¡Es posible amar!

Reflexión Dominical

V Domingo de Pascua

Ciclo C, Evangelio según san Juan 13, 31-35

Domingo 19 de mayo, 2019

En esa liturgia es la palabra « nuevo » que resuena varias veces (en la II Lectura y en el Evangelio). Palabra que abre el espíritu a la espera, a la sorpresa, a la esperanza y al sueño de algo bello y diferente. Todos necesitamos de esa “novedad” que nos viene del Señor. Novedad que nos reanima cuando, como Jesús, tenemos que pasar por el camino obscuro de la pasión y de la cruz, el camino áspero, pedregoso y espinoso de la prueba (He. 14).

El amor de Dios nos invita a amar a los demás.

Pasaje necesario para ser discípulo de Jesús: “Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas” (Lc 27, 28-29), solamente así “vuestra tristeza se cambiará en gozo que nadie podrá robaros”. Las palabras de Jesús en su Última Cena nos dicen que su presencia y nuestra fe logran quebrar el hielo de la desesperación.

Todo hombre y toda mujer lleva en su corazón y en su historia lágrimas, lutos, lamentos, afán del vivir y miedo de la muerte. Pero sabemos que un día (Ap. 21, 1-5) Dios hará nuevas todas las cosas y que, en la comunión con El, habrá gozo lleno. Proyecto de Dios al cual el creyente colabora en la esperanza, a pesar de los que le ponen obstáculos y lo consideran un pobre iluso.  Es la ley de la semilla que tiene que morir para dar frutos.

¡Cuánta muerte, cuántos lutos y lamentaciones hay todavía en el mundo por no estar con Jesús! Con Jesús, podremos levantar la voz contra el escándalo de tantas injusticias y prevaricaciones en el mundo; no podremos quedarnos indiferentes, esclavos únicamente de nuestros problemas personales o nacionales; con Jesús actuaremos por la construcción de un mundo diferente, afín que el mal no domine más el mundo. Y eso lo lograremos con el amor.

“Amaos unos a otros como yo os he amado”. La proximidad al Resucitado nos toca y nos transfigura: el cielo y la tierra nueva inician cuando empezamos a amarnos como el Señor nos ha amado.

“Lo que permitirá descubrir que una comunidad que se dice cristiana es realmente de Jesús, no será la confesión de una doctrina, ni la observancia de unos ritos, ni el cumplimiento de una disciplina, sino el amor vivido con el espíritu de Jesús…” (Pagola) que ha amado a sus discípulos como a amigos. “Y entre amigos se cuida la igualdad, la cercanía y el apoyo mutuo. Nadie esta’ por encima de nadie. Ningún amigo es señor de sus amigos” (Pagola 2019).

Amar: es la luz y fuerza del discípulo de Jesús. Es posible amar porque el Señor me ha amado primero y yo me dejo amar por El. El amor cristiano es, antes de todo, un amor recibido, acogido. Como cántaro que se llena hasta el tope y pues se desborda, se hace manantial.

Una joven mujer que conocí en Paris (Francia) y que acompañé espiritualmente en los primeros años de su conversión, y con la cual después siempre estuvimos en contacto, escribía: “He descubierto algo extraño: cuando ayudo a alguien a encontrar la luz, cuando me pongo a servicio y hago al otro feliz, es como si la luz se abriera no solamente para el otro, sino verdaderamente para nosotros dos (ella y su mamá). De semana en semana, de mes en mes, cada vela que he encendido para uno u otro amigo, para uno u otro pobre, ha hecho de mi infierno un espacio habitable…”.

Amar: palabra abusada muchas veces y reducida a eros y sexo, pero signo inequívoco de vida cuando se ama a los hermanos. “Amaos unos a otros”: en el donar y recibir amor, en la reciprocidad, se mide la beatitud de la vida. Y los “otros” son todos, pues todos necesitan del amor del “otro”. Como decía Jacques Maritain, el gran filósofo francés: “Todos necesitamos de mucho amor para vivir bien”.

No hay adjetivo a calificar quien merece mi amor y quien no: justos o injustos, ricos o pobres, prójimos o lejanos, católicos o no. El “otro” es el hombre, cada hombre. El “otro” son todos los que no conocen a Jesús, para “abrir a los paganos la puerta de la fe” con el anuncio del Evangelio.  “La misión de Pablo y Bernabé es un ejemplo de esta disponibilidad eclesial. Enviados por el Espíritu Santo desde la comunidad de Antioquía a una misión (Hech.13, 1.4), volvieron a la comunidad y compartieron lo que el Señor había realizado por medio de ellos (Hech 14,27). Los misioneros están acompañados y sostenidos por la comunidad cristiana” (Papa Francisco JMV 2016).

La Iglesia y el mundo necesitan de jóvenes que se entreguen totalmente a ser apóstoles de Jesús. “La juventud hay que ponerla en juego por los grandes ideales. ¡Pregúntale a Jesús que quiere de ti y sé valiente! Detrás y antes de cada vocación… está siempre la oración fuerte e intensa de alguien. Por eso Jesús ha dicho: rueguen al dueño de la mies para que envíe obreros a su mies. Las vocaciones nacen en la oración; y solo en la oración pueden perseverar y dar fruto” (Papa Francisco, Ángelus del 21.04.13)

La “novedad” del mandamiento de Jesús está en el “como yo os he amado”. Es decir con la misma calidad de amor con el cual Jesús nos ha amado, con su estilo, a su manera. Ya no basta el amor al prójimo “como a sí mismo”, según la enseñanza del Antiguo Testamento (Lev 19,18) y del mismo Jesús en otro pasaje (Mt 22, 39); ahora se trata de amar con la misma totalidad de donación del Cristo, como el comboniano padre Ezequiel Ramin, mártir en Brasil, a solo 32 años, por amor.

En un mundo marcado por el interés y el placer egoísta, por la indiferencia y la discriminación, por la búsqueda del éxito personal a toda costa, Jesús nos propone otra vez hoy la “utopía” del amor. El amor fraterno es la novedad de la vida de Dios que irrumpe en nuestro viejo mundo, regenerándolo. Es la anticipación de la vida futura a la cual anhelamos.

“El amor es donarlo todo… vivir de amor es alejar todo miedo, es navegar sin parar, sembrando la paz y el gozo en todos los corazones” (Santa Teresa del Niño Jesús).

Pueda esa Eucaristía, memorial del amor de Cristo, ayudarnos a vivir como El, a amar como El, sin exclusión, sin seleccionar, a todos nuestros hermanos, totalmente (Jn 13,1). Amando a los hermanos, devolvemos a Jesús su amor, le damos gracias.  Reunidos en torno al Evangelio de Jesús resucitado iremos aprendiendo a vivir como él.

Amén.

Padre Franco Noventa, mccj

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