Vida intercultural para una misión eficaz en el mundo de hoy

M. Michael, SVD

1. Introducción

Hoy, más que nunca, la tarea evangelizadora requiere con mayor exigencia un trabajo en equipo. El equipo puede provenir de regiones geográficas de la misma lengua y cultura, o de diferentes contextos culturales y geográficos. Con más frecuencia proceden de regiones cultural y geográficamente diferentes. Dados los cambios globales de nuestra época, el futuro de las comunidades religiosas internacionales será cada día más intercultural.

¿Cómo identificar y responder a las demandas de una vida intercultural?

En teoría, los misioneros han de aprovechar las ventajas de compartir experiencias diferentes, ideas, fuentes de conocimiento y recursos para un trabajo más fructífero. Sin embargo, en la práctica, los equipos, cultural y lingüísticamente mixtos, no siempre consiguen los efectos deseados, sino que sus miembros entran en conflictos paralizantes que perjudican la actividad misionera. El desafío actual para las comunidades religiosas internacionales es cómo identificar y responder a las demandas de una vida intercultural. El trabajo evangelizador sufre menoscabo precisamente por esos conflictos entre misioneros y misioneras. Este es uno de los obstáculos más importantes de la evangelización en el mundo actual. En lugar de ser testigos del Evangelio, el conflicto interno entre ellos puede ser, en la actualidad, un anti-testimonio de la Buena Nueva. El Papa Francisco dice a este respecto en su encíclica Evangelii Gaudium: «Hoy se puede advertir en muchos agentes evangelizadores, aunque oren, una acentuación del individualismo, una crisis de identidad y una caída en el fervor. Son tres males que se alimentan entre sí» (78). «Terminan ahogando su alegría misionera» (79). «Por ello me duele tanto comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aun entre personas consagradas, consentimos diferentes formas de odio, divisiones y calumnias, difamaciones, venganza, celos … ¿A quién vamos a evangelizar con estos comportamientos? » (100).

Por lo tanto, para ser evangelizadores eficaces, los misioneros tienen que ser testigos, tanto individual como colectivamente en sus comunidades. Tienen que aprender a vivir y a trabajar en comunidades interculturales. Esto implica mutuo respeto, entendimiento y enriquecimiento entre personas que son diferentes. Esto es algo esencial para que la Iglesia sea una comunidad testimonial. Es parte del Evangelio preguntamos cómo ser capaces de vivir y trabajar juntos. La cuestión es cómo formar equipos de trabajo entre miembros procedentes de diferentes grupos culturales y lingüísticos. Por eso, este artículo trata de mostrar cómo diferencias culturales comportan diferentes cosmovisiones, que si bien es cierto pueden llevar a conflictos entre los misioneros y misioneras en una vivencia intercultural, pueden también capacitamos para superarlos, o por lo menos atenuarlos, creando una sinergia saludable y lograr ser más operativos en el mundo que nos toca vivir.

2. Misioneros y misioneras de procedencia multicultural

La Iglesia de India está compuesta por hombres y mujeres de culturas y de grupos étnicos y lingüísticos diferentes. Vive en medio de una enorme diversidad cultural y religiosa. La población total de India hoy se estima en 1.27 billón. Cristianos son solamente 30.64 millones, es decir, 2.43 por ciento de la población India. Aunque los misioneros provienen de diferentes partes del país, ya que la población cristiana se concentra en ciertos estados culturales y lingüísticos, es normal que estos estados tengan más misioneros que otros. Según el censo de 2011, la distribución de cristianos en diferentes partes de India muestra que casi la mitad de la población cristiana del país vive en el sur de India.

Debemos esforzarnos por crear entre los individuos y grupos misioneros una convivencia intercultural.

Los cincos estados sureños: Tamil Nadu, Kerala, Karnataka, Andhra Pradesh y Telangana cuentan con 12.80 millones (46%) de los 27.80 millones de cristianos de India. Entre ellos, solo Kerala representa el 22.07% del total de cristianos en el país, seguido por Tamil Nadu con el 15.88%. Los siete estados norteños cuentan con 1.3% de la población cristiana en India. El resto del país tiene menos del 25% del total de cristianos en el país.

Un gran número de misioneros en India procede de Kerala, Tamil Nadu, Noreste, Goa, Mangalore, de áreas tribales de Chotanagpur y de otras comunidades cristianas concentradas en áreas de diferentes estados. Las Congregaciones Religiosas de hombres y mujeres son principalmente de otras regiones lingüísticas y culturales del país. Hoy tenemos en India 7.000 sacerdotes religiosos aproximadamente, 2.600 hermanos religiosos y 51.000 hermanas religiosas: verdadero regalo de Dios. Son muchas las congregaciones religiosas en India comprometidas en servir a la sociedad de la mejor manera posible a través de diversas instituciones. Hay alrededor de 15.000 centros educativos, 1850 hospitales y centros de trabajo. Con esta invaluable fuerza de trabajo, podemos hacer mucho más. Podemos ser más vibrantes y efectivos. Y esto requiere mayor entendimiento mutuo, amor y un trabajo de equipo comprometido.

A pesar de nuestro buen trabajo, oímos y observamos con frecuencia que las diferencias lingüísticas y culturales entre los misioneros obstaculizan el efectivo testimonio de Cristo en India. Es de capital importancia esforzarnos por crear entre los individuos y grupos misioneros una convivencia intercultural y una sinergia mutuamente enriquecedoras y no menos desafiantes. Este sería el ideal. Pero, todos nosotros sabemos mucho de malentendidos, divisiones, prejuicios y tensiones que impiden este ideal. Existen diferencias y contrastes entre sociedades socio-céntricas e individualistas: tensiones debidas a la lengua y a las diferencias generacionales. Hay también cuestiones de género y dinámicas de poder que opacan nuestro auténtico testimonio en nuestra vida religiosa y misionera en las esferas del poder, de las finanzas y en la toma de decisiones. A este respecto, puede ser oportuno recordar la observación del Papa Francisco, a quien le duele comprobar que la alegría de la misión se ve oscurecida «por diversas formas de odio, divisiones, calumnias, difamaciones, venganzas, celos», que pueden aplicarse a los misioneros en India. Si esto es así ¿a quién vamos a evangelizar con estos comportamientos? (EG 100).

Para ser una comunidad testimonial es preciso entender que los misioneros procedemos de diferentes contextos culturales. Es frecuente utilizar la imagen de un iceberg para ilustrar cuántas culturas, contextos y situaciones vitales afectan, podríamos decir en un 90%, nuestras relaciones. Sinceros intentos para reconocer, entender, apreciar y limar diferencias entre grupos culturales, etnicidades y personalidades, requieren mirar bajo el «nivel del agua» Esta área parece ser confusa, extremadamente compleja, e incluso contradictoria a primera vista, ya miremos a «nuestro propio mundo» o (especialmente) nos sumerjamos en las aguas profundas del «mundo del otro». Y aun así, como cristianos y misioneros que somos, creemos que podemos descubrir la gracia y la vida de Dios «en las profundidades» de esos «mundos» tan diversos (ver Gittins, 2015).

El objetivo de nuestra reflexión es mapear el significado e identidad de las profundidades, semejanzas y diferencias de las comunidades de misioneros procedentes de diversos ámbitos culturales, lingüísticos y regionales, a fin de tender puentes entre ellos e integrarlos, de manera que puedan vivir hoy en India la vida misionera y religiosa. Y para lograr la meta que nos proponemos, nos serviremos de la información que nos proporcionan las ciencias humanas, como la antropología, la sociología y la psicología.

3. Lección de un trabajo de investigación, publicado en inglés: «Creando valores con equipos diferentes en una gestión global»

Jospeh J. Distefano y Martha L. Maznevski, en su trabajo de investigación, con el título en español que encabeza este apartado, afirman que mientras algunos equipos multiculturales trabajan bien juntos y consiguen resultados, otros no logran los mismos efectos. Y se preguntan: ¿qué es lo que distingue a unos y a otros? Ellos proponen tres pasos: mapear, tender puentes, integrar, como método que ayude a descubrir el potencial de un equipo o equipos de diversa procedencia cultural. Equipos multiculturales diferentes pueden funcionar pobremente, pero pueden también disponer de un potencial para ser más creativos y generar más y mejores alternativas a sus problemas. ¿Por qué? Toda sociedad desarrolla diferentes criterios, normas y una determinada cosmovisión a la hora de actuar. Así, miembros de un equipo multicultural se incorporan a un grupo con opiniones diferentes sobre cómo tendría que trabajar un equipo. Por el hecho de ser profundas estas diferencias son y, por lo general ocultas, tienen ellos el poder de obstaculizar el buen funcionamiento del grupo.

Distefano y Maznevski dicen que hay tres modos diferentes de operar equipos globales. Están, por un lado, los «destructores» afectados por los negativos estereotipos de sus miembros. Por otro, los «ecualizadores», que suprimen lo diferente y se fijan sólo en las semejanzas. Y, en un tercer lugar, los «creadores», que aportan innovaciones en la manera de trabajar juntos. Así pues, la clave para un buen funcionamiento de equipos diversos es cómo tratar nuestras diferencias. Y aquí vienen a colación los tres pasos: mapeo, tender puentes, integrar.

El Mapeo implica describir las diferencias culturales y aplicar este conocimiento para explicar incidentes pasados. Se trata más bien de una percepción intelectual y comprensión de las diferencias y semejanzas. Esta es una actividad equilibrada y sensata de racionalización. El mapeo incluye la pregunta «¿Quién soy yo? y ¿Quién es el otro?». Es la percepción de mi personalidad y la de los demás en mi comunidad; una manera de ver el mundo, el tiempo y las relaciones de poder.

«Tender Puentes» es también una actividad ecuánime de racionalización. Su objetivo es conocer las razones de las diferencias y qué hacer con ellas. ¿Podré usar yo estas diferencias para destruir, manipular o acosar a los otros? ¿Quiero ser un «destructor», un «ecualizador» o un «creador»? Implica que los miembros del equipo se comuniquen, teniendo en cuenta el contexto cultural de los otros y adaptar su propio comportamiento al equipo.

«Integrar» es un acto de voluntad. Combina cabeza y corazón. Se beneficia de las diferencias. Busca hacer lo mejor con ellas para posibilitar una vida efectiva e integrada. Da pasos para resolver las diferencias. Pone la Misión en el centro de la vida y aprende a vivir con los demás y a enriquecerse con las diferencias. Los miembros se convierten de sus actitudes etnocéntricas.

En cada uno de estos pasos, las diferencias culturales pueden obstaculizar o mejorar los procesos. El objetivo de los tres pasos es lograr resultados más positivos.

4. Culturas individualistas y colectivistas

a) Cultura y vida

Como ya hemos dicho, el ejemplo del iceberg ayuda a explicar muchos de los desafíos comunes en las relaciones interculturales y en la comunicación. Solo una pequeña parte de la cultura, como el iceberg, es visible en la superficie. Las culturas tienen sus partes ocultas – un componente inconsciente-o La parte visible y consciente de la cultura es lo que vemos y conocemos. La invisible es la parte inconsciente de la cultura y la razón de infinidad de malentendidos y conflictos en las relaciones interculturales (ver Kemper, 2015; 91).

Podemos decir que la cultura es la sabiduría acumulada de una comunidad viva. Los miembros pertenecientes a una cultura aprenden esta visión acumulada de sus ancestros en el transcurso de sus vidas. Puesto que no hay un innato o instintivo conocimiento del mundo, los humanos tienen que aprender a organizar su vida por vía de ensayo y de error. Los antepasados en una cultura trataron de afrontar la vida cubriendo sus necesidades físicas, sociales e ideacionales en un determinado lugar y tiempo. Estas experiencias y conocimientos están contenidas en creencias, principios morales, mitos, proverbios, historias, rituales y símbolos. La cultura se convierte así en modelo y referente para los miembros nacidos en una cultura, de manera que puedan convivir en su medio ambiente físico, social e ideacional. Podemos decir, por tanto, que la cultura proporciona pautas de comportamiento, y da sentido y valor a los integrantes de la misma.

La cultura es un programa según el cual una sociedad tiene que adaptarse a su entorno físico, social e ideacional. Las sociedades se rigen en su medio físico por medio de normas, estándares e ideas relacionadas con necesidades tan básicas como son la producción de alimentos, vivienda, trabajo y otros niveles de conocimiento tecnológico y habilidades diversas. Ellas se adaptan a su medio social adoptando lineamientos políticos. Las relaciones de parentesco y otras muchas normas orientan la interacción entre los miembros de la sociedad en cuestión, entre las cuales figuran como más importantes aquellas que fomentan la comunicación. Las sociedades se guían también por normas tendientes a la adquisición de conocimientos científicos, filosóficos, ideológicos y religiosos.

Con otras palabras, cuando decimos que la cultura es todo un conjunto de ideas socialmente compartidas para responder a las múltiples demandas vitales, estamos hablamos no sólo de ideas que afectan a la adaptación física y social, sino también a patrones de pensamiento y conocimiento. Así, cuando hablamos de cultura, hablamos, por consiguiente, no de cosas o acontecimientos como tales, sino de ideas. La cultura es un código ideacional subyacente al comportamiento. La cultura es una serie de normas sociales que regulan el juego de la vida. La cultura puede expresarse en artefactos, instituciones sociales y creencias, en principios morales y en rituales. Pero estas son expresiones de ideas o cosmovisiones de una cultura. La cultura es, en último análisis, un conjunto de símbolos y significados, que se enseñan a los niños nacidos en ella. Y todo ello confiere identidad, sentido de pertenencia y de propiedad a una comunidad.

 b) Culturas individualistas y colectivistas

Las culturas dan diferentes respuestas a los interrogantes más fundamentales del ser humano, con sus peculiares cosmovisiones e identidades. Los sociólogos apuntan que las culturas pueden estudiarse o entenderse en un sentido amplio como un continuo cultural orientado al individualismo o al colectivismo.

Quienes proceden de culturas colectivistas se concentran en el grupo, y dirigen su atención a toda la película de su comunidad, mientras que los de procedencia cultural individualista priorizan lo individual Una sociedad es individualista cuando la relación entre sus integrantes no es vinculante, y cada uno se preocupa únicamente de sí mismo, de sí misma o de su propia familia. Hay colectivismo cuando las personas, desde su nacimiento tienden a formar grupos compactos que les brindan seguridad, protección de largo aliento a cambio de una incondicional lealtad (Fokman, 2015: 142).

Las principales diferencias entre culturas individualistas y colectivistas pueden resumirse en esta pregunta: ¿cuál es la unidad básica de la sociedad, el individuo o el grupo? En la cultura individualista, la unidad social básica es el individuo, mientras que en las culturas colectivistas es el grupo la unidad social. En la cultura individualista se estimula la independencia de las personas, la toma de sus propias decisiones, el respeto a sus propias opiniones y la solución de sus problemas. Pero, por otro lado, las culturas colectivistas son interdependientes, tienen una identidad compartida, y no dan tanta importancia a la identidad personal.

Las culturas individualistas valoran las relaciones personales y están organizadas horizontalmente, alentando una comunicación directa. Por otro lado, las culturas colectivistas se organizan verticalmente. Estas son categorías sociales diferentes, que acusan también sus diferencias en el modo de comunicarse. Encontramos un bajo contexto en las culturas individualistas donde el estilo de comunicación es directo, absoluto y preciso, animando a las personas a decir lo que piensan. En culturas colectivistas hay un contexto alto donde la comunicación es indirecta e imprecisa. Se anima a las personas a preguntar poco, sin preguntar realmente. Es empezar una conversación. En culturas individualistas, hay pensamiento rápido y toma de iniciativas. En las culturas colectivistas se enfatiza la paciencia, el pensamiento y las decisiones colectivas. Las culturas individualistas valoran la libertad, la honestidad, el reconocimiento social, la comodidad y la recompensa basados en el logro individual. En las culturas colectivistas se valora la armonía, la modestia, la moderación, la igualdad en la recompensa y la satisfacción de otras necesidades. El grupo se responsabiliza de la acción de unos pocos individuos.

Nuestras observaciones y estudios ponen de manifiesto que misioneros y misioneras provenientes de Kerala, Mangalore y Goa son de culturas «familiares» con diferentes intensidades de relaciones familiares. De ahí su tendencia a mostrar características culturales individualistas de tinte familiar individualista con variedad de matices. Los misioneros de Tamil Nadu y Andhra Pradesh, por otro lado, son de culturas aldeanas, de tinte colectivista. Los otros grupos mayores de donde proceden los misioneros, como de Chotanagpur y el Noreste, son de culturas de orientación «clánica» con una intensidad variada de relaciones de clan, y con tenencias colectivistas.

Puesto que las culturas individualistas y colectivistas son un continuo, la intensidad de estas características diferirá de una cultura a otra. Pero, en conjunto, podemos decir que la costa oriental de la península India está marcada por culturas colectivistas, comparadas con las de la costa occidental. Mientras las de la costa occidental muestran una tendencia cultural individualista, las de la costa oriental son de tendencia más colectivista. La población tribal de Chotanagpur encaja en culturas colectivistas. Según mi investigación, esto puede estar relacionado con las variaciones ecológicas e históricas de estas regiones (Michael, 1989).

 c) Importancia de la vida intercultural

Los diversos contextos interculturales de los misioneros afectan su vida intercultural en comunidades religiosas mixtas de la India y su interacción misionera en los lugares de trabajo con ellas en distintas partes del país. Si entendemos los diferentes patrones culturales de donde proceden estos misioneros y su compromiso con hombres y mujeres de otras culturas, pueden evitarse muchos conflictos culturales, poniendo en juego más sinergia.

Las regiones culturales originarias de estos misioneros y misioneras afectan su cosmovisión. Cada uno desarrolla una percepción de la realidad única y personal. Los seres humanos actuamos y reaccionamos siempre en concordancia con lo que vemos. Nuestra manera de ver las cosas crea nuestras experiencias. Reiteradas percepciones y acciones se convierten en hábitos. Y los hábitos conducen a una actitud que conforma nuestra visión del mundo. Nuestras actitudes son como lentes de la mente con los que percibimos la realidad. Nuestras actitudes configuran nuestras reacciones, emociones y comportamientos. Nuestras actitudes, percepción o visión de la realidad controlan todos los aspectos de nuestra vida.

Las regiones geográficas y culturales de donde vienen los misioneros desarrollan una visión única de la vida. Una visión, una manera de percibir la realidad puede controlar todo en nuestras vidas. Siempre está activa en todos nosotros: «Es como un casete que está siempre funcionando Siempre está diciendo: «Esto soy yo. Esto es por lo que va la vida. Esto es lo que el mundo significa. Esto es Dios. El CD de nuestra visión siempre está funcionando en silencio dentro de ti» (Powell, 1995:23). Desde esta visión, desde la percepción intelectual de sí mismo, de los otros, de la vida, del mundo y de Dios, brotan todas las emociones, todo el patrón emocional de nuestra vida. Las emociones envían señales al cuerpo. Las emociones negativas nos tensan. Las positivas nos pacifican y armonizan.

La personalidad de un misionero, como la de cualquiera, se ve muy afectada por la cultura en la que el hombre o la mujer han sido educados. La cultura no es algo heredado biológicamente, sino adquirido en un aprendizaje. A los misioneros Tamil se les «enseñó» a actuar como Tamiles desde su nacimiento. Ellos piensan, hablan, sienten y actúan al «estilo Tamil», no porque corra sangre Tamil por sus venas o porque haya determinados genes en sus células que sean responsables de su peculiar comportamiento, sino porque ellos no han aprendido a pensar, hablar, sentir o actuar de otra manera, por ejemplo, como lo hace un Mayalee, un Mangalore o un Adivasi.

Como ser humano, un misionero siente naturalmente sus limitaciones viviendo y trabajando con personas de otra cultura. Misioneros o misioneras educados en una cultura particular, cuando se acercan a otra cultura, inconsciente o deliberadamente lleva al territorio de misión su propia cultura, sus patrones de pensamiento y comportamiento. Esto puede crear conflicto entre los misioneros y las comunidades que acompañan. Para reducir ese conflicto y crecer como buenos misioneros, es preciso que conozcan sus propios procesos culturales y los de las personas con las que comparten su vida.

5. Espiritualidad y vida intercultural: conversión del etnocentrismo

El etnocentrismo considera la propia cultura como el criterio con el que hay que juzgar las otras culturas. Es importante pensar que puede haber otros caminos igualmente válidos de acercamiento a la realidad y de responder a situaciones diversas. Según Milton Bennett (1986), activo investigador intercultural durante casi medio siglo, la conversión hacia una interacción intercultural más efectiva se realiza en seis etapas:

Desinterés: En esta etapa, la persona se desinteresa de las diferencias culturales y evita, por lo general, situaciones en las que aparecen esas diferencias. Tiende a «quedarse en casa» y a asociarse exclusivamente con personas de su mismo grupo.

Defensa: En esta fase, las personas experimentan que su propia cultura es la única «buena», el camino «mejor» para una interacción efectiva con la realidad y con otros seres humanos. Aunque reconocen las diferencias, éstas se describen con frecuencia de manera estereotipada y se consideran una amenaza. Hay una acentuada visión dualista de la realidad: «nosotros y ellos»; «nosotros» hacemos las cosas de esta manera, pero «ellos» no comparten nuestros valores; «ellos» no se da cuenta de la importancia de esto o aquello; «ellos» no entienden cómo son las cosas.

Minimización: La tercera etapa parte del reconocimiento de una humanidad común que aglutina a personas de culturas diferentes. Pero el peligro en esta posición es que las diferencias son vistas como superficiales o producidas por una falta de entendimiento a un nivel más profundo. La limitación fundamental de esta fase es que el punto de referencia es siempre la propia cultura.

Aceptación: Se experimenta la propia cultura como una de tantas maneras de ver y de interactuar con los otros. Las diferencias se reconocen, se valoran y respetan. Sin embargo, la aceptación, no significa necesariamente acuerdo. Al [mal, uno puede decidir que una práctica cultural es perjudicial, mala, o moralmente inaceptable, pero un juicio como éste no se emite por motivos etnocéntricos, es decir, el juicio no se formula en términos de lo que es aceptable en la propia cultura, sino según criterios que trascienden los valores culturales. Se puede negociar cómo mantener un comportamiento ético, mientras se acepta la relatividad de valores de un contexto cultural.

Adaptación: En esta fase de sensibilidad intercultural, las personas son capaces de cambiar su estructura de referencia, ver la realidad con ojos de la otra cultura y de actuar culturalmente de manera propia y natural. Esto no significa asimilación: no tenemos por qué renunciar a la cultura propia. Esto no significa tener que comportarse como lo hacen en la otra cultura, sino ser capaces de sentir y respetar su propio actuar.

Integración: Esta fase final tiene más que ver con la propia identidad del sujeto. Una cuestión que se les plantea a muchos en lo que a adaptación se refiere es la autenticidad: Si soy capaz de cambiar de perspectiva y de comportamiento entre dos o más culturas diferentes, entonces ¿quién soy yo realmente? ¿Pertenezco a una o a otra cultura, o ya no pertenezco a ninguna de ellas? Cuando se resuelve este interrogante viéndose a sí mismo como incorporado a dos o más culturas, es que uno se mueve en la fase de la integración. Nuestra identidad no se ha perdido por el hecho de asumir perspectivas culturales diferentes. Más bien se ha ampliado y enriquecido nuestros puntos de vista y comportamientos. No por eso tenemos que sentimos extraños a nuestras raíces, sino «en casa», ya se trate de dos o muchas culturas.

La vida intercultural es realmente una aventura cimentada en la fe, vivida en un contexto cultural. De ahí la importancia de captar las complejas dinámicas de una cultura en la misión cristiana. La vida intercultural será siempre un reto. Significa soltar acariciados lazos culturales y estar abiertos a nuevas experiencias. Esto exige un esfuerzo constante inspirado por la fe. La transformación es el futo permanente de la conversión a la misión de Cristo. Es nuestro testimonio intercultural que invitará a otros a escucharnos. Si queremos ser auténticos misioneros y misioneras en comunidades de una fe intercultural, tenemos que dejar al descubierto, respetar y honrar las genuinas demandas de nuestras culturas y comprometemos a encontramos con personas de otras culturas con gratitud generosa y verdadero deseo de aprender. Esto significa que tenemos que captar la naturaleza y el poder de la cultura. Cuando nos esforzamos por vivir interculturalmente es necesario identificar todo lo que puede oprimimos o liberamos en nuestras culturas. En términos de conversión, la competencia intercultural puede verse como un desafío constante para apreciar la diferencia cultural.

 6. Conclusión

La Misión de Dios está estrechamente unida a la cultura. Los misioneros procedentes de culturas diferentes necesitan aprender de su propia cultura, de la cultura de sus compañeros y de las comunidades a las que son enviados. Esto requiere adquirir competencia y destrezas para una misión eficaz. El conocimiento, la habilidad y sabiduría de la vida intercultural son sumamente vitales para la misión en la India. La Iglesia en este continente vive en medio de una extraordinaria diversidad cultural y religiosa. Los misioneros y misioneras provienen de esta realidad cultural. Nuestra reflexión ha tratado de poner de relieve la importancia de una vida intercultural para una misión fructífera en la India. Esperamos que este conocimiento sea muy productivo y cree la sinergia necesaria en la misión de Cristo en el mundo actual.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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– Powell, John S. J. (1995). A Life-Giving Visiono How to be a Christian in Today’s World. Chicago: Thomas More.

Nada de lo que un pecador arrepentido coloca ante Dios queda sin el abrazo de su perdón. Por este motivo ninguno de nosotros puede poner condiciones a la misericordia. La misericordia es siempre un acto gratuito de nuestro Padre celestial, un acto incondicional e inmerecido. Por consiguiente, no podemos correr el riesgo de oponernos a la plena libertad del amor con el cual Dios entra en la vida de cada persona. La misericordia es siempre esta acción concreta del amor que, perdonando, transforma y cambia la vida. Así se manifiesta el misterio divino de la misericordia. Dios es misericordioso (Ex 34, 6): su misericordia es eterna (Sal 136). De generación en generación abraza a cada persona que confía en él, dándole participación en su misma vida. Papa Francisco. Carta Apostólica Misericordia et misera, al concluir el Jubileo Extraordinario de la Misericordia (20 de noviembre, 2016, n. o 2).

Tradujo del inglés: Teodoro Nieto

* El autor es doctor en Sociología por la Universidad de Mumbai, es profesor de Antropología Cultural en el Instituto de Cultura India, Mumbai. El artículo muestra cómo superar o minimizar conflictos que pueden surgir en contextos interculturales misioneros y cómo crear mayores energías en el trabajo de equipo para una evangelización más efectiva. El presente artículo procede de VJTR 8, n. 2 febrero (2017) 87-101.

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