La Misión: Dios quiere que todos se salven

INTRODUCCIÓN: La Misión

En América, se celebra cada cierto tiempo un Congreso Mi­sionero, cuya finalidad es ayudar a los fieles a tomar con­ciencia de lo que han recibido en el bautismo, y de lo que les corresponde hacer, como creyentes en Cristo. Este año lo tendremos en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.  Para esta ocasión, y en preparación al mes misionero, convocado por Su Santidad Francisco para el mes de octubre de 2019, queremos empezar una reflexión netamente misionera, acompañados por un incansable misionero comboniano, que ya alcanzó la venerable edad de 91 años, y que sigue prestando, alegremente, su servicio misionero en la Provincia de Centroamérica: el Padre Juan María Piu mccj.  La novedad de estas publicaciones la encontramos en el carácter interactivo que le queremos dar.  Los lectores, podrán comunicarse directamente con el autor, para aclarar dudas, para hacer comentarios, para enriquecer la reflexión.

Esperamos que esta iniciativa encuentre una respuesta misionera y contribuya, como medio especial de evangelización y animación misionera, a suscitar en todos actitudes concretas para que Cristo sea anunciado, conocido, amado y seguido por muchos hombres y mujeres, jóvenes y niños de las iglesias de Centroamérica.

San Pa­blo, escribía a su discípulo Timoteo exhortándolo a arrimar el hombre a la carga de la evangelización. En efecto, “Dios quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la ver­dad” (1 Tm 1,4), es decir, que se salven por el conocimien­to de la verdad y la verdad es Cristo. Evangelizar es dar la buena nueva del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús.

La misión es, por lo tanto, la puesta en marcha del proyecto de Dios: hacemos “hijos” en su Hijo Jesús, Primogénito entre muchos hermanos; constituimos en familia suya, sin divisiones de ninguna especie.

San Pablo, en la carta a los Efesios, afirma que lo que más le gustó a Dios y lo que determinó desde la eternidad es que “seamos irreprochables en el amor”, es decir, que actuemos con espíritu de hijos para con Dios, y de hermanos entre nosotros.

 

1. Las intervenciones de Dios en la reali­zación de su plan

Como afirma la carta a los Hebreos, Dios nos ha ha­blado siempre de diversos modos y ha dado pasos concre­tos para la realización de su plan (Cf. Hb 1,1). Entre las intervenciones de Dios subrayamos unas; son como poderosas erupciones volcánicas: ponen en evidencia la hoguera de su amor, lo mucho que nos quiere:

La creación: nos hizo a su imagen, nos forjó un cuer­po capaz de recibir el espíritu, la capacidad de entender, de amar, de ser amados.

La Redención: ha enviado a su Hijo. ¿Para qué? Para da­mos en El un modelo y el artífice de nuestra conversión en hijos de Dios.

La santificación: en Pentecostés Dios ha derramado su Espíritu sobre los convocados para hacerlos «hijos» y constituirlos en “Iglesia”, familia de Dios, nuevo Israel, pueblo de Dios.

“La prueba de que son hijos es que Dios ha enviado a sus corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: ¡Abba, Padre!” (Gal 4,6)

Las dos manos de Dios, para la realización de su plan, son Jesús y el Espíritu Santo. Los dos son “misioneros”, en­viados de Dios, para realizar la salvación y convertir a los humanos en familia de Dios, en Reino de Dios.

 

2. La Iglesia es enviada, es misionera

Iglesia es la asamblea de los discípulos convocados por el Espíritu en torno a Cristo, Palabra y Eucaristía, según el designio de Dios Padre y presidida por el obispo con sus sacerdotes

Jesús es el primer y gran Misionero del Padre. Lo afirma San Juan en el evangelio: “Jesús es aquel a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo” (Jn 10,36).

Jesús ha confiado a la Iglesia, es decir a todos y a cada uno de nosotros, creyentes en El, la tarea de llevar la buena nueva de la salvación al mundo entero.

“Como el Padre me ha enviado, y Yo vivo por el Padre, así los envío Yo” (Jn 20,21)… “Vayan, pues, y anuncien el evangelio al inundo entero” (Mc 16,15).

La misión es la razón de ser de la Iglesia. Ella exis­te para evangelizar. Sin misión no hay Iglesia de Jesús. La Iglesia es portadora de un mensaje, del evangelio, que es buena nueva, porque trae ‘‘la salvación de Dios a todos los que creen” (Rm 1,16)

Anunciar a Cristo a todos los pueblos es “deber supremo, que ningún creyente y ninguna institución de la Iglesia puede eludir.  Lo ha afirmado el Papa San Juan Pablo II en su encíclica misionera: “La Misión del Redentor” en el número 3. La misión, de hecho, es el “primer servicio, que la Iglesia puede prestar a cada hombre y a la humani­dad entera” (RM 2). Ni la promoción humana, ni el diálogo interreligioso, por muy necesarios y recomendables que sean, podrían reemplazar la tarea misionera de la Iglesia. Esa tarea consiste sustancialmente en anunciar a todos que Cristo, muerto y resucitado, es el único salvador. Lo dijo San Pedro: “No se nos ha dado en la tierra otro nombre, fuera del nombre de Jesús en el cual podamos alcanzar la salvación” (Hch 4,12).

Dios se vale de toda forma religiosa para disponer a la gente y orientarla hacia la salvación. Esta se nos da sola­mente en Cristo. Los Mayas y otros grupos étnicos de la región eran creyentes, por cierto. Su forma de relacionarse con Dios, fue ciertamente inspirada por Dios, pero apuntaba hacia la plenitud. Esa plenitud se nos da solamente en Cristo.

3. Misión ad gentes: compromiso de todos

Una sola es la misión de la Iglesia: anunciar a Cris­to. Es verdad que todas las actividades apostólicas, como: el cuidado pastoral de los fieles, la nueva evangelización o reevangelización de los no practicantes forma parte de la única misión de la Iglesia; pero también es verdad que existe una específica actividad misionera, la “misión ad gen­tes”, que no se puede olvidar, ni confundir, ni descuidar.

La Iglesia es “sacramento de Cristo”, es decir, es sig­no e instrumento eficaz, que, a la vez que expresa, comu­nica el amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús. Una rosa ofrecida a una persona, en un momento particular, en el día del cariño, por ejemplo, es signo de amor; indica el cariño y el aprecio que se le tiene, aunque no dé el amor.

El sacramento confiere lo que significa. Para cumplir la misión, que le confiara el Padre, Jesús se valió del “Cuer­po” que le formó el Espíritu en el seno de María. Hoy se vale del nuevo “Cuerpo” que le forma el Espíritu en el seno de la humanidad, destinada a convertirse en familia de Dios: la Iglesia.

La Iglesia es “sacramento” de “la unión de los hu­manos con Dios y de los humanos entre sí”. La Iglesia es comunión con Dios y con nuestros semejantes. La misión crea la comunión y la comunión fecunda la misión.

4. Nosotros somos Iglesia

Nos proponemos hablar de la misión de la Iglesia a nuestros hermanos y hermanas en la fe, para animarnos mutuamente en el cumplimiento de la tarea que Jesús nos ha confiado. Nosotros, que, de algún modo, sin mérito nuestro, conocemos a Jesús, queremos animamos y ayudarnos para que los que no lo conocen, lleguen a conocerlo y sean par­te de la Iglesia viva de Jesús.

Jesús es enviado al mundo para que “una a Israel” y sea “luz de todas las naciones” (Cfr Is 49,6). Él ha venido para iluminar a todos. Nosotros, habiendo recibido a Jesús, “somos la luz del mundo y la sal de la tierra” (Mt 5,13 -14). Nos corresponde irradiar esa luz y dar sabor al mundo.

Hemos de actuar en nuestro mundo como faros que ilumi­nan y orientan, a los que andan en la oscuridad y buscan el puerto de la salvación ¿Qué distingue una casita iluminada de un faro? El hecho de irradiar, difundir y proyectar lejos la luz. No podemos conformamos con ser casitas ilumi­nadas, sino que hemos de anhelar convertimos en faros, que iluminan, nosotros debemos ser los faros que la difunden.

5. Los destinatarios de la misión

La Iglesia es enviada a las “gentes”, es decir, a los “otros”, a los que no conocen o reconocen a Cristo como a su único Señor y Salvador. San Marcos tiene una expresión muy bonita y significativa: son “los de la otra orilla”, los que no creen. Jesús les dice a los apóstoles: “Pasemos a la otra orilla” (Mc 4,35). Esta invitación de Jesús a los suyos es eco de lo que Dios manifestara por boca de Isaías: ‘‘Ensancha el espacio de tu tienda” (Is 54,2). Dios nos advierte: no te limites a los que están en el redil; mira a los muchos que están afuera y ve, confiado, hacia ellos. ¿Quiénes son los de la otra orilla? La expresión tomada en sentido:

  • geográfico: indica a los de otros países, regiones, conti­nentes
  • cultural: señala a los que tienen otro modo de pensar, de ser religioso: a los de otra religión: budistas, hinduistas, musulmanes…
  • sociológico: al mundo de los pobres, de los desposeí­dos, de los que no tienen voz, a los marginados y exclui­dos.
  • Indica también los medios de comunicación.
  • Indica el mundo de la ciencia, de la política, de la tec­nología

6. Las tareas específicas de la misión

La tarea de dar el primer anuncio a los que no cono­cen a Cristo, tiene una función central e insustituible en la misión de la Iglesia. Nos proponemos, por lo tanto, hablar:

  • de la misión, de sus contenidos y de su historia
  • de los que la realizan, de los misioneros de ayer y de hoy
  • de la espiritualidad misionera

Les compartimos a modo de reflexión, estas palabras del Padre José Moschetta mccj, quien nos comparte y nos descubre la Misión de San Daniel Comboni, pues siempre luchó para que toda la Iglesia se involucrara con África. En medio de las dificultades veamos en nuestro canal de youtube cómo el Señor nos abre la esperanza para que la misión se abra camino en medio del mundo.

Cuestionario para profundizar

  1. Explica con tus palabras qué es la Misión
  2. ¿Cuál es el proyecto de Dios para con la humanidad?
  3. ¿Cuáles pasos importantes ha dado Dios para realizar su plan?
  4. A la Iglesia se le ha confiado una tarea por realizar ¿Cuál es?
  5. ¿Quiénes son los de la otra orilla, las gentes?

Puedes compartir tus inquietudes directamente con el Padre Piu, al correo electrónico: juanmapiu52@hotmail.com

También puede escribirnos a nuestro correo: info@combonipca.org

Háganos saber sus comentarios en nuestras redes sociales de la Provincia, tanto de Facebook como de Youtube.

Un comentario

  1. Ingrid Santisteban

    Felicitaciones por esta iniciativa, nos alegra mucho saber que el Padre Piu continua con su Misión Evangelizadora utilizando ahora estos medios digitales y llegando a muchas personas. Que Dios lo siga bendiciendo abundantemente. Le recordamos con cariño.

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