No nos ha faltado nada, ni Dios, ni su gracia

“Piensen que Yavé nos ha bendecido en todas nuestras obras, nos ha protegido en nuestro camino por el desierto y hace ya cuarenta años que Yavé está con ustedes sin que nada les haya faltado.” Dt 2,7

Serminario Mártires de Uganda.

Nuestro Seminario Mártires de Uganda (Costa Rica) se ha visto de fiesta una vez más, con la presencia de muchos amigos y bienhechores de los Misioneros Combonianos en esta casa, la que ya desde hace unos 34 años es centro de encuentro y lugar de reunión, amistad y oración por la misión.
Desde sus inicios, este seminario ha recibido cientos de personas de diversos lugares del país, sintiéndonos todos parte de esta familia comboniana. Por aquí nos hemos sentido familia con niños, jóvenes, y adultos, unos más grandecitos que otros, inspirados por San Daniel Comboni, por su amor a la misión y especialmente al continente africano.

Amigos, bienhechores, misioneros… se reunieron el domingo 3 de noviembre.

El domingo 3 de noviembre, unas 150 personas nos congregamos en un día de oración, canto, testimonios, eucaristía, almuerzo, bingo y hasta piñatas. Fue un verdadero día de amistad misionera. Venían de varios puntos de San José y otras provincias.
Escuchamos el testimonio y la alegría del Padre Pedro Salvador, de Guatemala, y del Hermano Jesús Pérez, recién llegado a nuestra provincia. Recordando el compromiso como Bautizados y Enviados vivido con especial fuerza el pasado octubre, y  en este año que celebramos los 40 años de nuestra llegada a Costa Rica, también el Padre Juan Diego recordó la responsabilidad que todos tenemos como cristianos, y por ende como misioneros desde nuestro lugar y en nuestro diario vivir. Igual nuestros postulantes hicieron un gran trabajo en el que mostraron su creatividad, alegría y espíritu de servicio y de amistad para con nuestros bienhechores. Fueron pieza clave en este día de encuentro.

Por 34 años este Seminario ha sido casa de oración, semillero de vocaciones, y lugar de encuentro.

De entre los presentes, algunos amigos nos conocen hace casi 40 años, y siguen con fidelidad el carisma misionero desde sus hogares. ¡Cuántos misioneros ellos han conocido, cuántos testimonios de misión habrán escuchado a lo largo de este tiempo! ¡Cuántas eucaristías, horas santas, reuniones o rosarios misioneros habrán vivido y ofrecido por las misiones y por los combonianos!
En verdad, como el pueblo escogido, cruzando el desierto por 40 años, nosotros podemos decir que no nos ha faltado nada, ni Dios y su gracia, ni el apoyo, las oraciones y el cariño de la gente que nos acompaña siempre. Gracias a Dios por todos los que nos apoyan y creen en nosotros.

Agradecemos a Dios y a todo el pueblo fiel que nos ha animado en el camino.

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