Jesús es nuestra esperanza

Reflexión Dominical

III Domingo Tiempo Ordinario

Ciclo C, Evangelio según San Lucas 1, 1-4; 4, 14-21

Domingo 27 de enero, 2019

Hay en el evangelio de Lucas una pregunta inquietante, puesta por Jesús, que se queda como suspendida, sin ninguna respuesta: “¿El Hijo del Hombre, cuando vendrá, encontrará todavía la fe en la tierra?” (Lc 18,8). Pregunta dramática: quizás Jesús la ha dejada abierta para que cada generación done su respuesta. San Juan Pablo II, en su exhortación “Ecclesia in Europa” decía que muchos bautizados viven hoy como si Cristo no existiera y que se va dilatando la indiferencia religiosa. Por eso se impone en los países tradicionalmente cristianos la urgencia de una nueva evangelización “para conducir a los bautizados a convertirse a Cristo y a su evangelio” (n. 47).

Hoy más que nunca necesitamos de la Palabra de Dios y necesitamos transmitirla a los demás.

En su mensaje “Urbi et Orbe” del 25.12.2006, Benedicto XVI se pregunta: “¿Por qué esa indiferencia? Quizás porque el hombre moderno… productor entusiasta de éxitos indiscutibles, cree no necesitar a un Salvador”.

“Pero no es así” dice el Santo Padre. Y enumera situaciones graves de la humanidad: se muere todavía de hambre y de sed, de enfermedad y de pobreza; victimas del odio racial y religioso, de intolerancias y discriminaciones, del terrorismo y de la violencia. Habla de quienes, sin esperanza, se ven obligados a dejar su casa o su patria para buscar en otros lugares condiciones de vida dignas del hombre; habla de los que se encaminan por el túnel de la soledad y acaban frecuentemente esclavizados por el alcohol o la droga o quitándose la vida.

Sí, afirma el Papa, “nuestra época necesita aún más que hace dos mil años, un Salvador, porque la sociedad se ha hecho más compleja y se han hecho más insidiosas las amenazas para la integridad personal y moral del hombre. Cristo es también el Salvador del hombre de hoy, es nuestra esperanza. ¿Cómo anunciarlo al hombre de hoy, y al bautizado descarriado?”.  Evangelizar…! Como hizo Jesús, comunicando liberación, esperanza, luz y gracia a los más pobres y desgraciados.

Lo vemos en el evangelio de hoy; Lucas nos presenta a Jesús tan diferente de los rabís de su tiempo: no abre una escuela para el estudio de la Ley en Jerusalén, sino va por todo lado a predicar y enseñar, en las sinagogas, en espacios abiertos, en las plazas…Jesús tan diferente también del Bautista: este esperaba a la gente en las orillas del Jordán, Jesús busca a la gente en una vida itinerante. El Bautista anunciaba el juicio de Dios, Jesús al contrario, su perdón.

“Jesús no vino para reportar los lejanos a Dios, más bien para llevar Dios a los lejanos, hombres y mujeres sin esperanza… La mirada de Jesús va siempre sobre la pobreza y el hambre del hombre. El Evangelio no es moralista, sino creador de hombres libres y gozosos. La buena noticia es que Dios pone al hombre en el centro.” (E. Ronchi).

Y ahora entremos nosotros también en la sinagoga de Nazaret. Jesús abre el rollo de la profecía de Isaías, lo lee, lo enrolla y dice: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”. Las palabras de Isaías que Jesús hace suyas, dicen el sentido de su vida. Jesús es el hombre soñado por el profeta: libre, pobre y feliz, cuyos días son benevolencia y acogida.

Jesús va en Galilea, región despreciada, en su pueblo de Nazaret, para que nazca un hombre gozoso, para que la historia no engendre más a pobres, prisioneros, ciegos, oprimidos. El Reino de Dios es un reino para los hombres. Eso Jesús quiere realizar: ser un Dios para los hombres. Y llena tu vida, no de cosas, sino de personas. A amar.

La palabra llave del pasaje leído por Jesús es libertad-liberación. Palabra que indica movimiento, energía que empuja en adelante, como el barco que zarpa, la flecha que se dispara, la caravana que se encamina. Palabra que sabe de viento y de futuro y de espacios abiertos. Yo soy la vela y Dios el viento. En la sinagoga de Nazaret es entonces la humanidad que se levanta hacia el gozo, la luz, la libertad. Por la fuerza del Señor.

“Hoy” la Palabra de Jesús empieza a liberar no solamente de las enfermedades que son el signo de una disminución de vida, más bien de todos los bloqueos psicológicos y morales que entumecen, no permiten de avanzar y de crecer, inhiben los arranques del amor. Estas cepas hoy empiezan a ser trituradas.

“Me ha enviado para anunciar el año de gracia del Señor”. Un año, un siglo, mil años, una historia entera, hecha solamente de benevolencia y de ternura de la parte de Dios. A nosotros intentar de prolongarla. Como Jesús, todo creyente sabe ahora desde donde repartir: desde las periferias de la historia y del mundo, desde los que no tienen pan, o solo pan amargo, desde los hambrientos de respeto y de ternura, desde los excluidos. Y recomponer en unidad los fragmentos de este mundo explotado.

Jesús, nuestro Salvador y nuestra esperanza: este es el anuncio que la Iglesia y cada creyente tiene que hacer resonar y proclamar, no solo con las palabras, sino también con toda nuestra vida. Solo descubriendo de nuevo el don recibido, la Iglesia puede testimoniar a todos a Cristo Salvador, y ser  “oasis de misericordia” (Papa Francisco).

Evangelizar a los pobres es el proyecto de Cristo; esa es la vocación de la Iglesia, de toda la Iglesia; es la misión de cada bautizado. Evangelizar a los pobres es socorrerlos como Jesús, es servirlos por Jesús, es amarlos en Jesús. Jesús no está solamente presente bajo las especies eucarísticas, sino se esconde también en la carne y en el corazón de los pobres. Lo que habréis hecho al más pequeño de vuestros hermanos – decía Jesús – es a mí que lo habréis hecho. Preguntémonos: ¿Estamos caminando en la misma dirección que Jesús?

Tengo que preguntarme si, en comunión con todo el pueblo cristiano de mi parroquia y de la Iglesia, y no solo de mi grupito, comunico la fe, comunico la esperanza, comunico y hago la caridad y las obras buenas.

“No tengan miedo – decía el Papa Francisco a los jóvenes – de escuchar al Espíritu que les sugiere opciones audaces, no pierdan tiempo cuando la consciencia les pide arriesgar para seguir al Maestro”.

“Que el gozo del Señor sea nuestra fuerza” (I lect.).

Amen.

Padre Franco Noventa, mccj

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