esta acción pedagógica es la alianza del Sinaí entre Yahvé y el pueblo liberado: “Yo seré tu Dios y tú serás mi pueblo, si cumples lo que te mando hoy (Ex 19)”.

El pueblo recibe la ley de manos de Moisés, el sacerdo­cio y el culto. Estos grandes privilegios deben trascender en beneficio de todos los pueblos, ya que Israel es un pueblo sacerdotal, mediador entre Dios y los pueblos que no le co­nocen.

1. Los profetas y los sabios

Los encargados de recordar la responsabilidad de esta gran misión, que cumplir, serán más tarde los profetas y los sabios, cuyas enseñanzas encontramos en los libros proféticos, en los salmos y en los libros sapienciales.

A menudo el Dios verdadero de Israel es presentado como un Rey victorioso

En los salmos y profetas encontramos, con frecuencia, un vivo deseo que los paganos adoren al verdadero Dios, y Jerusalén llegue a ser definitivamente el centro de un mun­do finalmente convertido a Yahvé y unificado.

A menudo el Dios verdadero de Israel es presentado como un Rey victorioso, que trae hacia El a todas las nacio­nes:  “Canten un poema a Dios, porque Él es el Rey de toda la tierra. Dios es el Rey de las naciones. Los hombres im­portantes de las naciones se unen al pueblo del Dios de Abraham, pues de Dios son los poderes del mundo. Él está por encima de todo”.

En muchos salmos se nota una viva conciencia de ser testigos visibles de la santidad de Yahvé, papel que es ya activamente misionero.

No hay que olvidar el bellísimo texto de Isaías, en donde se predice la conversión de Egipto y de Asur, pacifi­cados con Israel por la misma fe: “Será conocido Yahvé por Egipto, y conocerá Egip­to a Yahvé aquel día; le servirán sacrificio y ofrenda, harán votos a Yahvé y los cumplirán. Yahvé herirá a Egipto, pero al punto le curará…Aquel día Israel será tercero con Egipto y Asur, objeto de bendición en medio de la tierra, pues le bendecirá Yahvé Sebaot dicien­do: Bendito sea mi pueblo Egipto, la obra de mis manos Asur, y mi heredad Israel” (Is 19,16-25).

Esta visión universalista de todos los pueblos viviendo en paz, unificados por la misma fe religiosa, se afirmará con nuevos desarrollos en el Segundo Isaías.

2. La Misión asombrosa del Siervo de Yahvé

Los israelitas, pese a las advertencias de los profetas, siguen cometiendo en su vida “lo que desagrada a Yahvé”: culto idolátrico, práctica religiosa vacía, sin corazón, injus­ticias, inmoralidades e incumplimiento de los mandatos de la Ley. Dios permite que los pueblos paganos se apoderen de ellos, destruyan su nación y el templo y los lleven al des­tierro.

Este descalabro político y religioso hunde a los sobrevi­vientes en una crisis tremenda y se preguntan: ¿Quién es el más fuerte, Yahvé o los dioses de los pueblos paganos? Los profetas explican a los desterrados que Israel es un pueblo misionero. Dios los llevó al destierro, en medio de pueblos paganos, para que les anuncien al verdadero Dios.

Este texto se puede considerar la cumbre misionera del Antiguo Testamento. Prevé, en efecto, no sólo la apertura to­tal a los paganos, por fin evangelizados, sino también su com­pleta participación en el sacerdocio y en el culto. Dicha profe­cía fue escrita siglos antes que apareciera Jesús y enviara a sus discípulos y apóstoles a al mundo entero:  “Ahora vengo a reunir a todos los pueblos de todos los idiomas. Y cuando habrán venido serán testigo de mi gloria. Yo haré un prodigio en medio de ellos y luego mandaré los sobrevivientes hacia todas las naciones y las islas más lejanas que no saben de mi fama ni han visto mi gloria. Ellos publicarán mi poder en medio de las naciones a lo lejos, y, de todos los pueblos traerán a todos tus hermanos dispersos como una ofrenda a Yahvé” (Is 66,18-20).

San Daniel Comboni supo encarnar el mandato de ser una Iglesia misionera.

Dios no cambia de parecer y el Espíritu Santo, autor principal de la Sagrada Escritura, asiste al escritor sa­grado para que en toda la Biblia aparezca clara y apre­miante la voluntad de Dios: Pablo la resume en la pri­mera carta a Timoteo con las palabras que conocemos: “Dios quiere que todos los humanos se salven y lle­guen al conocimiento de la verdad” (l Tm 2,4).

La Iglesia misionera tiene presente esta voluntad de Dios y exhorta a todos los cristianos a cumplirla a cabalidad. Dios sigue teniendo confianza en nosotros; prueba de ello es que nos envía al mundo entero, para proclamar a todos la buena nueva de Jesús.

Escribe al respecto Juan Pablo II en la Misión del Reden­tor:

“Por medio de los apóstoles la Iglesia ha recibido una misión universal, que no conoce confines y concierne a la salvación, en toda su integridad, de conformidad con la plenitud de vida que Cristo vino a traer; ha sido en­viada “para manifestar y comunicar la caridad de Dios a todos los hombres y pueblos”. (RM 31).

Cuestionario para profundizar

  1. Dios hizo alianza con Israel en el Sinaí. ¿Para qué?
  2. ¿En qué sentido Israel es un pueblo misionero entre los paganos?
  3. ¿Con cuál finalidad Israel fue desterrado entre los pueblos paganos?
  4. ¿Cuál será la obra del Siervo de Yavhé con res­pecto de los paganos?
  5. ¿Cuál será el futuro de las naciones en lo religio­so según Isaías?
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Un comentario

  1. Rotzana Baten de Shuya

    Gracias Padre por compartir esta enseñanza bendiciones.

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