La Provincia de Centroamérica tiene futuro

Estimados todos,

En el contenido de la carta que los padres Tesfaye Tadesse, superior general, y Alcides Costa, asistente general, nos han enviado luego de la visita efectuada a nuestra provincia en diciembre y enero pasado, visualizamos al menos cuatro desafíos importantes. De estos retomo uno del que hago el tema de esta carta: ¡La PCA tiene futuro!

«Si queremos un futuro para nuestra Provincia debemos pasar por el dolor del cambio», Padre Víctor Hugo Castillo mccj.

Hace ya cuarenta años, con la llegada de los primeros misioneros a Costa Rica, el Instituto inició un nuevo camino de apertura misionera para Centroamérica. En ese momento nadie podía imaginar cómo iba a ser el camino por recorrer; simplemente había que asumir el desafío. El entusiasmo y la pasión fueron actitudes que generaron creatividad e iniciativas concretas. Así, evangelización, animación misionera, promoción vocacional y formación poco a poco fueron tomando forma no solo en los programas, planes y proyectos establecidos sino en el corazón de los que acogieron la propuesta y se convirtieron en los primeros testigos de esta obra misionera. Estos primeros misioneros llegados a Centroamérica nunca antes habían sido misioneros en África, pero sus discursos, charlas y homilías reflejaban la pasión que les habían transmitido otros misioneros que con sus testimonios les cautivaron. Así continuó y continúa hoy el camino de una presencia que cuenta con misioneros que han vivido y trabajado en escenarios geográficos, culturales, religiosos, sociales y políticos diversos de África. Pero también con la presencia de misioneros africanos y asiáticos que dibujan el rostro multicultural de nuestro carisma misionero. Diferentes, pero convocados por la misma pasión que animó a san Daniel Comboni por los caminos de la misión. Entusiasmo, pasión misionera, creatividad son la cuna desde la que fuimos progresivamente creciendo.

El tiempo ha pasado y luchamos día a día contra la tentación de instalarnos cómodamente desde los balcones a mirar dándonos por satisfechos de lo que ha sido hecho; o con nostalgia como simples espectadores. Tampoco podemos sentarnos por los caminos o las plazas a lamentar lo que un día fue y hoy ha cambiado. No somos misioneros del pasado, aunque reivindicamos un pasado, el nuestro. Somos misioneros del cambio, el presente nos exige cambio. Si queremos un futuro para nuestra Provincia debemos pasar por el dolor del cambio (¡de la metamorfosis, dirían algunos!). Porque todo cambia y que nosotros cambiemos, no es extraño. Lo extraño sería el negarse al cambio, el inmovilismo, el no querer reorganizarse.

Hacer historia no significa recordar acontecimientos y circunstancias más o menos estáticos en un tiempo y espacio que marcaron significativamente nuestro camino. Hacer historia significa mirar lo acontecido y darle el sentido justo que nos ayude a vivir mejor el presente y asumir la responsabilidad de preparar el futuro. Los tiempos han cambiado y nosotros también. Los nuevos paradigmas de la misión nos lanzan nuevos desafíos. Desafíos que ciertamente nos ponen en crisis. Pero, la crisis es providencial cuando se asume con creatividad.

El Superior General, Padre Tesfaye, recientemente visitó y conoció las diferentes realidades de nuestra Provincia.

Si después de todo lo que han visto, compartido y experimentado los padres Tesfaye y Alcides afirman que la ¡PCA tiene futuro!, lo podemos tomar como un halago, un piropo; o dejarnos tentar por el espíritu “cattivo” de la complacencia y darnos por aludidos y satisfechos: ¡hemos hecho lo que teníamos que hacer! Yo, por el contrario, lo tomo como un gran desafío porque a modo de conclusión la afirmación se presenta más bien como la ‘introducción’ de lo que ahora más que nunca debemos emprender. Si es verdad que el futuro es lo que aún no es, entonces será igualmente verdad que hay que construirlo, prepararlo, visualizarlo, soñarlo, programarlo y luchar por él.

El futuro de la PCA lo estamos construyendo todos. Los secretariados provinciales con sus diferentes sectores han producido un material valioso con valor orientativo y criterio práctico que recoge mucha de la experiencia de la Provincia, del Instituto y de la Iglesia. La comisión que ha preparado las últimas asambleas provinciales nos ha dado un impulso grande y creativo en la concepción, programación y realización de estas. Todos nos hemos sentido involucrados de manera personal y comunitaria.

Preparamos el futuro de la PCA si no ‘renunciamos’ a la vocación ad gentes de la misión de la Iglesia. Si nos presentamos con las razones suficientes y la creatividad necesaria que despierten nuevamente esta dimensión en las iglesias locales. Preparamos el futuro de la PCA cuando marcamos la evangelización con el iter facere de lo específico de nuestro carisma comboniano; cuando en la promoción vocacional somos atrevidos y presentamos la vocación ad gentes con convicción y pasión; cuando la reflexión ilumina cada uno de los servicios con sanos criterios de discernimiento. Preparamos el futuro de la PCA cuando tomamos conciencia de nuestra diversidad cultural y nos rendimos a la evidencia de la riqueza intercultural de nuestras comunidades. Todo esto pasa necesariamente por nuestro testimonio.

Preparamos el futuro de la PCA cuando vemos en nuestros misioneros el deseo de salir nuevamente a otras latitudes con espíritu de obediencia a la propia vocación; cuando jóvenes escolásticos terminando su formación hacen una opción para el servicio misionero en nuestra Provincia; cuando ante las dificultades propias de la misión no se toman decisiones a partir de circunstancias sino a partir de actos profundos de fe. La PCA tiene futuro cuando jóvenes y menos jóvenes asumimos el compromiso constante y asiduo de la formación permanente; cuando luchamos por adentrarnos en los caminos y procesos “de una espiritualidad que nos sana y humaniza”, tomando conciencia de nuestros “límites, fragilidades e incoherencias”.

El futuro de la PCA lo cuidamos y lo desarrollamos cuando no dejamos espacio en nosotros al individualismo, a todo aquello que socava la sana vida comunitaria y las relaciones interpersonales sinceras; cuando evitamos las críticas, calumnias y chismes y nos abrimos al diálogo fraterno; cuando nos alegramos de los dones del otro y valoramos su trabajo.

Finalmente, la PCA tiene futuro en la apertura efectiva de nuestro carisma a los laicos (gigante que duerme y hay que despertar, según el Papa Francisco). Los laicos son una fuerza permanente que aporta una visión renovada a la misión. Prescindir de ellos sería privar la actividad misionera de una riqueza humana y espiritual propia. A nosotros nos ayudan a tomar el pulso de realidades familiares, sociales, religiosas que generalmente se nos escapan. Esta apertura ya se está dando y hay que continuarla.

¡La PCA tiene futuro! Todos lo estamos construyendo. La fuerza, el motor: el optimismo y la pasión por dejar la huella de la responsabilidad impregnada en el corazón de las nuevas generaciones. ¿Tendremos las razones suficientes para creer en esto? Me viene a la mente esta máxima que tomo del corazón, puño y letra de Enzo Bianchi: Solo quien tiene una razón por la que vale la pena donarse y gastar la vida hasta morir, tiene razón para vivir.

Con aprecio y estima,

Víctor-Hugo Castillo Matarrita mccj

Padre provincial

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *